Domingo 17 de septiembre de 2006

VIGÉSIMO CUARTO DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO.
Propio 19

Primera lectura: Isaías 50, 5-10
Salmo responsorial: 116: 1-8
Segunda lectura: Santiago 3: 1-12

 

 

EVANGELIO
Marcos 8, 27-35

27 Salió Jesús con sus discípulos para las aldeas de Cesárea de Filipo. En el camino les hizo esta pregunta:  -¿Quién dice la gente que soy yo?  28 Ellos le contestaron:  -Juan Bautista; otros, Elías; otros, en cambio, uno de los profetas.  29 Entonces él les preguntó:

-Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?  Intervino Pedro y le dijo:  -Tú eres el Mesías.

3 0Pero él les conminó a que no lo dijeran a nadie.  31 Empezó a enseñarles que el Hombre tenía que padecer mucho, ser rechazado por los senadores, los sumos sacerdotes y los letrados, sufrir la muerte y, a los tres días, resucitar.  32 Y exponía el mensaje abiertamente. Entonces Pedro lo tomó consigo y empezó a increparlo. 33 El se volvió y, de cara a sus discípulos, increpó a Pedro diciéndole:  -¡Quítate de mi vista, Satanás!, porque tu idea no es la de Dios, sino la humana.

34 Convocando a la multitud con sus discípulos, les dijo:  -Si uno quiere venirse conmigo, que reniegue de sí mismo, que cargue con su cruz y entonces me siga; 3porque el que quiera poner a salvo su vida, la perderá; en cambio, el   que pierda su vida por causa mía y de la buena noticia, la pondrá a salvo.

 

 

VERGÜENZA

Este episodio ubica nuevamente a Jesús de Nazaret y a sus discípulos en tierras paganas, donde pueden hablar más libremente que en los espacios ortodoxos, dominados por una perspectiva teológica tradicional. Indudablemente los discípulos, a pesar del tiempo transcurrido y el intenso compartir con Jesús, están al mismo nivel de comprensión que tiene la multitud en general. Las raíces de una formación tradicional y los conceptos de acción que subyace detrás de esa formación hacen necesario un largo y sostenido proceso de educación.

En esta escena tenemos dos momentos significativos. El primero nos ubica en la perspectiva de la acción misionera de Jesús y aquello que todos los pueblos dicen con relación a su predicación y su acción. En general la opinión que se tiene de sus objetivos no difieren de lo tradicional, aún la respuesta de Pedro se encuadra en una idea nacionalista de Mesías y de una liberación para dominar y oprimir a otros pueblos. Esa idea de Mesías es la que Jesús pide callar porque no coincide con su proyecto de apertura universal e incondicional. Siempre a los grupos religiosos le ha molestado y es una dificultad teológica la universalidad del llamado de Dios. En muchos momentos de la historia es necesario construir una estructura de pensamiento que divida a los seres humanos en positivos y negativos, en aquellos que son los nuestros y los que son los extraños. Jesús tiene un proyecto realmente inclusivo donde nadie queda excluido o excluida.

Es significativo que pide a Pedro callar su comprensión nacionalista y estrecha de Mesías y reemplaza esa imagen por la de “Hijo de hombre”, es decir, un título relacionado con toda la humanidad. El Hijo de Dios se hace ser humano para que todos los seres humanos puedan ser hijos e hijas de Dios. Ese es el mensaje central que aquellos y aquellas que trabajos en el contexto del vih y del sida y en diálogo con todos los grupos vulnerables tenemos como central en nuestro anuncio. Esta es la identidad y la fuerza que nos mueve en nuestra acción que sobrepasa la compasión y se ubica en la perspectiva de comunión en dignidad y diversidad.

Es sorprendente la sordera y la falta de entendimiento de los discípulos frente a la pregunta de Jesús. No basta afirmar que Jesús es el mesias en una perspectiva estrecha sino que es necesario pararnos en la afirmación de Jesús para todos las personas y en especial para aquellos que son vulnerables y heridos en el ejercicio de sus derechos humanos y sus derechos evangélicos. Nadie tiene que pedir permiso para pertenecer a la nueva comunidad del Reino porque todos y todas, aún sin saberlo, pertenecen por derecho evangélico a ese nuevo espacio de liberación y de recreación de la dignidad de todos y todas.

El segundo momento, luego de haber establecido firmemente su comprensión integral, universal e inclusiva de la llamado, aparece la perspectiva de la cruz. El camino de la cruz ha sido y sigue siendo una piedra de tropiezo y es necesario que continúe siendo un escándalo aún hoy para todas y todos nosotros. Jesús muere por desafiar a lo ‘mejor’ de la sociedad de su tiempo. No serán los grupos vulnerables ni los excluidos aquellos y aquellas que le empujaran a la cruz sino que serán las autoridades legítimamente establecidas tanto en el espacio civil como religioso. Son aquellos y aquellas que ejercen el poder los que llevarán a Jesús a la cruz y esa cruz tiene que mantener su naturaleza desafiante frente al ejercicio de todos los poderes. Jesús no justifica su ejercicio del poder, de un poder que clasifica a los seres humanos para dividir y oprimir. El proyecto de Jesús de Nazaret pone en peligro ese poder, que de acuerdo a pautas políticas y religiosas humanas, es legítimamente establecido. La cruz muestra ese costado de ilegitimidad cuando el poder cierra puertas al goce pleno de la vida y de la comunión. Existe una evidente tensión entre el proyecto fundamentalista de los fariseos y aquellos se llaman doctores de la ley y el proyecto universal de plena inclusividad de impuros, paganos, excluidos, sospechosos de heterodoxias varias.

En ese contexto de desafío y nueva propuesta la cruz y la muerte dejan de ser signo de muerte para transformarse en signos de un amor que construye un nuevo espacio de solidaridad y justicia. La cruz mantiene su significado original cuando continua siendo un desafío a las estructuras que oprimen y excluyen, un desafío para aquellos y aquellas que no pueden romper sus silencios y tienen miedo de nombrar a cada uno de los grupos vulnerables al vih y al sida. El silencio es muerte mientras que la cruz y la muerte en la cruz, con todo su escándalo, es vida porque es comunión con los grupos vulnerables y heridos en sus derechos humanos y evangélicos. Cuanto más cerca está la cruz de la justicia y la verdad se transforma en más potente signo de vida.

Pedro encarna a todos aquellos y aquellas que la cruz continua siendo una paradoja. La teología de la cruz nos llama a aceptar, vivir y encarnar esa acción paradójica de Dios que llega a su plenitud en la cruz y en la resurrección que confirma la cruz.  Esa cruz es el signo supremo de ruptura con las estructuras y los sistemas que organizan a los seres humanos de forma injusta. Para construir ese mundo solidario y posible nos enfrentamos con la radicalidad de la ruptura con el sistema. No podemos entrar en negociaciones ni ser meros reformistas del sistema. Esa posición intermedia es satánica y Satanás no es enemigo de Dios sino que es el acusador de nuestras propias debilidades y traiciones al proyecto de plenitud inclusiva del Reino.

Aquellos y aquellas que trabajamos en el contexto de la epidemia del vih y del sida y que queremos una iglesia y una sociedad más inclusiva, en obediencia al derecho evangélico, tenemos que tener en claro que el camino hacia ese nuevo espacio pasa necesariamente por la cruz. No hay diplomacia posible y por ello tenemos que tener en mente que cuanto más radical sea nuestro compromiso con las personas y los grupos vulnerables, el precio que tendremos que pagar pasa por la entrega de nuestra propia dignidad, honor, reconocimiento, dudas y aún la propia vida.

Estamos comprometidos en esta tarea, no porque vivamos nosotros mismos con vih o con sida, sino porque nuestra entrega nace de una comprensión de la universalidad del llamado de Jesús de Nazaret y porque nuestra perspectiva sobre los derechos humanos de todas las personas es una prioridad absoluta que no podemos negociar. No es el virus el que nos convoca ni preocupa. Nos convoca la dignidad de las personas y nuestra propia dignidad, porque en tanto haya una sola persona estigmatizado a excluida, nosotros y nosotras, como cuerpo del crucificado continuaremos siendo signos escandaloso del crucificado.

La cruz vivida por la comunidad de fe se despoja, en el plano social de todo signo de poder, prestigio y esplendor para ubicarse al lado y en medio de aquellos que han sido despojado de todo poder, prestigio y esplendor. Ese es el paradójico significado de asumir la cruz. Una cruz que siempre cuestiona al sistema y es una voz y una acción alternativa que se llama Reino de Dios.

Para la revisión de vida

 Hay preguntas y hay silencios que son decisivas en la vida de todas las personas y de todas la comunidades; incluso no darles una respuesta clara y consciente es ya una manera de responder a esas preguntas. Una de ellas es la que Jesús hizo en una ocasión a los suyos y, a través de ellos, a toda la humanidad, incluidos nosotros.

  • ¿Quién es Jesús para mí y para nosotros y nosotras? El riesgo es dar una respuesta teórica sin compromiso de vida.
  • ¿Cuál es el escándalo de la cruz y de Jesús de Nazaret en mi tarea pastoral de acompañamiento a las personas que viven con vih y con sida?

 

Para la reunión de grupo

Muchas veces hemos entrado en la discusión de si lo importante es la fe o son las obras. ¿No sería mejor ser consciente de que son las dos caras de una misma moneda, que si bien es cierto que es la fe la que nos salva, como dice san Pablo, también es cierto que una fe sin obras significa que no hay realmente fe?

Después de casi 500 años de separación y enfrentamiento hasta la excomunión y el cisma, las Iglesias Católica y Luteranas han acordado una interpretación conjunta por la que ambas opiniones son conciliables y las dos son verdaderas... ¿Qué reflexiones nos plantea este hecho histórico, que incluye tantos enfrentamientos, condenas, separación...?

Para la oración de los fieles

  • Por la Iglesia, para que anuncie de palabra y, sobre todo, con las obras, que Jesús en la cruz y en la resurrección es el único paradigma y modelo. Oremos en paz al Señor crucificado.
  • Por todas y todos los cristianos, para que seamos fieles a la llamada que hemos recibido del Padre, y tengamos siempre el valor de asumir el escándalo de la cruz que sobrepasa en su inclusividad todo lo que podemos pensar.  Oremos en paz al Señor crucificado.
  • Por todos nosotros y nosotras, para que nuestro seguimiento de Jesús sea el fruto de una decisión personal, libre y responsable en la perspectiva de su cruz. Oremos en paz al Señor Crucificado.
  • Por todas y todos los que sufren estigma, discriminación, incomprensiones, persecución y calumnias a causa del evangelio y su compromiso con las personas y los grupos vulnerables al vih, para que se mantengan fieles en su misión y en su amor a todos y todas. Oremos en paz al Señor crucificado.
  • Por esta comunidad y este equipo pastoral nuestro, para que sepa ver y valorar siempre la vida y la historia, las personas y las cosas con los ojos de Dios. Oremos en paz al Señor crucificado.

 

Oración comunitaria

            Escucha, Dios crucificado en todas las exclusiones y en todos los estigmas, nuestra oración, abre nuestros oídos para que sepamos escuchar siempre las continuas llamadas a la Justicia que Tú nos haces por medio de los excluidos y oprimidos; abre nuestros ojos para que sepamos ver la miseria y la injusticia de nuestro mundo y de nuestra iglesia, que nosotras y nosotros tenemos que transformar en dignidad y esperanza; abre nuestros corazones para que sepamos ver a todas las personas como a tus hijos e hijas, nuestros hermanos y hermanas. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro modelo y victoria.

 

Lisandro Orlov
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