Domingo 26 de julio 2009

Ciclo B. Décimo Séptimo Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio: Juan 6, 1-21

(Leccionario Común Revisado)

Primera Lectura: 2º Reyes 4, 42-44

Salmo Responsorial: Salmo 145, 10-19

Segunda Lectura: Efesios 3, 14-21

 

 

EVANGELIO Juan 6,1-21

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

En aquel tiempo, Jesús atravesó el mar de Galilea, llamado Tiberíades. Lo seguía una gran multitud, al ver los signos que hacía curando a los enfermos. Jesús subió a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos. Al levantar los ojos, Jesús vio que una gran multitud acudía a él y dijo a Felipe: "¿Dónde compraremos pan para darles de comer?". El decía esto para ponerlo a prueba, porque sabía bien lo que iba a hacer. Felipe le respondió: "Doscientos denarios no bastarían para que cada uno pudiera comer un pedazo de pan". Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: “Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos pescados, pero ¿qué es esto para tanta gente?". Jesús le respondió: "Háganlos sentar". Había mucho pasto en ese lugar. Todos se sentaron y eran uno cinco mil hombres. Jesús tomó los panes, dio gracias y los distribuyó a los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, dándoles todo lo que quisieron. Cuando todos quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: "Recojan los pedazos que sobran, para que no se pierda nada". Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos que sobraron de los cinco panes de cebada. Al ver el signo que Jesús acababa de hacer, la gente decía: "Este es, verdaderamente, el Profeta que debe venir al mundo". Jesús, sabiendo que querían apoderarse de él para hacerlo rey, se retiró otra vez solo a la montaña.

Al atardecer, sus discípulos bajaron a la orilla del mar y se embarcaron, para dirigirse a Cafarnaún, que está en la otra orilla. Ya era de noche y Jesús aún no se había reunido con ellos. El mar estaba agitado, porque soplaba un fuerte viento. Cuando habían remado unos cinco kilómetros, vieron a Jesús acercarse a la barca caminando sobre el agua, y tuvieron miedo. El les dijo: "Soy yo, no teman". Ellos quisieron subirlo a la barca, pero esta tocó tierra en seguida en el lugar adonde iban.

El Evangelio del Señor.

 

DIME CON QUIÉN ANDAS Y TE DIRÉ QUIÉN ERES

Siempre es interesante considerar los movimientos y desplazamientos geográficos de Jesús de Nazaret que nos van revelando una geografía teológica. Cada una de sus palabras, acciones y gestos adquieren diferente significación y perspectiva en relación al espacio social, humano, cultural o religioso en el cual se producen y sobre el cual impactan. Actualmente ocurre exactamente lo mismo. Cada una de nuestras acciones y compromisos pastorales adquieren matices y significaciones diferentes dependiendo con quién nos unimos y desde que espacio social construimos nuestra lectura de las Escrituras, la comprensión del Evangelio y la consecuente acción pastoral.

Las multitudes muchas veces se movilizan por motivos no siempre muy santos. Con una clara ideología patriarcal se cuentan solamente a los cinco mil varones haciendo invisibles a todos los grupos vulnerables: mujeres, niños y niñas, es decir, a todos los ciudadanos de segunda. Cuando hablamos del vih muchas veces hacemos casi exactamente lo mismo. Solamente estamos, como grupos religiosos, dispuestos a nombrar y enumerar a mujeres, niños y niñas, haciendo invisibles a todos los otros grupos vulnerables. Los actores han cambiado pero la mentalidad es la misma.

Esta multitud, que algunos tomarían como un termómetro marcador del éxito de la predicación de Jesús, se moviliza en busca de signos, es decir, desde una fe sumamente superficial. Jesús de Nazaret no quiere que nadie se mueva por motivos tan egoístas y limitados. Milagros y prodigios que no cambian estructuras ni mentalidades. No quiere el “pan y circo” de los poderosos, el simple asistencialismo que no amenaza sistemas de opresión social o teológico.

Frente a esa multitud confundida Jesús de Nazaret se aleja, sube a una montaña y quiere aprovechar la oportunidad para vacunar a sus discípulos para que no caigan en la tentación de también buscar primeramente los milagros y luego, muy luego, la justicia. Asume la posición de todo maestro que va a dar una lección: se sienta. El cuerpo siempre habla en el silencio de los gestos. Ubicado en el lado que podríamos llamar de Jerusalén, es decir de las ortodoxias, comienza a construir sus desafíos y escándalos. Toda la escena será como una contrafigura de la Pascua que se celebra en Jerusalén. Ya se habla de las Pascua de ellos, los que tienen poder frente a la Pascua de las y los que tienen hambre. Dos Pascuas, dos éxodos y dos formas muy diferentes de celebrar.

La multitud quiere pan y espectáculo. Le sigue por el espectáculo que no amenaza estructuras injustas ni obliga a realizar cambios mentales en cada uno de los discípulos. Solamente quieren ser espectadores pero no protagonistas de los cambios que demanda el Reino. Espectáculo sin conversión. Espectáculo sin Reino.

A la pregunta didáctica de Jesús de Nazaret: "¿Dónde compraremos pan para darles de comer?" en la que el dónde siempre indica la acción creadora y sustentadora del Aquel que le ha enviado, se responde en forma muy terrenal. Este diálogo nos revela dos espacios mentales. Uno afirma la voluntad de Aquel que se hace pan para todos y todas, para buenos y malos, para puros e impuros y un espacio mental que piensa en las leyes de mercado con las que no se puede dar de comer a todos, varones, mujeres, niños y niñas.

Me sorprendió en una puerta lateral de la catedral nacional de Washington ver por primera y única vez la representación de este niño que aporta los cinco panes de cebada, es decir, pan de los pobres y dos pescados. Acostumbrado a ver siempre la representación de obispos, arzobispos, abades, monjes y monjas diversas, me asombro encontrar que en esa puerta, por supuesto lateral, me esperaba la representación en ese lugar y en esa ciudad, de ese niño anónimo que representa a todas las personas y grupos vulnerables a todos los sistemas de opresión y exclusión. Seguramente si miramos mas detenidamente y con atención hacia esos márgenes de nuestras iglesias y sociedades, posiblemente encontremos respuestas creativas y sorprendentes.

A diferencia de la Pascua que celebran los que no quieren mucho a Jesús de Nazaret, esta nueva Pascua no se celebra de prisa ni de pie sino que todas y todos se sientan. Ya no tendremos el pan de la amargura y de la abstinencia sino que tendremos pan en maravillosa abundancia. Ese pan y esos pescados ya no son distribuidos por las y los discípulos sino que es Jesús de Nazaret que se mueve en medio de toda la multitud repartiendo con sus manos el pan de la nueva y diferente Pascua. En el espacio del Reino todo es abundancia, justicia, equidad y solidaridad. Ya no se celebra en espacios familiares separados sino que todas y todos forman una única y nueva familia.

Pero no todo es tan idílico. Así como hay un evidente choque con las ortodoxias refugiadas en Jerusalén, esta multitud continúa pensando de acuerdo al antiguo régimen. Hay un reconocimiento egoísta. Porque me dio de comer a mi, a mi estomago, ahora le reconozco como profeta y le quiero hacer rey. Jesús de Nazaret, horrorizado por esta muestra de idolatría, se refugia en la montaña para estar más cerca de Aquel que le ha enviado para lograr que el Reino esté al alcance de nuestras manos. No podemos conformarnos con simplemente pan, es necesario cambiar las estructuras y los sistemas que impiden que todas y todos tengan el pan, la justicia y la equidad cotidiana que se merecen como hijos e hijas del mismo creador.

En el contexto de la epidemia del vih y el sida no nos podemos contentar con simplemente reclamar el acceso universal a la prevención y a los tratamientos de quienes viven con vih. El enemigo muy bien puede llegar a concedernos esa exigencia para no cambiar sistema y estructuras. No nos podemos conformar solamente con el pan porque habremos transformado al pan en un nuevo ídolo que nos impide ver más profundamente. Es el sistema y son las estructuras las que deben ser transformadas, curadas y redimidas como para que nunca nadie más tenga que reclamar por el acceso universal a la prevención, tratamientos y cuidados que todas y todos merecen. ¡Seamos realistas, pidamos lo imposible! No nos conformemos con otro signo que no sea el signo del Reino en medio de todas y todos nosotros.

Frente a esta multitud que se conforma y limita sus aspiraciones al pan cotidiano, la estructura del Padrenuestro nos ubica en la correcta sucesión del proceso que nos lleva a pedir aquello que es verdaderamente necesario. En primer lugar queremos que el nombre y los muchos nombres del radicalmente misericordioso sean puestos en el centro de nuestra petición y acción. No necesitamos reyes ni gobernantes que nos prometan aquello que muy pocos veces cumplen. Tenemos otra fuente de promesa y cumplimiento que nos mueve a actuar. Ese nombre nos lleva a pedir que las estructuras solidarias, de justicia y misericordia, se establezcan e irrumpan en medio de las estructuras de todas las opresiones. Queremos que se haga la voluntad de Aquel que viene con el nuevo Reino y que nos advierte que ese reino no pertenece a estas estructuras de injusticia sino que pertenecen al mundo de la equidad y la solidaridad. En ese proceso y como consecuencia de toda una perspectiva amplia y generosa, el pan cotidiano, la necesidades presentas adquieren otra perspectiva y nuestras oraciones se llenan de otros contenidos. Ya no son nuestras pequeñas y limitadas necesidades, el centro de nuestra intercesión. Nuestras oraciones se transforman y cambian de contenido porque miramos al Cristo cósmico en el cual todas y todos son alimentados en la plenitud de todas las dignidades.

Pero nuestra secuencia de intercesión para la acción no culmina con el pan sino que continua con el pedido de perdón que facilita todos los perdones. Un pedido de perdón que cubre nuestros pasados y nos abren a la esperanza y posibilidad de un presente y un futuro renovados. Ese reconocimiento de necesitar ser perdonados por nuestras expectativas centradas en falsos ídolos, y en el tentador signo del pan y el circo, nos permite superarnos para llegar a tener mirada y acciones de Reino. Esa mirada renovada es la que nos evitará caer en las tentaciones facilistas que nos llevan a conformarnos con poco cuando podemos tener todos y todas, la plenitud.

La escena culmina con nuevamente un ir y venir de Jesús de Nazaret, discípulos y discípulas, y multitud. La noche aún les cubre a todos y todas. La luz de Cristo aún no les ilumina y en medio de esas tinieblas tenemos una teofanía, una aparición de la divinidad refugiada en Jesús de Nazaret. Pero al igual que las Pascuas ya son diferentes, también las apariciones de Dios son diferentes. Basta con el miedo a la presencia del que quiere revelarse en las vulnerabilidades. Aquel que es el que es no quiere nuestro temor sino nuestro amor, por eso toma la iniciativa de amarnos a buenos y a malos, porque seguramente entre los cinco mil varones sin contar a las mujeres, las y los niños, había una diversidad de personas, identidades y valores, pero todas y todos fueron alimentados con el pan de la renovación, santificación y reconciliación.

Al igual que la multitud quiso manipular a Jesús de Nazaret y obligarlo a ser rey, los discípulos también quieren manipularle pero Él siempre va más allá de las limitaciones y fronteras en la que queremos encerrarlo. Tenemos un Dios rebelde, independiente, autónomo, libre que siempre camina mucho más rápido y más allá de lo que estamos dispuestos a aceptar. No nos permitió ni nos permite que lo manipulemos. Su inclusividad aún continua siendo inesperada, sorprendente y radicalmente escandalosa.

Para la oración de las y los fieles

Junto a todo el pueblo de Dios, en Jesucristo, oramos para que tu nombre sea siempre santificado, tanto en nuestra vida comunitaria como persona y que tu voluntad sea hecha aquí en la tierra para que cada día sea más parecido al cielo prometido.

Se hace un breve silencio.

Hacedor de toda justicia, enséñanos a no caer en la tentación de construirnos ídolos que no nos permitan ver las necesidades de quienes han sido hechos vulnerables por los sistemas de exclusión. Inspira a tu iglesia a no tener miedo a tus revelaciones y comuniones, de forma tal que todas y todos podamos alimentarnos con el sueño de un mundo posible donde tú nos alimentas con tus propias manos. Que todas tus obras te den gracias, Señor, y tus fieles te bendigan.

Espíritu de toda la vida que se mueve en la diversidad de tu creación. Infunde en toda la tierra la novedad de tu Reino, especialmente entre quienes hay temor y miedo a ser olvidados o ignorados. Que anunciemos la gloria de tu Reino y proclamemos tu poder.

Tú eres la promesa de justicia y paz. Concédenos el comprendernos unos a otros de forma que el diálogo sustituya toda violencia y que todas y todos seamos transformados en instrumentos de esa paz que aleja el estigma, la discriminación y el prejuicio. El Señor es fiel en todas sus palabras y bondadoso en todas sus acciones.

Aquí se pueden incluir otras intercesiones

Te damos gracias por el testimonio y vida de quienes no han tenido miedo de celebrar la fiesta de la comunión incondicional e inclusiva de la liberación de toda esclavitud para que podamos servir a nuestros hermanos y hermanas sin la tentación de sentirnos dueños de sus vidas y sin la tentación de querer manipularlos para nuestra gloria. El Señor sostiene a quienes caen y endereza a quienes están encorvados.

Sabemos que tú nos amas aún antes de que nuestros labios pronuncien tu nombre y que siempre estás cerca cuando clamamos por mayor justicia, equidad y solidaridad. Nos refugiamos entre tus manos que siempre nos revelan nuevos e inesperados caminos y nos concedes la fortaleza que hecha fuera todo temor. Los ojos de todas y todos esperan en ti, y tú les das la comida a su tiempo. Amén.

Oración comunitaria

Tú eres el Pan de Vida de todos y todas y tus oídos siempre están atentos a las necesidades de tus hijos e hijas. Abre nuestros corazones y nuestras mentes a las exigencias de tu Reino, a fin de que podamos vivir en armonía, equidad y justicia haciendo que tu voluntad se cumpla aquí, ahora y siempre. Envía los dones de tu Espíritu para que seamos siempre alimentados y alimentadas por el Pan del Cielo. Te lo pedimos por Jesús de Nazaret, tu Cristo, nuestro hermano, camino y luz. Amén.

 

Pastor Lisandro Orlov
Pastoral Ecuménica VIH-SIDA
Buenos Aires. Argentina
Junio 2009