Domingo 19 de julio 2009

Ciclo B. Décimo Sexto Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio: Marcos 6, 30-34, 53-56

(Leccionario Común Revisado)

Primera Lectura: Jeremías 23, 1-6

Salmo Responsorial:Salmo 23

Segunda Lectura: Efesios 2, 11-22

 

 

EVANGELIO Marcos 6, 30-34, 53-56

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

Los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. El les dijo: "Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco". Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer. Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto. Al verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos.
Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato.
Después de atravesar el lago, llegaron a Genesaret y atracaron allí. Apenas desembarcaron, la gente reconoció en seguida a Jesús, y comenzaron a recorrer toda la región para llevar en camilla a los enfermos, hasta el lugar donde sabían que él estaba. En todas partes donde entraba, pueblos, ciudades y poblados, ponían a los enfermos en las plazas y le rogaban que los dejara tocar tan sólo los flecos de su manto, y los que lo tocaban quedaban curados. El Evangelio del Señor

El Evangelio del Señor.

 

SOBRE MANTOS Y BORDES

Al comenzar a reflexionar sobre estos dos textos propuestos para el día de hoy resulta sumamente difícil encontrar el mensaje de cruz y el escándalo evangélico. En una rápida y superficial lectura podemos llegar a tener la impresión que todo marcha sobre ruedas y que vamos de éxito en éxito. Siempre he sentido una cierta duda y temor cuando las multitudes acuden tan fácilmente a la escucha del anuncio del Reino de Dios. El mismo Jesús de Nazaret se admira cuando alguien quiere seguirle y le hace ver las dificultades, obstáculos y oposición que se deben enfrentar cuando se quiere vivir en plenitud el mensaje evangélico.

Las y los discípulos enviados regresan con mucho entusiasmo, con excesivo entusiasmo. Pareciera que el mensaje se hubiera podido reducir a un espectáculo o show de curaciones, milagros y maravillas. Siempre está latente la tentación de mostrarnos poderosos frente a los demás y hacer del Evangelio una demostración de prestidigitación. Pareciera que los lobos, entre los cuales ha enviado a sus discípulos se han transformado portentosamente en dóciles ovejitas. Las bienaventuranzas ya no encuentran resistencia y todo el mundo ha comprendido el mensaje. Aparentemente la reacción de Jesús de Nazaret no acompaña tal entusiasmo.

La primera recomendación ante tanto entusiasmo es invitarlos a trasladarse solos a un lugar desierto. Esta invitación puede tener un doble contenido. El más obvio, el de cuidar a los que cuidan. En general las comunidades de fe descuidan mucho este aspecto. El apostolado se ha transformado en mucho en una misión humanamente imposible y desgastante, sin espacios de gratificación. Cuanto más se sufre en el ministerio y cuanto más uno se agota, tanto mejor. Ese criterio no es indudablemente el de Jesús de Nazaret.

El segundo aspecto de la invitación puede ser más teológico y contiene una advertencia con relación a aquello que estaban enseñando los discípulos con ministerio apostólico. Es muy posible que al ver el gran éxito y las multitudes que van y que vienen, comenzó a sospechar que no se ha salido del espacio teológico del antiguo régimen y que se ha enseñado y hecho aquello que bajo esas condiciones se esperaban. Se les anuncio que esas expectativas de la implantación de un sistema que sustituye en beneficio propio al actual sistema opresivo son posibles. Siempre hay quienes no cuestionan los fundamentos del sistema injusto sino que simplemente quieren disfrutar los beneficios de ese sistema en provecho propio. Tanto éxito de los discípulos puede haberle hecho sospechar a Jesús de Nazaret que no todo iba bien encaminado.

Recordemos que los lugares desiertos han sido siempre considerados como el espacio en el cual se vivió el proyecto equitativo del Reino, como el lugar en el que las utopías eran aún posibles. Cada vez que iba a ocurrir algo importante Jesús buscaba este espacio que le permitiera recapitular, evaluar y proponer nuevas acciones. La radicalidad de las buenas nuevas anunciadas a todas aquellas personas y grupos que eran miradas con desden y sospecha por los sistemas políticos y religiosos no es compatible con todo este movimiento de multitudes.

Indudablemente Jesús de Nazaret comprende que esa multitud, que ya no busca el consuelo ni en Jerusalén, ni en el Templo ni en la sinagoga, es producto de aquellas posiciones rígidas que excluían a esas mismas multitudes ya sea por la opresión económica o por un opresivo sistema de criterios de pureza que hace que algunos y algunas se sientan superiores de otros y otras y que en definitiva se sientan dueños de templos, sinagogas y mensaje.

El lenguaje utilizado de ovejas sin pastor es de fuerte y primario contenido político. Aparece por primera vez en el lenguaje histórico luego del primer período intermedio caótico con el que termina el Imperio Antiguo en la cronología histórica de Egipto. Durante el Imperio Antiguo bastaba que el faraón fuera el hijo del sol para legitimar su autoridad. Luego del período de luchas civiles, ya no es suficiente que sea hijo de los dioses sino que debe cumplir con la tarea de cuidar al pueblo. Es como si hoy dijéramos que no es suficiente ser electo democráticamente si no se asume la tarea de velar por el bienestar del pueblo, en espacial, de las y los más vulnerables.

Esta preocupación de Jesús de Nazaret al contemplar al pueblo que ya no confía en el sistema político y religioso que tanto les ha defraudado, es una advertencia a esa clase dirigente que en lugar de sentirse servidores del pueblo de Dios se han adueñado del ejercicio del poder en beneficio propio. El anuncio del otro espacio político, el Reino de Dios, nos ofrece un paradigma que se enfrenta a todas las tentaciones con las que nos quieren encantar los pastores infieles. Sabemos que si no nos dejamos encantar han de utilizar otras herramientas y otros medios para domesticar el mensaje radical del Evangelio y el perturbador anuncio del Reino.

Muchas de las personas y grupos en situación de vulnerabilidad al vih o al sida y muchos otros grupos y personas convocan nuestra compasión porque aún hoy son abandonadas como ovejas sin pastores. Los argumentos políticos, sociales, económicos y religiosos para justificar esas ausencias, silencios, complicidades son diversos y complejos. La propuesta alternativa a esas justificaciones nos lleva a la radicalidad del anuncio evangélico que no puede ni quiere entrar en componendas que en definitiva nos llevarán a domesticar y someter el mismo núcleo del Evangelio. En esa radicalidad tenemos la cruz que seguramente muchos en esa multitud que va y que viene no estarán dispuestos a asumir.

El párrafo final del pasaje de hoy nos lleva a encontrar claves de interpretación. Las multitudes que aman el rostro amable del Evangelio continúan yendo y viniendo. Recordemos que los enfermos, por criterios teológicos equivocados, eran considerado ciudadanos políticos y religiosos de segunda. Llevaban a esos enfermos a las plazas porque al colocarlos allí esperaban que fueran a recibir el consuelo de quienes pasaran. Pero aquí tenemos una categoría de seguidores que me preocupa. Son quienes desean y quieren tocar en público los flecos del manto de Jesús de Nazaret con la esperanza de ser curados. Allí tenemos la multitud. Allí tenemos la teología de la gloria. Ninguno de ellos se va a atrever a tocar los flecos del borde del manto inconsútil que lleva Jesús en su crucifixión. Esa misma multitud ya se ha desencantado y rechaza acompañar hasta el final al proyecto de liberación de todas las opresiones. Los flecos del borde del manto de Jesús de Nazaret y nuestras manos presentes o ausentes definen nuestra teología.

Adoramos a un Jesús de Nazaret sin cruz. Nos encanta hablar de la resurrección porque nos hace olvidar que aún hoy y en diversas situaciones continuamos gritando “¡Crucifícalo! ¡Crucifícala! Nos avergonzamos de tocar los flecos del manto de impureza con que esta misma sociedad, iglesia y templos han cubierto a tantas personas. El gran milagro y la gran curación será cuando estemos dispuestos y dispuestas a tocar todos los mantos de dignidades heridas que nos revela el Evangelio.

Para la oración de las y los fieles

Pastor de todos los pastores, junto a todo el pueblo de Dios y por la mediación de Jesús, tu Cristo, nos atrevemos a extender nuestras manos para tocar el borde de tu manto de toda compasión, renovación y fortaleza.

Se hace un breve silencio.

Manto de toda incluvidad, te imploramos que nos consideres dignos de ser tus mensajeros y llamados a vivir la radicalidad de tu evangelio. Concédenos la gracia de escuchar las voces que claman por respeto, comunidad y equidad. Permítenos obedecer tu mandamiento de amor en medio de todas las crisis. El Señor es nuestro pastor, nada nos puede faltar.

Manto de toda santificación, desde el comienzo tu has pronunciado palabras de justicia, solidaridad y esperanza. Renueva a quienes han sido abusados y rechazado por todos los sistemas de poder y concédenos ser las puertas incondicionalmente abiertas a semejantes y extraños. Concédenos unir nuestras manos que buscan tocar tu manto de comunión. El nos hace descansar en verdes praderas.

Pastor de pastores, concede a quienes tienen la tarea de guiar a tus pueblos y rebaños a tierras de abundancia y bienestar, cumplan con responsabilidad con transparencia, sabiduría y generosidad. Concédenos extender nuestras manos para tocar el manto que une a quienes son diferentes, diversos y plurales. Aunque cruce por oscuras quebradas, no temeré ningún mal.

Manto de toda compasión, extendemos nuestras manos para colocar bajo tu manto a toda la creación y a cada una de tus criaturas, en especial a quienes no han encontrado quien les guíe hacia los espacios de justicia y dignidad. Aleja de todos nosotros y nosotras las sombras de la muerte que quieren obstaculizar nuestro caminar hacia el Reino propuesto por tu Cristo. Tú estás con nosotros y con nosotras, no temeremos ningún mal.

Aquí se pueden incluir otras intercesiones.

Sumo Pastor de todos los pastores y de todos los rebaños, reúne a todas tus ovejas de todos los colores y de todos los costados de tu manto de comunión en un solo pueblo y en un solo proyecto, para que juntos y juntas unamos nuestras voces y nuestras acciones para darte gracias por enviarnos a anunciar y vivir tus buenas noticias a los pobres, excluidos y marginados. Tu bondad y tu gracia nos acompañan a lo largo de nuestras vidas.

Oración comunitaria

Conocedor de todos las debilidades y vacilaciones de quienes te aman y deciden vivir sin temor en la verdad, asumiendo todos los riesgos, confiamos en que tú has preparado una comunidad y una comunión donde todas y todos somos restituidos en nuestra condición de hijos e hijas tuyos y hermanos y hermanas en el Cristo que confesamos. Derrama en nuestros corazones tal amor por ti que, amándote sobre todos los temores y miedos, podamos alcanzar tus promesas, que sobrepasan siempre todo lo que podemos pensar. Te lo pedimos por tu Hijo que nos hace hermanos y hermanas y que confesamos como nuestra fortaleza y modelo. Ahora y siempre. Amén

Pastor Lisandro Orlov
Pastoral Ecuménica VIH-SIDA
Buenos Aires. Argentina
Junio 2009