Domingo 12 de julio de 2009

Ciclo B. Décimo Quinto Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio: Marcos 6, 14-29

(Leccionario Común Revisado)

Primera Lectura: Amós 7, 7-15

Salmo Responsorial: Salmo 85, 8-13

Segunda Lectura: Efesios 1, 3-14

 

 

EVANGELIO Marcos 6,14-29

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

En aquel tiempo, el rey Herodes oyó hablar de Jesús, porque su fama se había extendido por todas partes. Algunos decían: "Juan el Bautista ha resucitado, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos: Otros afirmaban: "Es Elías". Y otros: "Es un profeta como los antiguos".  Pero Herodes, al oír todo esto, decía: "Este hombre es Juan, a quien yo mandé decapitar y que ha resucitado".

Herodes, en efecto, había hecho arrestar y encarcelar a Juan a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, con la que se había casado.  Porque Juan decía a Herodes: "No te es lícito tener a la mujer de tu hermano".  Herodías odiaba a Juan e intentaba matarlo, pero no podía,  porque Herodes lo respetaba, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo protegía. Cuando lo oía quedaba perplejo, pero lo escuchaba con gusto.  Un día se presentó la ocasión favorable. Herodes festejaba su cumpleaños, ofreciendo un banquete a sus dignatarios, a sus oficiales y a los notables de Galilea.  La hija de Herodías salió a bailar, y agradó tanto a Herodes y a sus convidados, que el rey dijo a la joven: "Pídeme lo que quieras y te lo daré".  Y le aseguró bajo juramento: "Te daré cualquier cosa que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino".  Ella fue a preguntar a su madre: "¿Qué debo pedirle?". "La cabeza de Juan el Bautista", respondió esta.  La joven volvió rápidamente adonde estaba el rey y le hizo este pedido: "Quiero que me traigas ahora mismo, sobre una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista".  El rey se entristeció mucho, pero a causa de su juramento, y por los convidados, no quiso contrariarla.  En seguida mandó a un guardia que trajera la cabeza de Juan.  El guardia fue a la cárcel y le cortó la cabeza. Después la trajo sobre una bandeja, la entregó a la joven y esta se la dio a su madre. Cuando los discípulos de Juan lo supieron, fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.

El Evangelio del Señor.

 

 

CENAS DIFERENTES

Es llamativo como difieren las cenas celebradas por Jesús de Nazaret y las cenas organizadas por aquellos que piensan tener todo el poder. En la primera se establece el sacramento de la diaconía, donde estamos llamados y llamadas a arrodillarnos delante de la dignidad de los demás y lavarnos unos a otros los pies en este caminar hacia el reino. En la otra cena se dispone sin consulta ni dialogo de las propiedades públicas sin diferenciarlas de las privadas y se toman decisiones que afectan la vida, o más bien, la muerte de otras personas. Dos espacios, dos cenas y dos teologías que llevan a actitudes diferentes.

También tenemos dos formas de oír y escuchar. La escucha de Herodes no es la misma que la escucha de ciegos, excluidos, leprosos, marginados, mujeres con hemorragias estigmatizadas. Es la escucha que produce miedo, inquietud y remordimiento.

Las identidades siempre son tema de conversación, inquietud, rumores y sospechas. La identidad de Jesús es todo un tema que inquieta a poderosos y humildes por distintos motivos y diferentes expectativas. Los modelos que se proponen en escala descendente, primero Juan el Bautista, luego Elías y finalmente alguno de los muchos profetas, revela la confianza en una acción liberadora de Dios sobre la cual los excluidos y excluidas de las cenas del poder penen su confianza. Herodes oye ese clamor, conoce las necesidades de quienes no son invitados a sus cenas ni al reparto de sus riquezas y recursos. Pero en esa escucha se transforma en un obstáculo. Su poder no produce vida sino que provoca muerte. Es una historia conocida por quienes esperamos un reparto más equitativo y un compartir más justo.

En su escucha Herodes confiesa su propio fracaso. Aquél que el sistema mandó a ejecutar ha resucitado. La memoria del pueblo tiene una fuerza que se hace escuchar aún en los espacios en que algunos se han refugiado para compartir las cenas de la injusticia y de la codicia. Estas resurrecciones en el memorial celebrados por el pueblo santo siempre tienen que producir miedo y espanto en los que poco reparten y siempre se quedan con la mejor parte.

Hablar de la voz profética del la comunidad cristiana se ha puesto de moda y se utiliza la expresión hasta el abuso. Casi siempre se piensa en una voz profética sin riesgos y sin escándalo. Hablemos un poco pero no demasiado. Denunciemos pero no incomodemos a los que cenan en los espacios de poder. Clamemos pero con reclamos muy vago y nada precisos. Este relato de la pasión de Juan el Bautista, con tantos paralelos en acciones, imágenes y vocabulario con la pasión de Jesús de Nazaret, nos muestra las consecuencias de los riesgos reales, entonces y ahora, de una acción profética genuina. Herodes escucha la voz del profeta y teme, Herodías escucha la voz profética y odia hasta querer la muerte del cartero. ¿Cuál es nuestra escucha y como nos sentimos ante la misión de ser nosotros y nosotras esa voz profética ahora y aquí?

Muchos y muchas aún gritan ¡Crucifícalo! También claman que toda pastoral inclusiva a personas y grupos con diversidad de identidades y unidos por el vivir con el vih es blasfemia. En esas cenas del poder se sienten libres de juzgar, criticar e imponer criterios. Y es necesario reconocer que aún tenemos miedo de entrar en conflicto con esos espacios. Aún queremos ser prudentes quitándole a la voz profética todo riesgo. Queremos ser los profetas que hablan un poquito pero no demasiado. La voz profética que susurra pero no grita, que sugiere pero no denuncia. Hemos llegado a ser maestros y maestras en el arte de manejar un vocabulario destinado a iniciados para decir un poco pero no revelar demasiado. Estoy seguro que así nunca hemos de llegar a vivir ni la pasión de Juan el Bautista ni la de Jesús de Nazaret y que hemos de vivir y morir cómodamente en nuestras camas. Tenemos miedo al conflicto abierto y frontal con los que tienen el poder de dividir y regalar los reinos de este mundo.

Es llamativo que las y los discípulos aparecen solamente para recoger los despojos de los profetas. ¿Dónde estaban mientras este drama se desarrollaba? ¿Escuchamos sus gritos y vemos sus acciones? Como discípulos y discípulas de Jesús de Nazaret no nos podemos conformar con el andar recogiendo cadáveres de profetas por la historia y por nuestros divididos y regalados contextos y países. Renuncio a tomar este ejemplo. Quienes estamos llamados a construir una acción pastoral en el contexto de la epidemia del vih se nos propone el ejemplo del profeta y el relato de los martirios de uno y de otro. Si queremos realmente ser voz profética tenemos que contar desde el vamos con los riesgos y recordar que testimonio quiere decir martirio.  Tenemos que saber que quienes participan de las cenas del poder han de buscar el momento propicio como para exigir nuestro martirio, de una u otra forma, abierta o en forma escondida.

En las cenas del poder todos los valores están trastocados y las y los invitados callan frente a ese uso escandaloso del poder. La madre no tiene ningún reparo en colocar a su hija junto a las trabajadoras sexuales, ya que solo ellas podían animar y bailar en las fiestas del poder. Y esa bailar junto a las trabajadoras sexuales,  no es para promover dignidades, respeto o comunión, sino que es simplemente para utilizarlas en un plan demagógico de destrucción a aquel que se atreve a proclamar la verdad. Es sorprendente que la cabeza del martirizado se trae en una bandeja, es decir, en un utensilio de comida. El plato y la bandeja que están destinados a compartir vida y comunión, en este espacio han sido transformados en símbolo de muerte. Todo se confunde y todo se transforma en este mecanismo de un oír perverso la voz de los profetas.

El gran desafío que se nos presenta a quienes acompañamos, vivimos o formamos parte de grupos que viven con vih o sida, es el reconstruir el espacio de las cenas donde cada elemento vuelve a ocupar su lugar de dignidad y con la valentía de saber que esas acciones pastorales, aún cuando provoquen la reacción de los que disfrutan del otro banquete, es parte de nuestra identidad de discípulos que hablan a tiempo y destiempo y que no estamos destinados a recoger los cadáveres del sistema sino que estamos llamados y llamadas a evitar, denunciar y clamar por esas muerte, asumiendo riesgos y provocando escándalos. Esa es nuestra identidad

Para la revisión de vida

La desigualdad de recursos y apoyo entre el profeta de vestimentas extrañas y sobrias comidas es extraordinario, y a pesar de esa desigualdad no dudo en denunciar los valores familiares que constituyen los poderosos. ¿Qué riesgos estamos dispuestos a asumir a través de nuestra voz profética en el contexto de la epidemia del vih?

Para la reunión de grupo

¿Somos conscientes que el cumplimiento de la palabra empeñada en muchas de las promesas realizadas por quienes presiden las cenas de la injusticia puede producir muerte?

Para la oración de las y  los fieles

Junto a la nube de profetas, testigos, confesores y las y los discípulos que asumieron los riesgos de ser la voz que anuncia que el Reino que no se reparte ni divide pero que se comparte sin fronteras ni exclusiones, nos atrevemos a interceder por la iglesia, por las personas amenazada por el poder y por toda la creación de Dios que vive en temor.

Se hace un breve silencio.

Voz de todas las profecías, concede a tu iglesia el don de anunciar tu verdad, asistida por tu Espíritu de toda valentía, para enfrentar a quienes quieren dividir y regalar tu creación, tu pueblo y tu cuerpo. Concédenos el anunciar tu amor allí donde se proclama exclusión, justicia en los espacios de opresión, comunión en las prisiones mentales que producen estigmas en personas y comunidades. Señor del universo, oye nuestra plegaria

Alfa y Omega, principio y fin de todas nuestras acciones y expectativas, concédenos tener el valor de vivir con pasión nuestro amor y respeto por la diversidad de toda tu creación. Envía sobre tu comunidad el Espíritu de alabanza, celebración y comunión que nos permite ser los administradores fieles de la multiplicidad de tus dones. El Señor es sol y escudo.

Camino verdadero hacia todas las comuniones, te damos gracias porque en nuestras debilidades nos propones el ejemplo de un profeta como Juan el Bautista para que tus discípulos y discípulas tengan la fortaleza de vivir en el amor que siempre busca la justicia, asumiendo todos los riesgos de la identidad que nos concede el bautismo en el nombre de Jesús de Nazaret, tu Cristo. El Señor es la gracia y la gloria y no niega sus bienes.

 

Aquí se pueden incorporar otras peticiones.

 

Propietario de todos los tiempos y todos los reinos, te damos gracias por aquellos y aquellas que se atrevieron a ser voz que clama en todos los desiertos de las opresiones, los estigmas y las marginaciones. Concédenos ese Espíritu de profecía y llena a tu iglesia con la certeza que ninguna de las fuerzas de esas cenas de muerte han de prevalecer.

Oración comunitaria

Tú que amas a las y los valientes, utiliza nuestras vidas para transformar este mundo con tu amor, justicia y solidaridad. Muévenos, por tu Espíritu, a ser realmente el prójimo de quienes están con miedo, perseguidos, prisioneros, explotados, de forma tal que podamos ser instrumentos útiles en tus manos para servirles con un corazón dispuesto. Te lo pedimos por tu Hijo, Jesucristo, nuestro hermano y modelo. Amén

Conocedor de todos las debilidades y vacilaciones de quienes te aman y deciden vivir sin temor en la verdad, asumiendo todos los riesgos, confiamos en que tú has preparado una comunidad y una comunión donde todas y todos somos restituidos en nuestra condición de hijos e hijas tuyos y hermanos y hermanas en el Cristo que confesamos. Derrama en nuestros corazones tal amor por ti que, amándote sobre todos los temores y miedos, podamos alcanzar tus promesas, que sobrepasan siempre todo lo que podemos pensar. Te lo pedimos por tu Hijo que nos hace hermanos y hermanas y que confesamos como nuestra fortaleza y modelo. Ahora y siempre. Amén

Pastor Lisandro Orlov
Pastoral Ecuménica VIH-SIDA
Buenos Aires. Argentina
Junio 2009