Domingo 28 de junio de 2009

Ciclo B. Décimo Tercer Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio: Marcos 5, 21-43

(Leccionario Común Revisado)

Primera Lectura: Lamentaciones 3, 22-33 o Sabiduría 1, 13-15, 2, 23-24

Salmo Responsorial: Salmo 30

Segunda Lectura: 2º Corintios 8, 7-15

 

 

EVANGELIO Marcos 5,21-43

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar.  Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies, rogándole con insistencia: "Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva". Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados. 

Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias.  Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor.  Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto,  porque pensaba: "Con sólo tocar su manto quedaré curada".  Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal.  Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: "¿Quién tocó mi manto?".  Sus discípulos le dijeron: "¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?". Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido.  Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad. Jesús le dijo: "Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad". 

Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: "Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?".  Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: "No temas, basta que creas". Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba.  Al entrar, les dijo: "¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme". Y se burlaban de él. Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba.  La tomó de la mano y le dijo: "Talitá kum", que significa: "¡Niña, yo te lo ordeno, levántate". En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que le dieran de comer.

El Evangelio del Señor.

 

 

APRETAR Y TOCAR

Este texto del Evangelio es una propuesta de acción destinada a las personas en situación de marginación producida por los diversos estigmas de los sistemas de opresión. No es un modelo o un paradigma para los activistas en derechos humanos ni para los testigos de la fe en las comunidades religiosas. El destinatario de este mensaje son todas las personas que viven bajo el yugo y la opresión del estigma y la exclusión.

Nos encontramos con una escena encapsulada en otra escena. Una película dentro de otra película. Un relato dentro de otro relato relacionados ambos por las condiciones de vulnerabilidad de personas y grupos.

Nuevamente los datos geográficos nos ubican en el espacio teológico.  Es casi tiempo perdido o una búsqueda del arte por el arte el tratar de saber exactamente el lugar físico en qué ocurre la escena. Los datos nos colocan en una perspectiva conceptual e ideológica. Este cruzar de un lado al otro del mar simboliza el pasar del espacio de los considerados por el sistema hegemónico como sospechosos y heréticos al espacio de las interpretaciones legalistas de la voluntad del que transgrede las fronteras de nuestros sistemas. Es así cómo este relato está en abierto desafío a quienes sostienen, de acuerdo a una espacial lectura de las Escrituras, que las personas se deben someter a las leyes y que estas pueden clasificar a los seres humanos en puro e impuros, salvos y condenados, incluidos y excluidos.

El relato adquiere toda una dimensión de escándalo desde este lado del mar, desde este lado de  posiciones teológicas excluyentes. Al igual que el mar es el símbolo del caos que se opone al ordenamiento del Reino, también este espacio de dudosas ortodoxias se opone al anuncio de una buena noticia a los estigmatizados, pobres y excluidos y excluidas.

Asimismo es interesante la distinción delicada que el Evangelista establece entre el apretar y amenazar y el tocar y distinguir. La multitud apretaba por todos lados a Jesús de Nazaret y le colocaba seguramente en una situación difícil e incomoda. En el contexto de ese apretujamiento se distingue una mano que toca, suave, anónima, miedosa. Entramos en ese movimiento en que el compromiso con quienes el sistema considera impuros hace necesario un encuentro corporal. Las manos y los cuerpos se encuentran en el abrazo de la paz que incluye incondicionalmente. Ese gesto ya no puede ser meramente intelectual sino que debe hacerse visible en la proclamación de una comunidad radicalmente inclusiva.

Esta mujer anónima del relato, al igual que Jairo, uno de los jefes del sistema teológico opuesto al mensaje de Jesús de Nazaret, tiene que traspasar y desafiar diversas barreras culturales, religiosas y de género. Si nos concentramos en esta mujer anónima vemos los fundamentos de todos sus temores pero la decisión de transgredir a la que le ha lanzado su empoderamiento. No espera ni la invitación de Jesús de Nazaret ni teme a la multitud que representa todas las fuerzas que pretenden ubicarla en el espacio de la impureza. Indudablemente su aproximación no está desprovista de supersticiones. Nada en la vida es químicamente puro. Lo central es la decisión de transgredir normas que excluyen y estigmatizan. Allí está el centro del mensaje en estos dos relatos. Jairo renuncia al sistema que ha servido y al cual teóricamente pertenece. La multitud ya no busca en ese espacio la buena noticia y esta mujer anónima se atreve a una acción sin tener en cuenta si es prudente, sabia y honesta.

El hecho de ser mujer ya era en ese sistema todo un problema. El sufrir de una enfermedad relacionada con la sangre fundamentaba todos los estigmas y exclusiones de una equivocada comprensión de la pureza que pensaban quería el que crea todas las sangres. El mismo sistema de salud, con todas sus inequidades e injusticia es puesto en el banquillo de los acusados, tal como hoy podemos hacerlo con todos los sistemas de salud que no atienden las necesidades de los más excluidos y excluidas.

Es maravilloso ese darse vuelta de Jesús de Nazaret. Es decir, cambio de dirección, transforma su propio rumbo para hacer esta sorprendente pregunta. ¡Cómo me gustaría que nuestras comunidades también se dieran vuelta hacia las personas y marginadas que tocan el borde de esas instituciones! "¿Quién tocó mi manto?".  ¡Con cuanta delicadeza distingue el apretar sin corazón ni amistad con ese tocar lleno de esperanza!

En ese encuentro y en esa pregunta: "¿Quién tocó mi manto?", encontramos el tema central de revelar la identidad. ¡Cuantos riesgos hay en esa revelación! Las personas que viven con vih o con sida, las personas de la diversidad sexual, las y los usuarios de drogas, las y los trabajadores sexuales podrían entrar en pánico si se les pide, en medio de nuestras comunidades y de nuestra sociedad, exactamente lo mismo. El miedo no está colocado sobre la actitud de Jesús de Nazaret sino sobre la reacción de esta multitud que rodea y aprieta a aquel que es fuente de comunión.

Las y los discípulos también tienen claro la distinción entre apretar y tocar y consideran la idea de personalizar el toque, el abrazo, y la mano que pide como una locura. La mirada de Jesús de Nazaret busca al individuo, a la persona. Frente a la confesión atemorizada y temblando pero nunca avergonzada se arroja a sus pies y confiesa toda la verdad. ¡Toda la verdad! Esos discípulos y discípulas del apriete tienen que enfrentar toda la verdad y solamente desde allí se podrá construir la comunidad que toca con amor las necesidades y angustias de las personas. La verdad construye comunidad y comunión.

Esta mujer anónima se atrevió a toca en público a un hombre contra todas las reglas del decoro. Gracias a ella ahora estamos liberados y liberadas de todas las reglas de decoro y buena educación que nos impidan tocar con la gracia sorprendente de Dios a quienes buscan comunión y comunidad. Esta mujer anónima se atrevió a desconocer los mandamientos que encontramos en las Escrituras que la declaraban impura y excluida del contacto humano y de la participación en la comunidad de fe y en los espacios públicos. Gracias a ella ahora estamos liberados y liberadas de una lectura de las Escrituras que coloca en primer lugar la letra frío de reglamentos y mandamientos y presta especial atención a las necesidades concretas y urgentes de personas y de los grupos a los que esa persona pertenece. ¡Cuantas transgresiones a tradiciones, prácticas, y prácticas seculares! ¡Cuanta invitación a hacer lo mismo que ha hecho este jefe del espacio de interpretación errada de la voluntad de Dios y de esta mujer anónima que en la plenitud de su vulnerabilidad se transforma en modelo y paradigma de acción para todas las personas que tienen que vivir en una mentira impuesta por los sistemas de opresión!

La primera palabra, el anuncio esencial de una buena noticia, que salen de los labios de Jesús de Nazaret es reconocer públicamente su condición de hija muy amada por Aquel que nos ama incondicionalmente. Por supuesto esto debe haber ocurrido para escándalo de todas y todos los que aún hoy le aprietan pero no lo tocan. Su fe de empoderada le ha salvado del sistema de exclusión y roto el sistema de pureza e impureza de la multitud. ¡Bien por esta mujer anónima, vulnerable y solitaria! ¡Roguemos para que su actitud haga escuela!

Jesús de Nazaret, se dio vuelta, hace la pregunta y acoge para escándalo de todas y todas a quien desde ahora estamos llamados y llamadas a considera hija de Dios y hermana nuestra. ¡Qué revolución, qué cambio, qué transformación en pocos paso! ¡Uno, dos y tres y tenemos otra realidad para todos y todas! ¡Cuantas consecuencias tiene un pequeño gesto desde la fe en que es posible otra sociedad y otra iglesia! Primera se la declara hija de Dios, y luego se establece su restitución en el espacio de las dignidades, y tercero la comunión en el abrazo de la paz. Hija, paz de comunión y comunidad y restitución de dignidad que vence todo estigma y discriminación. Amén, amén y muchos amén.

Para la revisión de vida

En el contexto del texto podemos ver que, no es el contacto físico el que salva sino que se fundamenta en el primer movimiento de empoderamiento de esta mujer anónima. El segundo acto es el  de desafiar barreras diversas y todo ello impregnado por la profunda fe en que ese proceso es posible y es querido por Dios y que tendrá consecuencias. La verdad nos libera y libera a otros y otras.

Para la reunión de grupo

La proximidad y el contacto directo nos abre a todos y todas al diálogo unos con otros y nos abre a contemplar los modelos que nos propone el Evangelio de personas en situación de vulnerabilidad que se atreven a romper esquemas y vemos la forma en que nos acoge Aquel que ama tanto este mundo y este tiempo.

Oración comunitaria

Conocedor de todos los secretos, para quienes te aman y deciden vivir sin temor en la verdad, asumiendo todos los riesgos, tú has preparado una comunidad y una comunión donde todos somos restituidos en nuestra condición de hijos e hijas tuyos y hermanos y hermanas en el Cristo que confesamos. Derrama en nuestros corazones tal amor por ti que, amándote sobre todos los temores y miedos, podamos alcanzar tus promesas, que sobrepasan siempre todo lo que podemos pensar. Te lo pedimos por tu Hijo que nos hace hermanos y hermanas y que confesamos como nuestra fortaleza y modelo. Ahora y siempre. Amén

Señor, Dios, Padre nuestro, que no quieres la muerte de las personas ni te complaces con los sacrificios, sino que has puesto tu gloria en el ser humano vivo, en la Vida en plenitud. Haz que te sepamos imitar acogiendo, defendiendo y promoviendo la vida, sobre todo la de nuestros hermanos necesitados u oprimidos. Nosotros te lo pedimos siguiendo el ejemplo y la inspiración de Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro.

 

Pastor Lisandro Orlov
Pastoral Ecuménica VIH-SIDA
Buenos Aires. Argentina
Junio 2009