Domingo 13 junio 2010

Ciclo C. 3º Domingo después de Pentecostés 11º Domingo del Tiempo Ordinario Propio 6

Evangelio:  Lucas 7, 36-8,3

(Leccionario Común Revisado)

Primera Lectura: 2º Samuel 11,36-12,10,
Salmo Responsorial:  Salmo 32
Segunda Lectura: Gálatas 2, 15-21

 

 

EVANGELIO Lc 7,36-8,3

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

Un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús entró en la casa y se sentó a la mesa. Entonces una mujer pecadora que vivía en la ciudad, al enterarse de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, se presentó con un frasco de perfume.  Y colocándose detrás de él, se puso a llorar a sus pies y comenzó a bañarlos con sus lágrimas; los secaba con sus cabellos, los cubría de besos y los ungía con perfume.

Al ver esto, el fariseo que lo había invitado pensó: "Si este hombre fuera profeta, sabría quién es la mujer que lo toca y lo que ella es: ¡una pecadora!". Pero Jesús le dijo: "Simón, tengo algo que decirte". "¡Di, Maestro!", respondió él.  "Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios, el otro cincuenta.  Como no tenían con qué pagar, perdonó a ambos la deuda. ¿Cuál de los dos lo amará más?".  Simón contestó: "Pienso que aquel a quien perdonó más". Jesús le dijo: "Has juzgado bien".  Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: "¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no derramaste agua sobre mis pies; en cambio, ella los bañó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos.  Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entré, no cesó de besar mis pies.  Tú no ungiste mi cabeza; ella derramó perfume sobre mis pies.  Por eso te digo que sus pecados, sus numerosos pecados, le han sido perdonados porque ha demostrado mucho amor. Pero aquel a quien se le perdona poco, demuestra poco amor".  Después dijo a la mujer: "Tus pecados te son perdonados".  Los invitados pensaron: "¿Quién es este hombre, que llega hasta perdonar los pecados?".  Jesús dijo a la mujer: "Tu fe te ha salvado, vete en paz".

Después, Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios;  Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras, que los ayudaban con sus bienes. 

El Evangelio del Señor.

 

 

TU NO ME BESASTE

El texto de hoy despliega frente a nosotros y nosotras el objetivo de todo trabajo de promoción de derechos, inclusión y acompañamiento a personas con vih o con sida. Queda muy claro que necesitamos transformar las cenas de Simón el fariseo en cenas de Jesús de Nazaret. Tenemos que reconocer y tener muy en cuenta que son espacios totalmente diferentes aún cuando los platos sean los mismos. La atmósfera, el espíritu y la acogida son opuestas y ese es el punto de debate porque esa diferencia se fundamenta en un uso distinto de las Escrituras, de la Ley y del anuncio de las buenas noticias del Reino. En ese uso de estos elementos se fundamenta el escándalo y la cruz. A quien debemos convertir es a las y los muchos Simones que aún hoy celebran estas mismas comidas en nuestras comunidades de fe y no la conversión de la mujer de mala fama. Ese es el objetivo de un trabajo en vih: transformar nuestras cenas en espacios de bienvenida radicalmente incondicional.

Este buen fariseo tiene el gesto de invitar a Jesús de Nazaret por muchas razones que van desde curiosidad, sentirse alagado de tener un maestro de la ley en su casa para que le entretenga con una conversación interesante o por un legitimo interés de conocer de primera mano su forma de interpretar y vivir las Escrituras. Lamentablemente su invitación no se complementó con todos los gestos que tradicionalmente acompañaban la llegada de un huésped: lavar sus pies, abrazarle y besarle y ungirle con perfume. Esos gestos hacían visible el afecto y respeto hacia el huésped. Esa ausencia será motivo de recriminación. Jesús de Nazaret sintió en su persona esa descalificación.

Ahora nuestra mirada se dirige hacia esta mujer pecadora o de mala fama que por ser mujer inmediatamente pensamos en que es una trabajadora sexual sin poder imaginar que su mala fama puede tener una diversidad de motivos que van más allá del área de la sexualidad pero esos son nuestros prejuicios sobre los que tendremos que trabajar.

Lo poco que conocemos sobre esta mujer anónima es que ha escuchado que Jesús estaba comiendo en un espacio significativamente hostil a su persona y su fama. Seguramente tuvo que reunir mucho coraje para animarse a entrar en esa casa donde sabía que no sería bien mirada. Aquí debemos ser sumamente cuidadosos porque lo importante es aquello que esta mujer ha escuchado del mensaje de Jesús de Nazaret y no lo que está haciendo que indudablemente es llamativo y escandaloso. Esta mujer realiza cada uno de estos gestos de profundo reconocimiento porque sabe que Jesús habla de un Dios que ha tomado la iniciativa para perdonar sin condiciones. La iniciativa es de Dios y no de esta mujer. Esta es la respuesta y la consecuencia de quien se siente perdonado y amado. Es así como se explica y aplica la parábola siguiente que ilumina esta primera parte de la escena.

Esta mujer ya marginada por su fama también se coloca en las márgenes de la escena. Se coloca detrás de Jesús de Nazaret recostado alrededor de la comida con los pies fuera de ese círculo. Si bien se ha atrevido a entrar en ese espacio poco amigo, aún cuando rebosa de agradecimiento por el anuncio de una buena nueva, no deja de ubicarse en el margen donde las murmuraciones y miradas de otras y otros la han colocado. Es realmente llamativo y sorprendente que llegue al colmo de despojarse del manto que cubría sus cabellos porque ese gesto confirmaba su mala fama porque solamente una mujer podía mostrar sus cabellos a su marido en la intimidad o las mujeres en situación de prostitución.  Creo que podemos entender el asombro, el escándalo y murmuración de los religiosamente bien pensantes que han hecho del no juntarse con las personas pecadoras una virtud. Esa misma virtud que los aleja del Dios que nos anuncia Jesús de Nazaret. Ese sentimiento de una orgullosa y excluyente santidad y pureza es condenado por Dios porque establece el cumplimiento de la Ley como un motivo de superioridad y deja de lado la iniciativa de Dios. El perdón, piensa este fariseo en su equivocada comprensión de las Escrituras, lo gano por el cumplimiento de diversas conductas que me hacen puro y santo sin la intervención de Dios y con el solo cumplimiento de mandamientos y reglamentos. Estamos frente al permanente y sostenido debate hermenéutico y pastoral que enfrenta Jesús de Nazaret.

La mirada del fariseo fundamentalista no puede ver al Dios del perdón incondicional y gratuito y solo puede contemplar desde su posición de santidad y pureza orgullosa a una persona pecadora. No la puede mirar con los ojos de Jesús que en ese momento contemplan la escena reflejada en el rostro y los ojos de este escandalizado lector literal de las Escrituras. Todo la escena nos muestra que Jesús de Nazaret no solo sabía muy bien quien le tocaba sino, y esto es el centro del relato, sabía muy bien lo equivocado de los pensamientos de este fundamentalista fariseo.

Aquí tenemos una parábola que nos ilumina la escena. Es una parábola que nos presenta a Dios como el gran prestamista del perdón y de quien todas y todos somos deudores. Aquí está el núcleo del anuncio de una buena noticia del Reino. Esta parábola tiene consecuencias prácticas en nuestras comunidades y en nuestras cenas eucarísticas, que son el rostro a través del cual las comunidades de fe se hacen visibles en la realidad social que nos rodea.

Al igual que la casa del fariseo Simón las puertas de nuestras comidas están abiertas y por ello pensamos que todas y todos pueden entrar, pero nuestra mirada dice todo lo contrario. En estos momentos en que hay tantas movilizaciones de grupos religiosos que tienen una mirada sobre los demás muy semejantes a la de Simón el fariseo. Los mensajes en contra de la posibilidad de modificar una ley secular que permita el matrimonio entre personas del mismo sexo descalifican y etiquetan a personas y grupos. En esos mensajes no hay una buena noticia sino la aplicación de una Ley que nos hace sentir con el derecho de decir quienes tienen derechos y quienes no lo tienen. No todas las puertas abiertas están realmente abiertas. Aún necesitamos transformar la cena de Simón el fariseo fundamentalista en las cenas de Jesús que nos habla del gran prestamista de perdón. Esa es una buena noticia.

Todo este relato es sobre el amor incondicional de Dios. Ese es el escándalo. Tenemos el anuncio que nuestros numerosos pecados han sido perdonados y eso es lo primero. A partir de apropiarnos de esa buena noticia comienza el proceso de transformación y demostrar el mucho reconocimiento y acción de gracias a Dios por prestarnos el perdón a través de la fe en todo lo que ha hecho, hace y hará Jesús de Nazaret por nosotros al invitarnos a las mesas de las y los pecadores perdonados por iniciativa del Gran Prestamista del perdón. Es esa fe la que nos salva y no las miradas de exclusión, juicio y condena con la que aún muchos continúan mirando a nuestros hermanos y hermanas pero nunca a sí mismos.

Nuestra fe en el perdón es lo que nos salva. No son los perfumes, ni los besos ni las lágrimas ni el andar con los cabellos revueltos y al aire. Es la total confianza, que eso es la fe, en que tenemos un Prestamista generoso y que comparte con todas y todos los que quieren escuchar cada día el anuncio escandalosos de Tus pecados te son perdonados” porque sabemos muy bien que son numerosos nuestros pecados. Aquí tenemos que advertir que hablados de nuestros muchos pecados y no los pecados de los demás. Ese es un asunto del Generoso Prestamista y no un tema de nosotros ni de nuestras comunidades.

Este relato concluye con un cambio en el ministerio de Jesús de Nazaret. Comienza a recorrer los pueblos y ciudades que están en los márgenes del poder. Va caminando desde los márgenes hacia el centro del poder que no quiere saber nada de esta forma de comprender la profunda naturaleza de Dios. Aquí no discutimos sobre Simón el fariseo fundamentalista, ni sobre esta pobre mujer de mala fama, sino estamos debatiendo si realmente aceptamos el escandaloso perdón de nuestras muchas deudas que el Generosos Prestamista nos anuncia como la central buena noticia.

Ese ministerio desde los marginados se hace visible con el grupo de mujeres que acompaña esa iniciativa del Generoso Prestamista. Ellas serán desde ese momento consideradas mujeres de mala fama porque el sistema religioso imperante consideraba una virtud preservar las mujeres en el espacio privado donde se le privaban de todos los derechos. Esas mujeres se han liberado de ese sistema de valores por muy tradicionales que sean y se atreven a andar por caminos y senderos sin importar la mirada de juicio y murmuración de los demás. Este es un grupo realmente vulnerable porque si esas mujeres disponen de recursos y bienes para apoyar el ministerio de Jesús es porque seguramente son viudas, es decir, una categoría de personas sumamente vulnerables. Esa es la comunidad que comienza a celebrar cenas donde realmente las puertas ideológicas, teológicas y pastorales se han abierto a todas las personas que las y los demás consideran de mala fama. Allí está el escándalo y la cruz porque al permitir ser tocados como lo hizo Jesús de Nazaret,  por personas de tal fama seguramente cada uno de nosotros y nosotras seremos considerados iguales.  Entones habrá llegado el momento de entonar con entusiasmo un aleluya y un gloria a Dios por habernos atrevido a tanto.

Para la oración de las y los fieles

Reunidos en las escandalosas cenas que ahora celebra el pueblo del Generoso Prestamista del perdón y siguiendo el modelo que vivió Jesucristo, nos atrevemos a interceder por el perdón de nuestros muchos pecados para que ese perdón nos permita vivir en comunión unos con otros. ¡Feliz el que ha sido absuelto de su pecado y liberado de su falta!

Se hace un breve silencio

  • Tú que eres la noticia de perdón y reconciliación encarnada, abrázanos con tu amor para que podamos confesar con sinceridad nuestros muchos errores, cambiar nuestra fama y vivir de tus promesas y en la confianza de tu perdón. Que esa fe y confianza nos permita abrazar a todos los seres humanos de todas las identidades con el mismo amor. No permitas nunca que cerremos las puertas de nuestras vidas, comunidades y mentalidades. ¡Feliz la persona a quien el Señor no le tiene en cuenta las culpas!
  • En tu perdón gratuito e inmerecido, concédenos la fortaleza para liberarnos de la pesada carga de nuestros sentimientos de culpa, miedos, prejuicios y desconfianza. Concédenos el consuelo de vivir en tu promesa de perdón y que ese perdón sea la fuente abundante de paz y reconciliación con nosotros mismos y con nuestros hermanos y hermanas. ¡Reconocimos nuestro pecado y te perdonaste nuestra culpa y nuestro pecado!

Aquí se pueden incluir otras intercesiones.

Concédenos la valentía de expresar públicamente nuestro reconocimiento y acción de gracias por la transformación que la fe en tu perdón ha hecho en nuestras vidas para que en todo momento podamos se testigos y embajadores de la buena noticia de tu gracia que alcanza a quienes escuchan y confían en el Generoso Prestamista.¡Alégrense en el Señor, regocíjense las y los justos!

 

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires. Argentina

Junio de 2010