Domingo 14 de Junio de 2009

Ciclo B. 11º del Tiempo Ordinario.
Propio 6.

Evangelio: Marcos 4, 26-34

(Leccionario Común Revisado)

Primera Lectura: Ezequiel 17, 22-24

Salmo Responsorial: Salmo 92, 1-4, 11-14

Segunda Lectura: 2º Corintios 5, 6-10 [11-13] 14-17

 

 

EVANGELIO Marcos 4,26-34

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos y discípulas:
"El Reino de Dios es como una persona que echa la semilla en la tierra: sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que ella sepa cómo. La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga. Cuando el fruto está a punto, esa persona aplica en seguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha".

También decía: "¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo? Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra, pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra".

Y con muchas parábolas como estas les anunciaba la Palabra, en la medida en que ellos podían comprender. No les hablaba sino en parábolas, pero a sus propios discípulos, en privado, les explicaba todo. El Evangelio del Señor.

 

 

ENTRE MISTERIOS Y SEMILLAS

Es sumamente importante comenzar pensando en quienes está pensando Jesús de Nazaret al proponer estas dos semejanzas o parábolas cuando habla del Reino. Seguramente en la primera comunidad de quienes eran sus discípulas encontramos ya una diversidad de corrientes y de propuestas. Muchas impacientes desde una teología de la gloria querían que todo pase ya, sin esperas, sin procesos, sin paciencia. Son aquellos que quieren el espectáculo y rechazan lo simple y pobre. En realidad son quienes buscan el poder del Reino pero no su fuerza transformadora de corazones y mentes que, por supuesto, lleva más tiempo. Tenemos la tentación de quienes quieren usar el Reino con el espíritu de poder jerárquico del antiguo régimen. Aún el Reino necesita de herramientas renovadas desde adentro y no simplemente desde afuera.

La epidemia del vih nos está dando ese tiempo de transformación. Podemos constatar ya ahora y aquí en América Latina los signos de esa instalación del Reino en nuestras comunidades de fe y en la sociedad. Si miramos hacia atrás podemos constatar la variedad de temas y situaciones de las cuales era un tabú y de los cuales no podíamos siquiera hablar, hoy forma parte del debate. Jamás nos hubiéramos imaginado al Obispo de Roma hablar a favor o en contra del preservativo y hoy tiene que asumir posicionamiento. La diversidad sexual forma parte de nuestro debate. El tema de la despenalización del uso personal de drogas ilegales se ha instalado en la agenda de nuestra sociedad y de nuestras iglesias.

En la primer parábola propuesta el proceso del Reino tiene ya incorporado en su comienzo, simple y vulnerable, el objetivo que se propone alcanzar con todo su esplendor. Una vez iniciado el proceso del Reino es un movimiento imposible de parar. Nosotros y nosotras, que en el contexto de la epidemia del vih y sida, hemos iniciado un proceso de un anuncio alternativo del Evangelio, tenemos que tener la certeza que ese es un proceso que nada ni nadie podrá obstaculizar de alcanzar su esplendor. Ya en este comienzo podemos contemplar en perspectiva de utopía el final glorioso en el cual podemos ver a las columnas de las personas y los grupos vulnerables acogerse al espacio seguro y cálido de todas las ramas de las comunidades cristianas. Esa es una certeza.

Mientras miramos en perspectiva de utopía este presente y este contexto, con todos sus desafíos, obstáculos y silencios, podemos continuar con nuestra vida cotidiana. Podemos irnos a dormir y levantarnos al día siguiente para seguir con nuestras tareas. Podemos trabajar de día o de noche con la certeza de que el proceso del Reino continúa. El tallo, la espiga, el grano no son simplemente símbolos de un proceso y de etapas en la construcción del Reino sino que es una figura de la certeza que fundamenta nuestra paciencia. El Reino es imparable y desde aquí y ahora podemos contemplar su plenitud en el tiempo de la cosecha.

Jesús de Nazaret enfrenta en estas dos parábolas, por un lado, nuestra impaciencia y por el otro nuestras dudas. La tentación de la teología de la gloria y del poder, ya estaba presente en la primera comunidad. Se espera que Jesús emprendiera acciones más contundentes, más visibles y espectacularmente milagrosas. Debemos ser sinceros y confesarlo: los inicios simples y sin espectacularidad no nos gustan. Queremos lo imponente, aquello que tiene mucho brillo y mucha purpurina. Nos atraen las luces, las medallas, los títulos rimbombantes. El inicio tímido, escondido, simple y pobre del Reino nos puede llegar a desanimar si no lo miramos en la perspectiva de la certeza del objetivo alcanzado ya en ese comienzo. La semilla que se oculta en la tierra y que muere en ella, nos revela que en ella lleva la culminación y nosotros y nosotras nos aferramos a ese mañana.

La cruz de las comuniones de Jesús de Nazaret no lo podemos llamar un comienzo muy glorioso pero tenía en si, como las semillas, la afirmación brillante, contundente, de que otra comunidad de fe y otro mundo es posible si nos atrevemos a caminar ese camino transformador de la cruz. La espada transformadora que atraviesa el corazón de María al pie de la cruz de Cristo, es también la motivación permanente para actuar a favor del Reino. No queremos que nadie nos quite esa espada hasta el momento en que tengamos la certeza que todos los pájaros y todas las personas y grupos vulnerables a todos los estigmas y discriminación encontrarán su lugar entre las muchas ramas de nuestras iglesias.

En toda acción pastoral en el contexto del vih y sida sabemos muy bien que su objetivo va más allá de un tema de salud y vencer una enfermedad y un virus. En realidad, también escondida en esa acción, estamos contemplando esas comunidades cristianas, esas ramas de las iglesias, que se disponen a recibir a todos los pájaros de todas las diversidades. Esa imagen del árbol que acoge ya era conocida figura en el antiguo régimen y se la pensaba como la llegada de todos los pueblos gentiles al tronco del pueblo de Dios. Hoy también nosotros y nosotras comprendemos esas ramas como el espacio del cuerpo de Cristo y de las comunidades cristianas que acogen incondicionalmente, aún a aquellos pájaros que en otras parábolas se comían las semillas esparcidas. ¡Ni esos pájaros impacientes quedan fuera de estas ramas!

Jesús de Nazaret anunciaba esta Palabra, esta semilla provocativa y escandalosa de un mundo más inclusivo y equitativo. No todas las personas estaban en condiciones de comprenderla. Aún hoy estamos en la misma situación. A algunos aún debemos hablarles en parábolas. Otras, en privado, el Espíritu de toda Verdad, continúa explicando todo. Roguemos que podamos pertenecer a ese círculo en el cual, despojado ya de todo eufemismo, la Palabra se nos revela en toda su plenitud, y ya no provoca en nosotros y nosotras duda o impaciencia, sino que nos da la fuerza y la voluntad de seguir con nuestra vida cotidiana que ya es una anuncio simple y pobre de aquellas ramas de la inclusividad.

Para la oración de las y los fieles


Junto a todo el pueblo de Dios, en Cristo Jesús, nos atrevemos a tener paciencia, a confiar en los pequeños inicios y a contemplar a toda la Creación caminando hacia la nueva tierra y el nuevo cielo que nos promete el Reino.

Se hace un breve silencio.

Fundamento de toda paciencia, concede a tu iglesia que se pueda mirar en este árbol que nace de la pequeña semilla, y quiera imitarle dando refugio, hogar y sombra a quienes necesitan de un descanso reparador en sus vidas y en sus tareas. Es bueno dar gracias al Señor, y cantar, Dios Altísimo, a tu nombre.

Tú eres quien nos ha concedido la responsabilidad de saber administrar aguas y tierras para que todas tus criaturas encuentren hogar, refugio y contención. Libéranos de nuestras conductas consumistas que no tienen consideración por nuestro prójimo, naturaleza y universo. Es bueno proclamar tu amor de madrugada, y tu fidelidad en las vigilias de la noche.

Tú eres quien busca nuestra paciencia, nuestra fe y nuestro servicio cotidiano. Concédenos el sembrar las semitas de tu Reino para que puedan profundizar sus raíces de justicia y paz en medio de nuestros campos y ciudades amenazadas por deudas externas inmorales, por crisis financieras que benefician siempre a los más poderosos y vulneran a los simples. Tú me alegras, Señor con tus acciones, cantaré jubiloso por la obra de tus manos.

Tú que te hacer pan cotidiano, concédenos el poder aceptar la diversidad de los pájaros que buscan refugio y hogar en las ramas de tus comunidades de fe, concédenos la paciencia de escuchar sus historias de vida y de identidades, para que en esa escucha el Espíritu de tu verdad nos pueda continuar revelando tu actuar. Qué justo es el Señor, mi roca, en quien no existe la maldad.

(Se pueden incluir aquí otras intercesiones.)

Te damos gracias por la multitud de testigos que por el Reino llegaron a todos los martirios, y de quienes te confesaron con sus vidas y acciones.

Oración Comunitaria
Tú que eres el más misericordioso de quienes son misericordioso, que eres nuestro creador, iluminador y santificador, y que nos llamas a asumir en comunidad de fe, responsabilidades de mediación sacerdotal para dar testimonio, certeza y plenitud evangélica, concédenos ser pacientes y fieles a la vocación de nuestro bautismo para que siempre seamos semillas de tu promesa. Te lo pedimos por tu Hijo, Jesús a quien confesamos tu Cristo, ahora y siempre. Amén.

(O también:)


Sorpréndenos Sembrador de todas las viñas,
con tu Palabra que se hace vida y supera doctrinas,
con el Reino que crece en medio de nuestras tierras,

Sorpréndenos de día y de noche,
con esta maltratada tierra que aún es símbolo de tu generosidad,
con la producción de bienes que buscan equidad,
con las espigas que alimentan mesas de comunión,

Sorpréndenos en los tiempos de todas las cosechas y todas las crisis,
con ese amor incondicional que sobrepasa lo que podemos comprender,
con tus pequeños y simples agentes del Reino
donde tu Espíritu nos empodera para amar y compartir.

Sorpréndenos con tus ramas de inclusividad,
para que los múltiples pájaros de las diversas identidades
encuentren el espacio seguro de tu cuerpo y comunidad
y concédenos ser parábolas de tu Evangelio.


Pastor Lisandro Orlov
Pastoral Ecuménica VIH-SIDA
Buenos Aires. Argentina
Junio 2009