Domingo 10 de junio 2012Ciclo B.

Décimo Domingo del Tiempo Ordinario

Segundo Domingo después de Pentecostés

Evangelio: Marcos 3, 20-35

(Leccionario Común Revisado)

Primera Lectura: Génesis 3, 8-15Salmo

Responsorial: Salmo 130Segunda Lectura: 2º Corintios 4, 13-5,1
 

 

EVANGELIO Marcos 3, 20-35

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios.

La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

Pueden encontrar este texto en el sitio: http://www.sobicain.org/shell.asp?p=Biblia


En aquel tiempo Jesús regresó a la casa, y de nuevo se juntó tanta gente que ni siquiera podían comer. Cuando sus parientes se enteraron, salieron para llevárselo, porque decían: "Es un exaltado". Los escribas que habían venido de Jerusalén decían: "Está poseído por Belzebul y expulsa a los demonios por el poder del Príncipe de los Demonios". Jesús los llamó y por medio de comparaciones les explicó: "¿Cómo Satanás va a expulsar a Satanás? Un reino donde hay luchas internas no puede subsistir. Y una familia dividida tampoco puede subsistir. Por lo tanto, si Satanás se dividió, levantándose contra sí mismo, ya no puede subsistir, sino que ha llegado a su fin. Pero nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si primero no lo ata. Sólo así podrá saquear la casa. Les aseguro que todo será perdonado a los seres humanos: todos los pecados y cualquier blasfemia que profieran. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón jamás: es culpable de pecado para siempre". Jesús dijo esto porque ellos decían: "Está poseído por un espíritu impuro". Entonces llegaron su madre y sus hermanos y, quedándose afuera, lo mandaron llamar. La multitud estaba sentada alrededor de Jesús, y le dijeron: "Tu madre y tus hermanos te buscan ahí afuera". El les respondió: "¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?". Y dirigiendo su mirada sobre los que estaban sentados alrededor de él, dijo: "Estos son mi madre y mis hermanos. Porque el que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre". Aclamemos el Evangelio del Señor.

 

 

AFUERA o ADENTRO

 

Quienes venimos siendo activistas en el contexto de la epidemia del vih y que tenemos que enfrentar cada día los temas más críticos suscitados por la prevención y acompañamiento de las personas y grupos vulnerables al estigma y la discriminación conocemos muy bien a estos dos grupos que acompañan o enfrentan el mensaje siempre nuevo de Jesús de Nazaret. Esta división se mantiene tanta dentro de nuestras comunidades de fe como entre esas comunidades. Es una divisoria de aguas que nos coloca en áreas muy diferentes.

 

Por un lado tenemos a muchas personas que en los márgenes de la sociedad pueden escuchar en el Evangelio una convocatoria radicalmente inclusiva, plenamente equitativa y escandalosamente solidaria. Esa mucha gente que vive bajo la amenaza permanente del estigma y la discriminación que se manifiesta de tantas maneras, han podido hacer una relectura liberadora del Evangelio, justamente despojándola de aquellos códigos de santidad y esas reglas de pureza que obstaculizaban y aún impiden el escuchar la buena nueva que vive y anuncia Jesús de Nazaret y que la vive y anuncia nunca desde los centros de poder y ortodoxia sino desde su domicilio particular en las zonas marginales de esos poderes. Ese es el grupo objetivo principal de nuestra acción pastoral.

 

Frente a este grupo tenemos a sus parientes más cercanos y a los funcionarios que representan el centro de poder político y religioso que se sienten profundamente amenazados por la proclamación de una buena noticia a cuanta persona es estigmatizada y discriminada por sus códigos diversos de santidad. Indudablemente unos y otros piensan que está “sacado”, como dirían los jóvenes en Argentina, o como con un lenguaje más académico podríamos afirmar sin equivocarnos que Jesús de Nazaret esta alienado, poseído, fuera de si. Todos coinciden en esta perspectiva y la única discusión es la clase de espíritu o posesión que vive.

 

Esta introducción al pasaje del Evangelio no lleva con claridad a entender que toda la acción pastoral de Jesús de Nazaret no tiene nada que ver con un gesto de expiación sino que es un proyecto de radical liberación. La realidad es comprendida como un espacio ocupado por poderes y dominaciones enemigos del proyecto de inclusión que revela el verdadero rostro de Aquel que se encarna para unir e incluir en justicia y equidad. La naturaleza de la acción de Jesús de Nazaret al cual reconocemos como el Cristo rostro del verdadero Dios, no es de expiar pecados sino de liberarnos de todas las tiranías bajo las cuales los enemigos han sometido a la realidad. El gran pecado que no se puede perdonar es no creer en ese proyecto de liberación y continuar sometidos a hermenéuticas e interpretaciones que separan y dividen y que admiten en silencio las diversas opresiones de los sistemas satánicos de exclusión. El silencio y las complicidades que ocultan la verdadera intención del Creador de toda persona y realidad es la verdadera blasfemia que nunca puede ser perdonada, en especial cuando se hace con todo conocimiento de causa.

 

A lo largo de todo el Evangelio Jesús de Nazaret ha tenido una actitud muy crítica contra una de las estructuras consideradas como esenciales para el sostenimiento de ciertas estructuras sociales: la familia tradicional fundada en rígidas pautas patriarcales y heterosexistas. Esas criticas y esas posiciones tan liberadoras de ideologías que oprimen van a ser consideradas por quienes se sienten amenazados en el ejercicio de poderes diversos como las acciones de alguien que está poseído por un espíritu impuro, pero que desde una relectura de las Escrituras con los ojos de Jesús de Nazaret sabemos que es el verdadero proceso liberador iniciado y llevado a cabo entonces y ahora por Dios mismo.

 

La familia de Jesús se ha colocado fuera de ese proyecto y se ubica junto a quienes lo consideran poseído por una perspectiva inaceptable. El tener la misma sangre familiar y el compartir un mismo espacio domestico no garantiza el tener una misma mirada y un mismo compromiso. Este escena es un llamado un crítico a liberarnos de toda estructura que replica y reproduce estructuras de exclusión y encontrar aquellas que realmente y en forma muy sorprendente van creando espacios liberados de estigmas, discriminación y opresión.

 

La verdadera familia de Jesús de Nazaret no es la que permanece afuera de este proceso liberador de relectura, comprensión y acción de aquello que se nos revela como el proyecto de Dios que pedimos diariamente que venga a nosotros y nosotras. La verdadera madre y los verdaderos hermanos y hermanas de Jesús de Nazaret son quienes hacen la voluntad de Dios, no de cualquier manera, ni desde una perspectiva legalista, sino que son aquellos y aquellas que han asumido una forma de comprender la voluntad de Dios de acuerdo a la escuela interpretativa de Jesús de Nazaret, considerada entonces y ahora, como una interpretación blasfema y poseída.

 

La gran defensa de la familia que, como comunidades de fe tenemos anunciar y vivir, tiene muy poco que ver con esos espacios de comunidad privado y particular, sino que es el gran proyecto de construir el espacio liberado ahora y aquí donde todos y todas se sienten en su casa, hogar y familia. La propuesta del Evangelio como una buena noticia es que ya no hay ningún código de santidad que pueda ubicar a una persona fuera de este espacio nuevo y de grandes cenas de comunión. Tenemos un nuevo paradigma de familia que se construye sobre el bautismo de agua y fuego realizado por ese espíritu que nos permite mirar a los ojos de toda persona, independiente de cualquier condición, y poder reconocer en ellos y ellas a nuestros hermanos y hermanas. No vivir en esa dimensión será el gran pecado contra el Espíritu de unidad en el amor que siempre busca la justicia y la equidad.

 

Para la oración de las y los fieles.

Tú que eres el arquitecto de las nuevas estructuras de liberación, permítenos unirnos a tu proyecto para que entregando todas nuestras energías podamos ser instrumentos útiles entre tus manos.

 

Se hace un breve silencio

 

Cimiento de una nueva comunidad y una nueva visión de la familia, que nuestros lazos de hermanos y hermanas sean una propuesta desafiante que promueva reconciliación fundada en la verdad y la justicia entre naciones, personas, grupos religiosos y sociales. Desde lo más profundo te invocamos, Señor. Tú eres la verdadera propuesta de unidad en la diversidad, por ello te imploramos que no admitas nunca que nuestras divisiones sean el argumento para callar frente a las opresiones, las hogueras, las mutilaciones. Permítenos ser poseídos por tu Espíritu hasta la locura evangélica. ¡Señor, oye nuestra voz! Estén tus oídos atentos al clamor de nuestra plegaria. Tú nos muestras el verdadero rostro de una familia y te haces nuestra familia. Concédenos ese Espíritu que todo lo transforma para que tus comunidades de fe y nuestras vidas sean el hogar y la familia de cuanta persona es considerado por otros y otras como extraño, extranjero o diferente. Nuestra alma espera en el Señor, y confiamos en su palabra

 

 

Aquí se pueden ofrecer otras intercesiones.

 

Ahora y siempre queremos darte gracias por revelarnos el verdadero rostro de Aquel que viene a liberarnos de todas las tiranías para permitirnos ser los espacios ya liberados de tu reino y poder servir con nuevo Espíritu en toda reconciliación, aún hasta entregar nuestras propias vidas. Nuestra alma espera al Señor, más que el centinela la aurora. Recibe nuestras esperanzas, compromisos y plegarias, tú que eres ese Amor que supera todo lo que podemos comprender y esperar y concédenos caminar empecinadamente junto a Jesús de Nazaret que una y otra vez confesamos como el Cristo de tu Reino y transforma a toda la humanidad en nuestra familia y en tus hijos e hijas. Como el centinela espera la aurora, esperemos al Señor porque en él se encuentra misericordia y la redención en abundancia. Amén.

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires. Argentina

Mayo de 2012

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