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HOSTAL
SOLIDARIO
El
HOSTAL SOLIDARIO es un espacio creado y sostenido por EL HOSTAL SOLIDARIO es una casa destinada a varones sin tener
en cuenta la edad, la orientación sexual o la confesión religiosa.
Trata de ser un espacio que promocione las capacidades de las personas
que aquí residen, con el objetivo de desarrollar todas sus posibilidades
como para permitir una reinserción social más eficaz. Este es un espacio
que no quiere crear lazos de dependencia, ni ser meramente asistencialistas.
Esta destinado a ser una herramienta que posibilita hacer realidad
un proyecto de vida. El HOSTAL SOLIDARIO es un espacio de autogestión. Todas las
tareas relacionadas con la vida cotidiana en la casa son asumidas
por los mismos residentes. Es por ello que aquellos que desean vivir
en el Hostal tienen que poder autovalerse como para asumir alguna
de esas tareas. El Hostal Solidario es un espacio de encuentro y diálogo de
diversas culturas (cristianos de diversas confesiones, personas que
proceden de la cultura gay, del contexto de la cultura del uso de
drogas, de la cultura de las personas de identidad transgénero). Sus
puertas abiertas han de ser una permanente denuncia de las puertas
que aún permanecen cerradas por el prejuicio y la exclusión, tanto
en las comunidades de fe como en la sociedad en general Alcanzar ese
objetivo es una de las líneas fundamentales de este proyecto. El Hostal Solidario es un espacio sostenido por la generosidad
de las comunidades cristianas reunidas en El Hostal Solidario también es un espacio que brinda acompañamiento
humano, espiritual, psicológico y de prevención de adicciones, a través
de los miembros del Equipo de Aquellas personas
que desean recibir mayor información se pueden comunicar con el coordinador
del proyecto, e-mail:
orlov@uolsinectis.com.ar o al telefax: (54+11) 4-384-6568 TESTIMONIO: Quisiera hablarles de una misteriosa casa en la
misteriosa Buenos Aires. Un espacio que se ha ido construyendo y constituyendo
como lugar de encuentro de culturas, historias y personas. Una encrucijada
de caminos y de vida. Una casa que pretende que sus puertas abiertas
sean una profética denuncia de todas aquellas puertas que aún están
cerradas en nuestra sociedad y en nuestras iglesias. Un espacio cuya
mayor gloria será el día que con una gran celebración hemos de festejar
su cierre porque ya no es más necesaria. En este espacio hemos aprendido
que en las acciones de servicio de nuestra iglesia debemos caminar
la segunda milla, ir más allá de la compasión para trabajar por la
justicia que reconoce la dignidad de todas las personas sin tener
en cuenta quienes son y que hacen. En esta extraña casa Les estoy hablando del Hostal Solidario que acoge y acompaña en un proyecto
de vida a personas que viven con vih o con sida. Al hablar de este
proyecto tenemos la tentación de pensar en grandes actos heroicos
o sublimes, aún de testimonios impresionantes y novelescos salidos
de relatos románticos del siglo pasado. La realidad cotidiana nos
llama a ser más imaginativos porque, a mi criterio y según mi experiencia,
el centro de su desafío esta en sus comidas. La iglesia y yo mismo
he comprendido que cenar, comer en el Hostal es adentrarse y comprender
el cenar de Cristo. Es una antología o síntesis de las muchas y variadas
comidas de Cristo en el camino del Evangelio. Esas comidas simples
y alegres revelan la solidaridad de Dios y los cambios que esa solidaridad
provoca en la realidad de nuestras vidas y en la vida de Sin duda al hablar así me pueden acusar de “glotón y bebedor” y puede que
sea verdad porque allí he escuchado relatos de personas que han pasado
realmente hambre tanto de pan como de justicia. También porque he
aprendido y se me ha revelado la cultura de aquellos con son usuarios
de alcohol y de otras drogas. En este comer he aprendido a escuchar,
a hacer un extraño silencio que me permite escuchar detrás de cada
historia otra historia de otro que esta realmente presidiendo ese
comer. Ese comer con aquellos que muchos señalamos como “publícanos y pecadores” por aquellos que tenemos el desatino de tirar
la primera piedra, me ha hecho comprender que ese comer en el Hostal
es también un riesgo y que puede conducirnos a muchos a través del
mismo camino de cruz que le llevo al paradigma de nuestra acción solidaria.
Los discípulos no tenemos el derecho a ser tratados en forma diferente
a la que trataron a nuestro Maestro. Comer con los excluidos puede
ser un riesgo, no por aquellos que comparten con nosotros el pan y
la sal, sino por aquellos que son espectadores de la vida y no se
atreven a asumir el riesgo del Evangelio que sobrepasa todo lo que
podemos pensar. En ese comer en el Hostal muchas veces soñé con el banquete del fin de
los tiempos cuando los pueblos del oriente y del occidente, del norte
y del sur se sentaría a una misma mesa de abundante solidaridad. En
esa mesa de la cual nadie se verá excluido, de esa mesa dominical
modelo de todas la mesas a la cual todos y todas son bienvenidos.
En ese comer en el Hostal he entendido que estamos viviendo el segundo
llamado a la cena de la boda. El primer llamado que era limitado y
excluyente ya pasó. El segundo llamado llena la mesa del banquete
de bodas de buenos y malos, de todos aquellos que están viviendo en
situación de calle y no tienen un lugar donde reposar su cabeza ni
tiene las vestimentas de méritos y santidad que exigía el primer llamado.
Estamos llamados a anunciar una invitación abierta, amplia, generosa,
inclusiva. Este comer en el Hostal ha sido para mi un camino de profunda conversión,
me ha hecho entender que tanto el Reino como Este comer en el Hostal me ha llevado a codearme con Lázaro y recordar
su relación con aquel rico que no tuvo tiempo para ver la realidad
que le rodeaba y en esta comunión se han iluminado los abismos que
la exclusión, el hambre y los estigmas han construidos en nuestra
relación con quienes caminan a nuestro lado. En este compartir el
pan y la sal me he sentado al lazo de Zaqueo y he visto increíbles
procesos de reparación que me han servido de inspiración y
fortaleza. En este comer en el Hostal también he vivido fracasos y rupturas. He vista
al hermano mayor que no quiso entrar a celebrar la fiesta con mesa
abundante que un generoso Padre preparó para el hermano pedido y encontrado.
Aquellos que por una comprensión fundamentalista,
rigorista y legal se excluyen de la mesa y de la comunión del pan
y la sal. He podido comprender que sin no nos atrevemos a compartir la mesa con aquel
Extraño que se nos acerca en el camino y con su vida y sus gestos
nos explica el sentido profundo de las Escrituras. Si nuestro corazón
no arde de amor y entusiasmos al escuchar las historias que aquel
Extraño nos cuenta cada noche en el Hostal Solidario, y en todos los
hostales de nuestras vidas, no podremos nunca ver a aquel que al partir
el pan y compartir la sal nos habla de que un mundo y una iglesia
diferente son aún posibles. Pastor Lisandro
Orlov
ARGENTINA Refugio
contra la discriminación a los afectados por el SIDA BUENOS AIRES, dic 8 (alc). Antes estábamos solos. Nadie
quería tenernos cerca, relatan Héctor Rafael y Esteban, ambos de 35
años de edad y dos de los seis hombres portadores del VIH/SIDA alojados
en el Hostal Solidaridad. Lisandro Orlov, un pastor luterano, fundador y administrador
del Hostal Solidaridad, creado en 1992 en el barrio bonaerense Constitución,
declaró al diario en inglés Herald de Buenos Aires, que el SIDA produce
exclusión y discriminación. Aquí hemos encontrado un grupo que ahora son nuestra
familia, corrobora Esteban. El Pastor Orlov agrega "recibimos a todos, sin tomar en cuenta su edad, orientación sexual o creencia
religiosa". "El SIDA
revela que nuestra sociedad no es tan inclusiva como pensamos. Si
alguien, hombre o mujer, descubre que está afectado con el virus VIH,
lo mantiene en secreto, por el temor de ser rechazado". El
Hostal Solidaridad, dice Lisandro Orlov, es un grupo que defiende
los derechos humanos, porque luchar contra la discriminación es luchar
por los derechos humanos. El albergue, sostenido por "No se supone que los residentes terminarán sus
días aquí. Este proyecto es una ayuda para que se reinserten en la
sociedad. Los que ingresan deben querer trabajar, estudiar o tener
un proyecto de vida, y seguir tratamiento médico, explicó el Pastor
Orlov al periodista Nicolás Di Nucci, del Buenos Aires Herald. Cuando Héctor Rafael llegó al Hostal, hace seis meses.
Pesaba sólo 35 kilos, vivía en la calle y no tenía contacto con su
familia o amigos. Los médicos del Hospital Muñiz le dijeron que solamente
un milagro podía salvarlo. Ahora pesa 78 kilos, está aprendiendo electricidad
y panadería y se reúne con su familia, especialmente su hermano. Naturalmente, sostener el hostal no es fácil. Los recursos
son escasos, por eso los alojados tienen que ayudar. Preparan sus
comidas, hacen la limpieza. Querían tener un perro y les dije que
sería su responsabilidad, ésta es su casa. Se ocupan de sacarlo a
pasear, alimentarlo y tenerlo limpio, dice el Pastor Orlov. Esteban cuenta que vivió en otros albergues, pero no
es igual. Allí lo preparan a uno para morir. Aquí nos preparan para
vivir. El Pastor Lisandro Orlov señala que en los años 80 se pensaba
que el SIDA era un problema de los afectados. Ahora se percibe más
claramente que es un problema social, dice. La FLM promueve que sus miembros discutan sobre el SIDA y lo
afronten con respuestas creativas. Por eso el Hostal Solidaridad celebra
reuniones donde se discute sobre las medidas preventivas y se analiza
cómo los medios abordan la pandemia. "Respetamos
las diferencias de conducta sexual. Proteger no es pedir a alguien
que cambie, o condenarlo por su conducta, sino proteger la diversidad", dice Lisandro Orlov. Pero
reconoce que decirlo es más fácil que hacerlo. Los prejuicios existen
en todas partes y no somos la excepción, anota. "Necesitamos
recuperar la humildad de Jesús. Es malo juzgar y excluir. El HIV no
puede ser usado como pretexto para la represión, para no respetar
la diversidad, para no tolerar la libertad", sostiene.
A shelter from discrimination: Run by a Lutheran pastor,
the Solidarity Hostel in the city neighbourhood of Constitución is
a houses men regardless of age, sexual orientation or religious faith. BY NiCOLÁS DI NUCCI HERALD STAFF Héctor Rafael
and Esteban - both35 years old - are two of the six HIV positive men
who live in the Solidarity Hostel in the city neighbourhood of Constitución. "Before
we were alone. Nobody wanted to be near us," says Esteban. "Here
we met a group of people who became our family." Lisandro Orlov,
Lutheran pastor, founder and director of this halfway house founded
in 1992, says HIV causes exc1usion and discrimination. "AIDS
reveals that we are not as inc1usive as we think. If somebody discovers
that he or she has HIV, most of the times he or she may be the only
one to know it due to the fear of being rejected by others. AIDS is
a social problem. What kind of society do we want to be?" Solidarity
Hostel, according to Rev. Lisandro Orlov, is a "human rights
group" because "fighting against discrimination is a struggle
for human rights. The home, which
is supported by the Lutheran World Federation, provides free housing,
board and job training for three months to HIV positive men. But residents
can stay on for longer if they show concrete improvement. "They
(the residents) are not supposed to end their days here. This project
is a way of helping them to reinsert themselves into society. Those
who enter the hostel must be willing to work, study and create a life
project, following medical treatment," explains Pastor Orlov. He adds: "We
try to reinforce their contacts within the community and help them
lose their fear of discrimination. They have to regain personal autonomy." When Héctor
Rafael arrived at Solidarity Hostel six months ago, he weighed only
35 kilos. He was living on the streets and had lost all contact with
his family and friends. Doctors at the nearby Now he weights
78 kilos, and is taking electrician and baking courses. He has reunited
with his family. His brother often visits him at the hostel. Getting the
hostel up and running was difficult. Resources were scarce, so self-management
by residents was necessary and natural. Nowadays, the six men living
in the Solidarity Hostel are responsible for everything that happens
in the house. For instance, they prepare their own meals. "I learned to prepare pizza and they say it
tastes very good," says Héctor Rafael, referring to his fellow
residents. Esteban and
the other residents take care of the housework in the clean, but austerely
furnished, home. The men would like to have a dog, so it will be "their
responsibility to take it to the park, feed it and clean it,"
states Lisandro Orlov. "This is their house. Esteban says
he had lived in other homes for people with AIDS in Greater Buenos
Aires, but they were not the same. "There they prepare you to
die. Here we learn to live." Pastor Orlov
says that during the 1980s it was practically impossible to develop
a project like Solidarity House because of the perception that AIDS
was an issue exclusively for the individual affected. Now, he explains,
there is greater awareness q that AIDS is a social issue. One of the
Lutheran World Federation's main objectives is to engage its members
in open discussion about HIV and AIDS, and promote an active and courageous
response. Following these guidelines, Solidarity Hostel conducts training
sessions where residents learn to lead HIV prevention workshops. During the
workshops particitepants analyze the way the mass media informs the
public about the HIV virus. According to
Orlov, the mass media still tries to scare people in order to prevent
AIDS. "The press associates the disease with death instead of
promoting a love for life," he states. Solidarity
Hostel houses men regardless of age, sexual orientation or religious
faith. "We respect diverse sexual preferences. Protection is
not asking the other one to, change nor condemning his or her choices,
but protecting diversity," explains Pastor Orlov. But he recognizes
that can be easier said than done. "We also had to learn a lot
from our own mistakes, because prejudices are everywhere, and we
were not an exception. Orlov also
offers this advice to religious leaders: "People
would be come closer to a church that is brave enough to speak openly
about sexuality." Reaching out to those in need, he affirms,
is the essence of true religious feeling. . "We must
regain the humility of Jesus. It is bad to judge and exclude. HIV
can't be used as pretext for repression, for hot respecting diversity,
for not tolerating freedom." From “THE |