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.:HOSTAL SOLIDARIO:.

El HOSTAL SOLIDARIO es un espacio creado y sostenido por la Pastoral Ecuménica VIH-SIDA y por la Iglesia Evangélica Luterana Unida, que tiene como objetivo acoger a las personas que viven con VIH o con sida, y que en razón de esta situación necesitan ayuda para sostener su lugar de dignidad en la sociedad.   antes al equipo de la Pastoral.

Es una casa destinada a varones sin tener en cuenta la edad, la orientación sexual o la confesión religiosa. Trata de ser un espacio que promocione las capacidades de las personas que aquí residen, con el objetivo de desarrollar todas sus posibilidades como para permitir una reinserción social más eficaz. Este es un espacio que no quiere crear lazos de dependencia, ni ser meramente asistencialitas. Esta destinado a ser una herramienta que posibilita hacer realidad un proyecto de vida.

El HOSTAL SOLIDARIO es un espacio de autogestión. Todas las tareas relacionadas con la vida cotidiana en la casa son asumidas por los mismos residentes. Es por ello que aquellos que desean vivir en el Hostal tienen que poder auto valerse como para asumir alguna de esas tareas.

El Hostal Solidario es un espacio de encuentro y diálogo de diversas culturas (cristianos de diversas confesiones, personas que proceden de la cultura gay, del contexto de la cultura del uso de drogas, de la cultura de las personas de identidad transgénero). Sus puertas abiertas han de ser una permanente denuncia de las puertas que aún permanecen cerradas por el prejuicio y la exclusión, tanto en las comunidades de fe como en la sociedad en general Alcanzar ese objetivo es una de las líneas fundamentales de este proyecto. El Hostal Solidario es un espacio sostenido por la generosidad de las comunidades cristianas reunidas en la Federación Luterana Mundial y brinda un servicio gratuito de alojamiento, comida y capacitación laboral durante un plazo de tres meses que se renuevan si el residente tiene un real compromiso en poner en práctica el proyecto de vida elaborado al ingresar. El Hostal Solidario también es un espacio que brinda acompañamiento humano, espiritual, psicológico y de prevención de adicciones, a través de los miembros del Equipo de la PASTORAL ECUMÉNICA VIH/SIDA.  Aquellas personas que desean recibir mayor información se pueden comunicar con el coordinador del proyecto, e-mail: lisandroorlov@speedy.com.ar o al telefax: (54+11) 4-384-6568.

 

TESTIMONIO: CASA MISTERIOSA.

Quisiera hablarles de una misteriosa casa en la misteriosa Buenos Aires. Un espacio que se ha ido construyendo y constituyendo como lugar de encuentro de culturas, historias y personas. Una encrucijada de caminos y de vida.

Una casa que pretende que sus puertas abiertas sean una profética denuncia de todas aquellas puertas que aún están cerradas en nuestra sociedad y en nuestras iglesias. Un espacio cuya mayor gloria será el día que con una gran celebración hemos de festejar su cierre porque ya no es más necesaria. En este espacio hemos aprendido que en las acciones de servicio de nuestra iglesia debemos caminar la segunda milla, ir más allá de la compasión para trabajar por la justicia que reconoce la dignidad de todas las personas sin tener en cuenta quienes son y que hacen.
En esta extraña casa la Encarnación del adviento de Dios, de ese Dios  que se hace presente en las vidas y rostros de aquellos que no encuentran lugar en la sociedad ni en las instituciones religiosas. Las historias de frustraciones y dolor nos hacen vivir una Epifanía constante de un Dios que se hace luz para los excluidos y los dudosos. Historias que se transfiguran ante nuestros ojos y nos hacen sentir tan cómodos en el compartir que no quisiéramos bajar a nuestras actividades cotidianas. Historias que también revelan pasión y cruz pero que en medio del dolor son una ascensión a un proyecto de vida que vence a la muerte.
Les estoy hablando del Hostal Solidario que acoge y acompaña en un proyecto de vida a personas que viven con vih o con sida. Al hablar de este proyecto tenemos la tentación de pensar en grandes actos heroicos o sublimes, aún de testimonios impresionantes y novelescos salidos de relatos románticos del siglo pasado. La realidad cotidiana nos llama a ser más imaginativos porque, a mi criterio y según mi experiencia, el centro de su desafío esta en sus comidas. La iglesia y yo mismo he comprendido que cenar, comer en el Hostal es adentrarse y comprender el cenar de Cristo. Es una antología o síntesis de las muchas y variadas comidas de Cristo en el camino del Evangelio. Esas comidas simples y alegres revelan la solidaridad de Dios y los cambios que esa solidaridad provoca en la realidad de nuestras vidas y en la vida de la Iglesia.
Sin duda al hablar así me pueden acusar de “glotón y bebedor” y puede que sea verdad porque allí he escuchado relatos de personas que han pasado realmente hambre tanto de pan como de justicia. También porque he aprendido y se me ha revelado la cultura de aquellos con son usuarios de alcohol y de otras drogas. En este comer he aprendido a escuchar, a hacer un extraño silencio que me permite escuchar detrás de cada historia otra historia de otro que esta realmente presidiendo ese comer.
Ese comer con aquellos que muchos señalamos como “publícanos y pecadores” por aquellos que tenemos el desatino de tirar la primera piedra, me ha hecho comprender que ese comer en el Hostal es también un riesgo y que puede conducirnos a muchos a través del mismo camino de cruz que le llevo al paradigma de nuestra acción solidaria. Los discípulos no tenemos el derecho a ser tratados en forma diferente a la que trataron a nuestro Maestro. Comer con los excluidos puede ser un riesgo, no por aquellos que comparten con nosotros el pan y la sal, sino por aquellos que son espectadores de la vida y no se atreven a asumir el riesgo del Evangelio que sobrepasa todo lo que podemos pensar.
En ese comer en el Hostal muchas veces soñé con el banquete del fin de los tiempos cuando los pueblos del oriente y del occidente, del norte y del sur se sentaría a una misma mesa de abundante solidaridad. En esa mesa de la cual nadie se verá excluido, de esa mesa dominical modelo de todas la mesas a la cual todos y todas son bienvenidos.
En ese comer en el Hostal he entendido que estamos viviendo el segundo llamado a la cena de la boda. El primer llamado que era limitado y excluyente ya pasó. El segundo llamado llena la mesa del banquete de bodas de buenos y malos, de todos aquellos que están viviendo en situación de calle y no tienen un lugar donde reposar su cabeza ni tiene las vestimentas de méritos y santidad que exigía el primer llamado. Estamos llamados a anunciar una invitación abierta, amplia, generosa, inclusiva.
Este comer en el Hostal ha sido para mi un camino de profunda conversión, me ha hecho entender que tanto el Reino como la Iglesia están llamados a ser lugares de inclusión, que de acuerdo al núcleo de nuestra identidad confesional es profundamente incondicional. Estamos invitados a participar de una fiesta donde nunca se nos preguntara por lo que hemos hecho ni quienes somos. Se nos preguntará por nuestra fe y nuestro amor. Esta es la iglesia que he soñado y por la cual me siento llamado a trabajar. Esa iglesia que no pone ni condiciones previas y impone demandas y obligaciones sobre las espaldas de los demás que ni nosotros mismos estamos dispuestos a llevar.
Este comer en el Hostal me ha llevado a codearme con Lázaro y recordar su relación con aquel rico que no tuvo tiempo para ver la realidad que le rodeaba y en esta comunión se han iluminado los abismos que la exclusión, el hambre y los estigmas han construidos en nuestra relación con quienes caminan a nuestro lado. En este compartir el pan y la sal me he sentado al lazo de Zaqueo y he visto increíbles procesos de reparación que me han servido de inspiración y  fortaleza.
En este comer en el Hostal también he vivido fracasos y rupturas. He vista al hermano mayor que no quiso entrar a celebrar la fiesta con mesa abundante que un generoso Padre preparó para el hermano pedido y encontrado. Aquellos que por una comprensión  fundamentalista, rigorista y legal se excluyen de la mesa y de la comunión del pan y la sal.
He podido comprender que sin no nos atrevemos a compartir la mesa con aquel Extraño que se nos acerca en el camino y con su vida y sus gestos nos explica el sentido profundo de las Escrituras. Si nuestro corazón no arde de amor y entusiasmos al escuchar las historias que aquel Extraño nos cuenta cada noche en el Hostal Solidario, y en todos los hostales de nuestras vidas, no podremos nunca ver a aquel que al partir el pan y compartir la sal nos habla de que un mundo y una iglesia diferente son aún posibles.
Pastor Lisandro Orlov


ARGENTINA Refugio contra la discriminación a los afectados por el SIDA (versión en inglés)

 

BUENOS AIRES, dic 8 (alc). Antes estábamos solos. Nadie quería tenernos cerca, relatan Héctor Rafael y Esteban, ambos de 35 años de edad y dos de los seis hombres portadores del VIH/SIDA alojados en el Hostal Solidaridad.

Lisandro Orlov, un pastor luterano, fundador y administrador del Hostal Solidaridad, creado en 1992 en el barrio bonaerense Constitución, declaró al diario en inglés Herald de Buenos Aires, que el SIDA produce exclusión y discriminación.

Aquí hemos encontrado un grupo que ahora son nuestra familia, corrobora Esteban. El Pastor Orlov agrega "recibimos a todos, sin tomar en cuenta su edad, orientación sexual o "El SIDA revela que nuestra sociedad no es tan inclusiva como pensamos. Si alguien, hombre o mujer, descubre que está afectado con el virus VIH, lo mantiene en secreto, por el temor de ser rechazado". El Hostal Solidaridad, dice Lisandro Orlov, es un grupo que defiende los derechos humanos, porque luchar contra la discriminación es luchar por los derechos humanos.

El albergue, sostenido por la Federación Luterana Mundial (FLM), proporciona a las personas que viven con vih o sida alojamiento, alimentación y preparación laboral durante tres meses. Pero pueden prolongar su permanencia si muestran progresos concretos.

"No se supone que los residentes terminarán sus días aquí. Este proyecto es una ayuda para que se reinserten en la sociedad. Los que ingresan deben querer trabajar, estudiar o tener un proyecto de vida, y seguir tratamiento médico, explicó el Pastor Orlov al periodista Nicolás Di Nucci, del Buenos Aires Herald. Cuando Héctor Rafael llegó al Hostal, hace seis meses. Pesaba sólo 35 kilos, vivía en la calle y no tenía contacto con su familia o amigos. Los médicos del Hospital Muñiz le dijeron que solamente un milagro podía salvarlo. Ahora pesa 78 kilos, está aprendiendo electricidad y panadería y se reúne con su familia, especialmente su hermano. Naturalmente, sostener el hostal no es fácil. Los recursos son escasos, por eso los alojados tienen que ayudar. Preparan sus comidas, hacen la limpieza. Querían tener un perro y les dije que sería su responsabilidad, ésta es su casa. Se ocupan de sacarlo a pasear, alimentarlo y tenerlo limpio, dice el Pastor Orlov. Esteban cuenta que vivió en otros albergues, pero no es igual. Allí lo preparan a uno para morir. Aquí nos preparan para vivir. El Pastor Lisandro Orlov señala que en los años 80 se pensaba que el SIDA era un problema de los afectados. Ahora se percibe más claramente que es un problema social, dice. La FLM promueve que sus miembros discutan sobre el SIDA y lo afronten con respuestas creativas. Por eso el Hostal Solidaridad celebra reuniones donde se discute sobre las medidas preventivas y se analiza cómo los medios abordan la pandemia. "Respetamos las diferencias de conducta sexual. Proteger no es pedir a alguien que cambie, o condenarlo por su conducta, sino proteger la diversidad", dice Lisandro Orlov. Pero reconoce que decirlo es más fácil que hacerlo. Los prejuicios existen en todas partes y no somos la excepción, anota. "Necesitamos recuperar la humildad de Jesús. Es malo juzgar y excluir. El HIV no puede ser usado como pretexto para la represión, para no respetar la diversidad, para no tolerar la libertad", sostiene.

 

 

Ayúdame a ayudar a otros y otras,
y no tanto a mi.
Porque no hay nada más lindo
que dar la vida por los demás.
Y que nadie te de un centavo
porque de cierto te digo,
que ha he sido recompensado.
Todo lo que des que no sea esperando recibir algo.
Más bien dalo de corazón y así harás lo debido.
Ama y no esperes ser amado.
Perdona y no esperes ser perdonado.
Así sea, Amén….

Escrito por un residente del Hostal. 1998

 

 

(Versión en ingles) A shelter from discrimination: ­ Run by a Lutheran pastor, the Solidarity Hostel in the city neighbourhood of Constitución is a houses men regardless of age, sexual orienta­tion or religious faith.

BY NiCOLÁS DI NUCCI HERALD STAFF Héctor Rafael and Esteban - both35 years old - are two of the six HIV positive men who live in the Solidarity Hostel in the city neighbourhood of Constitución. "Before we were alone. Nobody wanted to be near us," says Este­ban. "Here we met a group of people who became our family." Lisandro Orlov, Lutheran pastor, founder and director of this half­way house founded in 1992, says HIV causes exc1usion and discrim­ination. "AIDS reveals that we are not as inc1usive as we think. If some­body discovers that he or she has HIV, most of the times he or she may be the only one to know it due to the fear of being rejected by others. AIDS is a social problem. What kind of society do we want to be?" Solidarity Hostel, according to Rev. Lisandro Orlov, is a "human rights group" because "fighting against discrimi­nation is a struggle for human rights. The home, which is supported by the Lutheran World Federation, provides free housing, board and job training for three months to HIV positive men. But residents can stay on for longer if they show concrete improvement. "They (the residents) are not supposed to end their days here. This project is a way of helping them to reinsert themselves into society. Those who enter the hostel must be willing to work, study and create a life project, following medical treatment," explains Pastor Orlov. He adds: "We try to reinforce their contacts within the commu­nity and help them lose their fear of discrimination. They have to regain personal autonomy." When Héctor Rafael arrived at Solidarity Hostel six months ago, he weighed only 35 kilos. He was living on the streets and had lost all contact with his family and friends. Doctors at the nearby Muñiz Hos­pital told him that only a miracle could save him. Now he weights 78 kilos, and is taking electrician and baking courses. He has reunited with his family. His brother often visits him at the hostel. Getting the hostel up and run­ning was difficult. Resources were scarce, so self-management by res­idents was necessary and natural. Nowadays, the six men living in the Solidarity Hostel are responsi­ble for everything that happens in the house. For instance, they pre­pare their own meals. "I learned to prepare pizza and they say it tastes very good," says Héctor Rafael, referring to his fellow residents. Esteban and the other residents take care of the housework in the clean, but austerely furnished, home. The men would like to have a dog, so it will be "their responsi­bility to take it to the park, feed it and clean it," states Lisandro Orlov. "This is their house. Esteban says he had lived in other homes for people with AIDS in Greater Buenos Aires, but they were not the same. "There they prepare you to die. Here we learn to live." Pastor Orlov says that during the 1980s it was practically impossible to develop a project like Solidarity House because of the perception that AIDS was an issue exclusively for the individual affected. Now, he explains, there is greater awareness q that AIDS is a social issue. One of the Lutheran World Federation's main objectives is to engage its members in open discussion about HIV and AIDS, and promote an active and courageous response. Following these guidelines, Solidarity Hostel conducts training sessions where residents learn to lead HIV prevention workshops. During the workshops particitepants analyze the way the mass media informs the public about the HIV virus. According to Orlov, the mass media still tries to scare people in order to prevent AIDS. "The press associates the disease with death instead of promoting a love for life," he states. Solidarity Hostel houses men regardless of age, sexual orienta­tion or religious faith. "We respect diverse sexual preferences. Protec­tion is not asking the other one to, change nor condemning his or her choices, but protecting diversity," explains Pastor Orlov. But he recognizes that can be easier said than done. "We also had to learn a lot from our own mis­takes, because prejudices are everywhere, and we were not an exception. Orlov also offers this advice to religious leaders: "People would be come closer to a church that is brave enough to speak openly about sexuality." Reaching out to those in need, he affirms, is the essence of true religious feeling. . "We must regain the humility of Jesus. It is bad to judge and exclude. HIV can't be used as pre­text for repression, for hot respecting diversity, for not tolerating freedom." From “THE BUENOS AIRES HERALD”. Sunday, December 05, 2004.

 

 

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