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SIDA, una condición común.
Autor: Comisión de Etica. La Comisión de Etica de la Federación Protestante de Francia llama a la comunidad protestante a tomar posición frente a una enfermedad que no es, en primer lugar, la consecuencia de faltas morales, ni es una epidemia estadística que solo afecta a los otros, sino que es una desgracia absurda. Aquellos que juzgan y aquellos que hacen lo mismo que la avestruz, serán juzgados responsables de esta desgracia. Dos posiciones morales diametralmente opuestas han focalizado el debate y la atención pública en el estar a favor o en contra del preservativo, como si la preocupación del "preservarse a sí mismo", ya sea este profiláctico o moral, fuera una muralla suficiente contra la enfermedad. El preservativo no suscita ningún problema moral particular, es un gesto de sabiduría y es positivo de insistir sobre aquello que impide la contaminación. Pero, ¿no arriesgamos de aislar en su desgracia a aquellos y aquellas que ya están afectados, de los remitir a un ghetto imposible?. ¿La lucha contra la enfermedad no pasa, en primer lugar, por ellos, para que no pierdan la confianza en los otros y en la vida, y para que los otros puedan tener confianza en ellos? En este sentido, la fidelidad, entendida como el deseo de construir juntos en el tiempo es un elemento esencial de esta confianza. Pero más generalmente, aquello que la desgracia convoca, y esto de forma urgente, es a una solidaridad desprovista de pánicos estúpidos frente al don de la sangre o de impurezas imaginarias; a hacer todo lo necesario como para no obligar a las personas seropositivas a guardar para ellos un secreto demasiado pesado; a interesarse en la investigación científica y a sostener al personal de la salud, pero a no creer que la ciencia puede resolverlo todo e integrar el sentido de sus límites a nuestra forma de vivir juntos; a hacer de los análisis para detectar la enfermedad un gesto de responsabilidad cotidiana; a enfrentar la dimensión planetaria de la epidemia relacionada con los intercambios. Estos son algunos ejemplos de esta solidaridad vital. Muy modestamente pero simbólicamente, las iglesias protestantes están llamadas, en todos aquellos lugares donde sea posible y sin forzar a nadie, a testimoniar la posibilidad de esta confianza y de esta solidaridad al conmemorar juntos la Cena a través del compartir el pan y la copa común. Es ella nuestra esperanza en la Resurrección. Lo terrible, en el SIDA, es que condensa y revela nuestra condición de mortales. Sin la confianza y la solidaridad, como los únicos elementos que están al nivel de este desastre, la separación entre la pura preocupación de "preservarse a sí mismo" y la simple búsqueda de la Salud pública dejan libre el espacio que el SIDA justamente amenaza y que es nuestra condición común, nuestra capacidad de vivir juntos. Fuente: El Libro Blanco de la Comisión de Etica. Fecha de publicación: junio de 1994. Traducción del Pastor Lisandro ORLOV |
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Le SIDA, une commune condition Auteur : COMMISSION D'ETHIQUE
Des positions morales diamétralement opposées ont focalisé le débat et l'attention publique pour ou contre le préservatif, comme si le souci de la "préservation de soi", qu'il soit prophylactique ou moral, était un rempart suffisant contre la maladie. Le préservatif ne pose aucun problème moral particulier, c'est un geste de sagesse et il est bon d'insister sur ce qui empêche la contamination. Mais ne risque-t-on pas d'isoler dans leur malheur ceux qui sont déjà touchés, de les cantonner dans un impossible ghetto ? Le combat contre la maladie ne passe-t-il pas pourtant d'abord par eux, pour qu'ils ne perdent pas confiance dans les autres et dans la vie et pour que les autres puissent leur faire confiance ? En ce sens, la fidélité entendue comme le désir de construire ensemble dans la durée, est un des éléments essentiels de cette confiance. Mais plus généralement ce que ce malheur appelle, et d'urgence, c'est de la solidarité désarmer les paniques stupides devant le don du sang ou les souillures imaginaires, tout faire pour ne pas contraindre les séropositifs à garder pour eux un secret trop lourd, s'intéresser à la recherche et soutenir le personnel soignant, mais ne plus croire que la science peut tout résoudre et intégrer le sens de ses limites à notre manière de vivre ensemble, faire du dépistage un geste de responsabilité courant, affronter la dimension planétaire d'un fléau lié à la mondialisation des échanges, ce sont quelques exemples de cette solidarité vitale. Très modestement mais symboliquement, les églises protestantes sont appelées, partout où ce sera possible et sans forcer quiconque, à témoigner de la possibilité de cette confiance et de cette solidarité en commémorant ensemble la Cène par le partage du pain et la coupe commune. C'est là pour nous l'espérance de la Résurrection. Le terrible, dans le sida, c'est qu'il condense et dévoile notre condition de mortels. Sans la confiance et la solidarité qui seules sont à la hauteur de ce désastre, la séparation entre le pur souci de "préservation de soi" et la simple recherche de Santé publique laisse vacant le lieu même où le sida menace notre commune condition, notre capacité à vivre ensemble. Nota : Pour information sur les documents précédents de la Fédération Protestante de France, voir entre autres le texte de la Commission d'Ethique de juin 1991 et celui de la Commission Eglise et Santé de mai 1990. Source
: LIVRE BLANC DE LA COMMISSION D'ETHIQUE; |