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Rompiendo el silencio Compromisos de la Consulta Panafricana de Líderes de la Iglesia Luterana frente a la pandemia del VIH/SIDA, Nairobi, 2 - 6 de mayo de 2002 Nosotras, las iglesias de África, miembros de la Federación Luterana Mundial, representadas por obispos y presidentes, mujeres líderes y líderes de la juventud, reunidos y reunidas en Nairobi, en mayo de 2002, contraemos los siguientes compromisos en respuesta al llamado de Dios de actuar e intervenir frente a la pandemia del VIH/SIDA. Lo hacemos en cuanto integrantes de la comunión de iglesias luteranas, basados en nuestra doctrina de la justificación por la gracia de Dios, a todos ofrecida. Nos proponemos ejercer un liderazgo público y visible en nuestro compromiso de poner fin a las injusticias contra quienes viven con el VIH/SIDA y contra las personas afectadas por esta pandemia. Nos comprometemos a orar, a obrar por la justicia y por una vida digna para quienes viven con el VIH/SIDA, y para los que se ven afectados y afectadas o mueren a raíz de esta pandemia. Nos proponemos ser una comunión cuyas congregaciones sean comunidades sanadoras donde se atienda y se defienda a todas las personas que viven con el VIH/SIDA y a las que se ven afectadas por esta pandemia. Nos has llamado, oh Señor, a ser tus siervos y siervas y contraemos este compromiso con Tu ayuda. Nos comprometemos a romper el silencio Reconocemos que mucha gente de buena voluntad, dentro y fuera de nuestras iglesias, ya presta asistencia y apoyo. No obstante, queremos confesar y reconocer públicamente que nosotros, más de una vez, hemos contribuido al estigma y la discriminación, y que nuestras iglesias no siempre han sido lugares seguros ni de acogida para quienes viven con el VIH/SIDA ni para las personas afectadas por esta pandemia. En algunos casos, se ha negado la santa comunión a quienes viven con el VIH/SIDA, se ha negado el funeral a quienes habían muerto de SIDA y no se ha consolado a sus deudos. Nos arrepentimos de estos pecados. Por lo tanto, nos comprometemos a responder fiel y valerosamente rompiendo el silencio, para hablar abierta y sinceramente de la sexualidad humana y el VIH/SIDA. Reconocemos que es de capital importancia que obispos, presidentes y demás líderes de la iglesia hablen en público y estén a la vanguardia de quienes rompen el silencio. Formularemos una política de la iglesia sobre VIH/SIDA y alentamos a cada congregación e institución eclesiástica a establecer y adoptar un plan de acción para aplicarla y responder a ella. Fieles al Espíritu de Misericordia, contraemos este compromiso con la ayuda de Dios. Nos comprometemos a que nuestras iglesias sean comunidades sanadoras mediante la oración y la acción El silencio de quienes viven con el VIH/SIDA y sus familias sólo se puede romper cuando saben que no se les juzgará ni se les excluirá o discriminará. Nos comprometemos a convertir nuestras palabras en obras, siguiendo el ejemplo de Jesucristo, haciendo de nuestras iglesias lugares seguros de apoyo y comunidad para quienes viven con el VIH/SIDA y para las personas afectadas por esta pandemia. Este compromiso comienza por suprimir todas las formas de condena y rechazo. En cambio, crearemos entornos de apertura y aceptación, y exhortaremos a pastores y líderes laicos a hablar abiertamente del VIH/SIDA y a dar el ejemplo en las parroquias locales, respetando la dignidad y el lugar que ocupa cada cual en la comunidad. Acogeremos en nuestra iglesia a los grupos de apoyo, que crearemos con personas que viven con el VIH/SIDA o se ven afectadas por esta pandemia, y las incluiremos en la planificación y puesta en práctica de nuestra labor relacionada con el VIH/SIDA. Confiando en el Espíritu de Valor contraemos este compromiso con la ayuda de Dios. Nos comprometemos a aprender y enseñar Nos comprometemos a crear una visión de la iglesia cuya misión no se limite a sus feligreses, sino se cumpla extendiéndose a todas las personas. Nos comprometemos a dar cabal prioridad a la educación, y a encontrar modos y medios de instruirnos e instruir a nuestra gente acerca del VIH/SIDA. Estamos dispuestos a impartir esta educación en todos los niveles de la iglesia, de la dirección a la comunidad local, y contando con la participación de personas influyentes de la comunidad. Afirmaremos la dignidad de hombres y mujeres enseñando acerca de la sexualidad y las relaciones humanas, el amor, el respeto mutuo, y la igualdad. Orando por el Espíritu de Sabiduría contraemos este compromiso con la ayuda de Dios. Nos comprometemos a prestar asistencia y asesoramiento Nos comprometemos a convertir el estigma y la discriminación en asistencia y acompañamiento pastoral a quienes viven con el VIH/SIDA y a las personas afectadas por esta pandemia, y preconizamos y apoyamos el examen voluntario para detectar el VIH/SIDA. Nos comprometemos a abordar con confianza las cuestiones controvertidas que siembran temor en nosotros y nosotras y que contribuyen al silencio. Apoyaremos y ofreceremos más formación en materia de asistencia y asesoramiento. Reforzaremos la participación de los y las jóvenes que se ocupan de instruir a sus coetáneos. Nos proponemos, sobre todo, a apoyar a las personas seropositivas para que vivan la plena calidad de la vida como integrantes de la comunidad. Condenaremos enérgicamente el abuso sexual y seremos plenamente solidarios de todas sus víctimas. Nos comprometemos a encontrar medios para atender a los huérfanos y huérfanas del SIDA, a los niños y niñas que son jefes y jefas de familia, y a las viudas del SIDA. Supeditando nuestra voluntad al Espíritu de Servicio contraemos este compromiso con la ayuda de Dios. Nos comprometemos a obrar por la prevención A la luz de nuestra ética luterana, nos comprometemos a examinar actitudes y comportamientos que pueden dañar al prójimo. Nos comprometemos a actuar enérgicamente para garantizar la prevención del VIH, colaborando con los esfuerzos para detener la propagación de la pandemia. Diremos la verdad acerca de la propagación del VIH/SIDA y su prevención, incluyendo el cambio de comportamiento que hace falta. No nos opondremos al uso de ningún método eficaz de prevención. A la escucha del Espíritu de Verdad, contraemos este compromiso con la ayuda de Dios. Nos comprometemos a seguir ahondando en nuestra interpretación teológica de los retos que plantea el VIH/SIDA Nos comprometemos a seguir ahondando en nuestra interpretación teológica de los retos que plantea el VIH/SIDA, guiados por nuestra doctrina luterana. Concretamente, abordaremos desde una perspectiva teológica el problema del estigma y la discriminación como una cuestión de injusticia social. Predicaremos un evangelio de esperanza en medio del desastre del VIH/SIDA. Nos comprometemos a crear y utilizar una liturgia del culto que nos ayude a hacer frente al sufrimiento que provoca el VIH/SIDA y a la lucha contra la pandemia. Pondremos todo nuestro empeño en que esos debates teológicos se entablen en nuestros seminarios e instituciones donde se enseña teología. Haremos lo que haga falta para que la problemática del VIH/SIDA se incluya adecuada y contextualmente en los programas de educación teológica, formación de líderes laicos y formación permanente. También nos comprometemos a elaborar y utilizar material didáctico sobre el VIH/SIDA para las escuelas dominicales, las clases de confirmación, las escuelas y demás instituciones de la iglesia. Afirmados por la inspiración del Espíritu que nos da seguridad, contraemos este compromiso con la ayuda de Dios. Nos comprometemos a colaborar y a concertar esfuerzos con quienes luchan contra el SIDA Nos comprometemos a buscar otros asociados y asociadas, y a colaborar con ellos y ellas en nuestra lucha contra el VIH/SIDA, en particular, con quienes viven con el VIH/SIDA, y con las personas afectadas por la pandemia, y sus organizaciones. Estaremos dispuestos a aprender de todos ellos y ellas. Reconocemos que no podemos cumplir esta labor por cuenta propia. Afirmamos que por ser iglesias tenemos que dar un aporte significativo a la labor nacional e internacional. Concretamente, nuestra labor será ecuménica y, por lo tanto, trabajaremos con otras iglesias, otras tradiciones de fe, las ONG y nuestros respectivos gobiernos. Nos esforzaremos por establecer vínculos con ONUSIDA y las demás instituciones especializadas de la ONU. Nos comprometemos a establecer vínculos con expertos y expertas de las subregiones africanas que forman parte de la iniciativa ecuménica sobre SIDA del Consejo Mundial de Iglesias. Nos proponemos conseguir los recursos necesarios para llevar a cabo nuestros planes, incluyendo la asignación de nuestros propios recursos financieros a la educación, la formación, la asistencia y el asesoramiento. Como miembros del Cuerpo de Cristo, contraemos este compromiso con la ayuda de Dios. Nos comprometemos a una labor de defensa Nos comprometemos a movilizarnos por el acceso a precios razonables a medicamentos antirretrovirales y contra infecciones oportunistas, y pondremos a disposición la infraestructura y los recursos de nuestra iglesia para prestar apoyo médico al tratamiento. Nos comprometemos a movilizarnos por prácticas de trabajo justas y por un acceso adecuado a la atención médica, la vivienda y la educación de quienes viven con el VIH/SIDA y de las personas afectadas por la pandemia. Nos comprometemos a luchar contra las prácticas nocivas tanto modernas como tradicionales. Porque creemos que cuando un ser humano sufre, sufrimos todos, contraemos este compromiso con la ayuda de Dios. Nos comprometemos a luchar contra la pobreza y a obrar por garantizar medios de sustento a quienes viven con el VIH/SIDA y a las personas afectados y afectadas por la pandemia Reconocemos que la pobreza y el analfabetismo agravan y contribuyen a la propagación de la pandemia del VIH/SIDA. Por lo tanto, nos comprometemos a obrar por la seguridad alimentaria de quienes ya no pueden procurarse el sustento, respondiendo a los derechos humanos fundamentales y al derecho otorgado por Dios de vivir con dignidad. Nos comprometemos a luchar contra la corrupción y a pedir cuentas a nuestros gobiernos por la distribución justa de recursos, a escala nacional y mundial, pues estas injusticias contribuyen a agudizar la pobreza y aceleran la propagación del VIH/SIDA. En el Espíritu de Jesucristo, nuestro Salvador, que fue pobre para que podamos ser ricos, que murió para que podamos vivir, contraemos este compromiso con la ayuda de Dios. |