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RESPONSABILIDAD PERSONAL Y RESPONSABILIDAD PUBLICA FRENTE AL SIDA:
elementos para una reflexión.

Autor: Comisión de Etica.

La Comisión de Etica de la Federación Protestante de Francia desea en gran manera llamar la atención del publico con relación al hecho de que, ni una pura moral del "preservarse a uno mismo" ni los simples esfuerzos de las instituciones de salud pública son una respuesta suficiente al desafío del SIDA. En una sociedad en la que uno ha tomado el habito de separar bastante las libertades privadas y los asuntos públicos, ninguna de estas reacciones permiten verdaderamente acceder a la plena responsabilidad personal y publica.

I. LA MORAL DEL PRESERVARSE A UNO MISMO.

La moral de la preservación de uno mismo es ciertamente un momento importante de la responsabilidad ética frente al SIDA y ella asume dos formas principales:

Aquella de una moral "puritana", donde la sexualidad es percibida como solidaridad con aquellos y aquellas que uno ama y con las generaciones siguientes, y donde la resistencia a la toxicomania tiende en su espiritualidad el coraje de vivir que a menudo falta en una sociedad donde uno desea evadirse.

Aquella de un moral "liberal", que concede prioridad, en el respeto de las libertades individuales, a aquello que permite que "el SIDA no pase por mi" (preservativos, distribución gratuita de jeringas, etc.)

Para nosotros, estas dos formas de moral no son excluyentes y deben ambas ser desarrolladas públicamente.

Pero no se trata de actuar simplemente diferenciando la prevención en función de grupos bien focalizados según sus costumbres y sus representaciones respectivas: la ética busca modificar esos comportamientos y esas representaciones (la fidelidad no es solamente un valor puritano, por ejemplo, y el preservativo no es solamente una técnica de higiene).

No se puede creer que el dominio moral de la vida es suficiente como para preservar a cada uno del SIDA, que continuaría siendo de esta forma "la enfermedad del otro" ("sí yo me cuido jamás me enfermaré"). La sola preocupación de la preservación de uno mismo puede conducir a una moral de la exclusión del otro o la otra. De aquello que se trata es que cada uno actúe de forma tal que pueda dar una estructura y construir su responsabilidad.

El SIDA nos interesa a todos, no es un mal que se debe excluir junto con aquellos que son sus portadores, como los chivos emisarios señalados por su sexualidad, su toxicomanía, o su origen étnico o geográfico.

Además el SIDA nos interesa a todos en conjunto: porque juntos debemos redefinir los comportamientos más solidarios tanto en la vida como en la muerte. En este tema cada una de las conductas individuales tiene consecuencias y entramado público.

2. LOS ESFUERZOS DE LA SALUD PUBLICA.

Los esfuerzos de la salud pública son ciertamente el otro fundamento de la acción contra el SIDA. Estos actúan en diversos planos:

Aquel de la investigación pura sobre el virus, con el objetivo de encontrar tratamientos.

Aquel de los análisis, que no pueden llegar a ser obligatorios, a menos que sean vividos por todos como una solidaridad necesaria y no como un medio de precaverse contra los demás.

Finalmente aquel de la cooperación internacional, destacadamente en dirección del Africa, sin la cual la gestión de la salud nacional continuará siendo un escape ilusorio e inmoral.

Estos diferentes esfuerzos tienen el mérito de no bajar la guardia frente a la enfermedad y a la desgracia. Y también ella es una ética. Pero estos esfuerzos públicos no podrían ser suficientes sin el sentimiento público de una responsabilidad compartida, que no se descarga sobre las instituciones.

No se puede permitir que estos esfuerzos dejen creer que existe una solución técnica a todos los problemas, sin jamás afrontar el hecho de que existen límites a nuestros medios, y sin jamás integrar este sentimiento de límites a nuestra forma de vivir juntos.

De otra forma, las instancias públicas terminan por limitarse a la gestión técnica de los diferentes temas, sin jamas aceptar el ser el lugar dónde se define un proyecto común, un querer vivir juntos.

Este error es sensible allí donde uno quiere aplicar una información racional a conductas profundamente "no razonables" ligadas a la sexualidad o a la toxicomanía, por ejemplo, pero también a los diferentes y no menos peligrosos pánicos del público (el miedo irreflexivo a donar sangre, la persecución de impurezas imaginarias, etc.)

Vana es la información que no hace un llamado a la solicitud, a ese sentimiento de solidaridad que se ejerce según la soledad y la singularidad de cada uno.

Los valores del honor y del coraje pueden ser afectados aún en aquellos que se sienten "perdidos", y que arriesgan sus vidas y la de otros y otras. La información puede, entonces, hacerse afectiva, invocando un rostro amado y dándole lugar.

Entre las exigencias de hacer más solidarios los comportamientos individuales y la tarea de transformar la acción pública su dimensión ética de proyecto en común, hace necesario desde ahora en adelante que se establezca el debate público. Si este debate la separación entre la pura preocupación de "preservarse a uno mismo" y la simple búsqueda de la salud pública dejan vacante el lugar mismo donde el SIDA amenaza nuestro común condición.

Fuente: El Libro Blanco de la Comisión de Etica.

Fecha de publicación: junio de 1991

Traducción del Pastor Lisandro Orlov



Responsabilité personnelle et responsabilité publique face au SIDA : éléments de réflexion

Auteur : COMMISSION D'ETHIQUE


La Commission d'Ethique de la Fédération Protestante de France souhaite attirer largement l'attention du public sur le fait que ni une pure morale de la "préservation de soi" ni les simples efforts des institutions de la Santé publique ne suffisent à répondre au defi du Sida. Dans une société où l'on a pris l'habitude de trop séparer les libertés privées et les affaires publiques, aucune de ces réactions ne permet vraiment d'accéder à la pleine responsabilité : personnelle et publique.

1. LA MORALE DE LA PRESERVATION DE SOI :

La morale de la préservation de soi est certainement un moment important de la responsabilité éthique face au Sida, et elle prend deux formes principales :

Celle d'une morale "puritaine", où la sexualité est perçue comme solidarité avec ceux que l'on aime et avec les générations suivantes, et où la résistance à la toxicomanie tient à ce qu'elle puise dans sa spiritualité le courage de vivre qui manque souvent à une société dont on veut s'évader.

Celle d'une morale "libérale", qui donne la priorité, dans le respect des libertés individuelles, à ce qui permet que "le Sida ne passe pas par moi" (préservatifs, gratuité des seringues, etc.).

Pour nous ces deux formes de morale ne sont pas exclusives et doivent toutes deux être publiquement développées.

Mais il ne saurait s'agir simplement de différencier la prévention en fonction de groupes bien "ciblés" selon leurs moeurs et leurs représentations respectives : l'éthique cherche à modifier ces comportements et ces représentations (la fidélité n'est pas seulement une valeur puritaine, par exemple, et le préservatif n'est pas seulement une technique d'hygiène).

Il ne faudrait pas laisser croire que la maîtrise morale de sa vie suffise à préserver chacun du Sida, qui resterait ainsi "la maladie de l'autre" ("si je fais bien attention je ne serai jamais malade"). Le seul souci de la préservation de soi pourrait conduire à une morale de l'exclusion de l'autre. Alors qu'il s'agit pour chacun de former et de construire sa responsabilité.

Le Sida nous concerne tous, et n'est pas un mal à exclure avec ceux qui en seraient les porteurs, comme des boucs émissaires désignés par leur sexualité, leur toxicomanie, ou leur origine ethnique ou géographique.

En outre le Sida nous concerne tous ensemble : c'est ensemble que nous devons redéfinir des comportements plus solidaires dans la vie et devant la mort. Dans cette affaire chacun des comportements individuels a des conséquences et des enjeux publics.

2. LES EFFORTS DE LA SANTE PUBLIQUE :

Les efforts de la Santé publique sont certainement l'autre fondement de l'action contre le Sida. Ils opèrent sur plusieurs plans :

Celui de la recherche pure sur le virus, pour trouver les traitements.

Celui du dépistage, qui ne pourrait devenir obligatoire que s'il était ressenti par tous comme une solidarité nécessaire et non comme un moyen de se prémunir contre les autres.

Celui enfin de la coopération internationale, notamment en direction de l'Afrique, sans quoi la gestion de la santé nationale reste une fuite illusoire et immorale.

Ces différents efforts ont le mérite de ne pas baisser la garde face à la maladie et au malheur. Et cela aussi est une éthique. Mais ces efforts publics ne sauraient suffire sans le sentiment public d'une responsabilité partagée, qui ne se décharge pas sur les Institutions.

Il ne faudrait pas que ces efforts laissent croire qu'il y a une solution technique à tous les problèmes, sans jamais affronter le fait qu'il y a des limites à nos moyens, et sans jamais intégrer ce sens des limites à notre manière de vivre ensemble.

Sinon les instances publiques finissent par se borner à la gestion technique des différents dossiers, sans jamais accepter d'être le lieu où se définit un projet commun, un vouloir-vivre ensemble.

Ce défaut est sensible là où l'on veut appliquer une information rationnelle à des conduites profondément "non raisonnables" liées à la sexualité ou à la toxicomanie, par exemple, mais aussi aux différentes et non moins dangereuses paniques du public (la peur irréfléchie de donner son sang, la hantise de souillures imaginaires, etc.).

Vaine est l'information qui ne fait pas appel à la sollicitude, à ce sentiment que la solidarité s'exerce selon la solitude et la singularité de chacun.

Les valeurs de l'honneur et du courage peuvent être touchées même chez ceux qui se sentent "perdus", et qui risquent leur vie et celle des autres. L'information peut alors se faire affective, invoquant un visage aimé et lui faisant place.

Entre l'exigence de rendre plus solidaires les comportements individuels et la tâche de rendre à l'action publique sa dimension éthique de projet commun, il faut désormais que le debat public s'établisse.

Faute de quoi la séparation entre le pur souci de "préservation de soi" et la simple recherche de Santé publique laisse vacant le lieu même où le Sida menace notre commune condition.

Source : LIVRE BLANC DE LA COMMISSION D'ETHIQUE;
Date de parution : juin 1991