volver a la página anterior
volver a la página de inicio

1º Encuentro Ecuménico para una Pastoral del SIDA.

Convocados por el Movimiento Ecu­ménico por los Derechos Humanos se reunieron el 19 de agosto pasado sa­cerdotes, pastores, religiosos y religiosas, y fieles pertenecientes a diversas iglesias cristianas con el fin de participar del Primer Encuentro Ecuménico para una Pastoral del SIDA. (Casa de Nazareth. Buenos Aires), Este en­cuentro tenia por finalidad despertar la conciencia de las comunidades cristia­nas para que participen activamente en esta crisis. La amplia participación y la representatividad de los participantes demostró el interés creciente sobre el tema.

La jornada se desarrolló jalonada por diversas ponencias. En primer lu­gar el Dr. Héctor Pérez del Servicio de Infectología del Hospital Municipal Juan Fer­nández presentó el impacto de la epidemia en el mundo y en nuestro país, marcando las  proyecciones que llaman a una urgente participación de toda la comunidad en su prevención. El Dr. Mario Ambrona, Director del Programa de Enfermedades de Transmisión Se­xual y SIDA del Ministerio de Salud y Acción Social de la Nación, junto con los Lic. Carlos Tomás Perís y Mirta Mo­linari del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (Pastoral y Acción Solidaria con afectados por el SI­DA) presentaron los aspectos psicoló­gicos y humanos que presenta esta epidemia en todos los afectados. El Pa­dre Rafael Braun, profesor de teología moral de la Facultad de Teología de la Universidad Católica presentó los as­pectos éticos y morales que suscita la epidemia. El Pastor Lisandro Or!ov in­trodujo a los participantes en el pensamiento de las iglesias con relación al tema  del SIDA.

Al concluir, los participantes redac­taron una declaración y llamado a los cristianos y a todos los hombres y mu­jeres de buena voluntad para imple­mentar una acción solidaria que se ex­prese en la educación para la prevención, en una pastoral totalizado­ra y en una fundamentación del mensaje  a presentar a partir de! compromiso cristiano.

Los participantes provenían de la iglesia Anglicana, Católica Romana,  Metodista, Luterana. Valdense. Metro­politana, Pentecostal y Evangélica del Río de la Plata­

Buenos Aires, 14 de agosto de 1989.

Lisandro Orlov. Coordinador del Encuentro

DECLARACIÓN DEL PRIMER ENCUENTRO ECUMÉNICO PARA UNA PASTORAL DEL SIDA.

1º de agosto de 1989.

Nosotros, hombres y mujeres de buena voluntad, pertenecientes a di­versas iglesias y organismos cristia­nos, reconocemos el desafío que nos presenta el SIDA, y por ello hacemos este llamado que está dirigido tanto a la sociedad como a las comunidades a las que pertenecemos.

Llamamos a responder rápidamente con gestos concretos de solidaridad para con todos los afectados por esta epidemia, a ejemplo de Cristo mismo, a quien reconocemos como nuestro Señor y Maestro, que dijo a sus discí­pulos: "...porque tuve hambre y uste­des me dieron de comer; tuve sed y me dieron de beber, estaba de paso y me alojaron: desnudo. y me vistieron; en­fermo y me visitaron; preso y me vinie­ren a ver" (Mateo 25:35-36). Jesús nos da ejemplo con su vida y acción que desafían barreras creadas por los seres humanos, barreras de raza, sexo, de impureza ritual y social. Su acción soli­daria va más allá de esas limitaciones.

Llamamos a responder en esta epi­demia del SIDA con gestos de perdón y reconciliación porque ninguno es dig­no de tirar la primera piedra (Juan 8:7).

Reconocemos que el SIDA no es un castigo divino ni un juicio moral sobre las personas afectadas. Por esto llama­mos a implementar un proyecto educa­tivo que transmita información correc­ta que ayude a prevenir esta enfermedad.

Reconocemos que el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida pone de manifiesto el síndrome del miedo que produce prejuicios y marginación. Co­mo miembros de comunidades cristia­nas estamos convocados a ser signo visible de comunión y compasión para con todos los que sufren y son marginados por la sociedad, y en este caso lo estamos de modo especial con los afectados por el SIDA.

Como cristianos estamos llamados a luchar por la dignidad humana y con­tra los estigmas y prejuicios. Estamos llamados a aliviar las cargas que cada uno lleva sobre sí, respetando la iden­tidad de todos. No debemos agregar cargas a las ya difíciles de soportar. De­bemos aprender a escuchar y a reco­nocer que el testimonio de muchos de los afectados nos han enseñado mu­cho sobre la vida y sobre la muerte.

Llamamos a las iglesias a implementar una presencia que contemple la to­talidad de las necesidad de los afecta­do por el SIDA. Llamamos a alentar la presencia de voluntarios que sean testigos de espe­ranza y solidaridad.

Reconocemos que el SIDA  agrega marginaci6n sobre grupos y personas que ya estaban marginados, ya sea por su situación económica, cultural, su dependencia de drogas u orientación sexual. Por ellos llamamos a las comu­nidades cristianas a tomar parte activa en el proceso de reencuentro y toma de conciencia de esta realidad y traba­jar junto con otros organismos nacio­nales o privados en la humanización y defensa de la dignidad de todos los se­res creados a la imagen de Dios.

II. EDUCACION y PREVENCION

Como comunidades cristianas de­bemos reconocer que el tema de la educación y la prevención es responsabilidad de todos.  Por ello convocamos a nuestras comunidades y a la so­ciedad toda a implementar un proyecto educativo que luche contra la discriminación y fomente la solidaridad.

También consideramos que ese plan educativo debe estar dirigido a to­da la comunidad en todos sus esta­mentos sociales y culturales: a las fami­lias. a los niños y adolescentes, a los profesionales, a los medios de comuni­cación social, a los pobres y a los ricos.

Ese plan educativo debe tener !:ID. discurso claro, conciso y homogéneo, adecuado a cada nivel y región del país, respetando las pautas religiosas y culturales de las mismas.

Llamamos a nuestras comunidades y a los organismos oficiales competen­tes a implementar una educación se­xual en las escuelas, y que esta sea una materia incluida dentro de un plan más amplio de educación para la salud, pre­sentando el tema del SIDA como una enfermedad de transmisión sexual. e incluirla así come un problema que debe encarar toda la comunidad, fomen­tando la participación y la solidaridad social.

III. PASTORAL

La acción pastoral a la que convoca­mos a implementar debe tener como centro el llamado del Señor Jesucristo que dijo: "Yo he venido para que ten­gan vida y la tengan en abundancia. Nuestro mensaje debe nacer de la vida y no desde la muerte.

Llamamos a implementar una ac­ción pastora! realista, dirigida tanto a los afectados como a su familia, ami­gos. pareja, agentes de la salud y a to­da la sociedad. Esta pastoral debe con­vocar a toda la comunidad cristiana en su elaboración e implementación.

Esta pastoral tendrá como objetivos el educar contra el miedo y el prejuicio, defender la dignidad de las personas, acompañar a todos en un gesto verda­deramente inclusivo.

En esta epidemia iremos aprendien­do cómo implementar una acción pasto­ral que luche contra toda forma de dis­criminación tanto en la sociedad como dentro de las iglesias.

En esta pastoral debemos aprender a escuchar, consolar y acompañar. Re­conocer nuestras limitaciones pero con la seguridad de que el amor de Dios sobrepasa todo lo que podemos pensar.

. Esta pastoral solidaria debe fomen­tar el trabajo de los voluntarios, que co­rrectamente preparados, puedan coo­perar en forma integral con los afectados y el mundo que les rodea.

En la Casa de Nazareth, Ciudad de Buenos Aires, 1º de agosto de 1989