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LOS MULTIPLES ROSTROS DEL SIDA UNA RESPUESTA DESDE EL EVANGELIO (11 de diciembre de 1987) (Declaración de la Oficina Administrativa de la Conferencia Católica de Estados Unidos, emitida el 11 de diciembre de 1987). INTRODUCCION En la vida de la sociedad como en la de los individuos, hay acontecimientos importantes, momentos decisivos. Hoy nuestra sociedad hace la experiencia de un acontecimiento importante y de un momento decisivo: de la omnipresente enfermedad conocida bajo el nombre de SIDA (“síndrome de inmunodeficiencia adquirida “). Que ésta infección exista bajo la forma de virus, VIH (virus de inmunodeficiencia humana), que debilite el cuerpo de una persona afectada por el complejo de enfermedades oportunistas relacionadas con el VIH-SIDA que anuncie una muerte probable provocada por la enfermedad misma. El SIDA es una realidad que debemos encarar. Con esta enfermedad, la Iglesia se encuentra enfrentada a un grave problema pastoral. La etiología de esta epidemia mortal, su prevención y los cuidados que hay que proporcionar a los afectados plantean a la sociedad serias cuestiones morales. ¿Qué relaciones podemos mantener con aquellos que han quedado expuestos al virus o con aquellos que tienen la enfermedad? ¿Cuáles son nuestras responsabilidades en cuanto miembros de la iglesia y de la sociedad en lo que concierne a los cuidados que hay que proporcionar o el apoyo que hay que dar? ¿Qué podemos y qué debemos hacer para impedir la propagación de la enfermedad? El modo según hagamos esta selección, con las implicancias morales de éstas, afectarán tanto las generaciones actuales como y muy probablemente, a las generaciones futuras. Para orientar tales decisiones y otras semejantes hemos decidido publicar esta declaración: “Los Múltiples Rostros Del SIDA Una Respuesta Desde El Evangelio”. Les invitamos a leerla atentamente y a seguir sus recomendaciones. Nuestras reflexiones pueden resumirse así: Ø Como todas las otras enfermedades el SIDA es una enfermedad humana contra la cual debemos responder de una forma constante, teniendo en cuenta las mejores informaciones médicas y científicas a nuestra disposición. Ø En cuanto miembros de la Iglesia y de la sociedad, tenemos la responsabilidad de ser solidarios con los que están expuestos a esta enfermedad o que la experimentan, y frente a su situación tener compasión y comprensión. Debemos proporcionarle ayuda espiritual y pastoral, servicios médicos y sociales, brindar apoyo a sus familias y amigos. Ø En cuanto miembros de la Iglesia, tenemos el deber de presentar con claridad la doctrina moral católica tocante a la intimidad y a la sexualidad humana. Ø la discriminación o la violencia ejercida contra una persona viviendo con SIDA son injustas e inmorales. Ø En cuanto sociedad, tenemos que desarrollar programas, claramente educativos, para impedir la difusión de la enfermedad. Estos programas deben reflejar una concepción auténtica de la intimidad y de la sexualidad humana, como también tener en cuenta el pluralismo de los valores y de las actitudes de nuestra sociedad. Las personas que han sido expuestas al virus deben comprometiere a vivir de modo de no causar daño o problema potencial a otros y otras. - Fieles al evangelio de nuestro Señor y a nuestras mejores tradiciones comunitarias, confiamos en que nuestra sociedad sabrá tomar sabias decisiones en este momento en que, juntos, tenemos que vivir este período crucial. -Una de las características distintivas de este ministerio de Jesús es el modo como captó los acontecimientos, ordinarios o excepcionales, de la vida humana y reveló un sentido o una potencialidad que la mayoría de sus contemporáneos, por no decir todos, no habían podido descubrir del mismo modo. El amor humano es revelador del amor divino. Así, la muerte revela la posibilidad de una vida nueva. El desafío lanzado hoy a los discípulos del Señor resucitado es imitarlo frente a las experiencias contemporáneas, sean alegres o dolorosas, y descubrir en ellas el sentido profundo que, sin esto, corre el peligro de quedar escondido. Una de estas experiencias es la presencia del SIDA en nuestro país y en otras regiones del mundo. En estos últimos años, como obispos, hemos encontrado personas con SIDA en nuestro ministerio pastoral. Quisiéramos compartir con ustedes los múltiples rostros del SIDA, que hemos podido encontrar. Miren María y a Felipe, de treinta y cinco años de edad aproximadamente, Ambos han tenido éxito en su vida profesional. Después de muchos años de búsqueda, se han encontrado y se han enamorado uno del otro. Hace tres años que se casaron y desean ardientemente tener un hijo. Un amigo de María, que está a punto de practicarse una operación quirúrgica, les pide donar sangre. Conforme a la política y a la práctica de los bancos de sangre hoy en día, la sangre de María es sometida a un examen de detección del VIH-SIDA. Los resultados son positivos: María está infectada por el virus del SIDA transmitido por una pareja anterior. Para esta joven la vida se encausa hacia un fin brutal, trágico. Juan es un joven educado en la ciudad por una madre soltera que lo ama mucho. A pesar de los esfuerzos de está, tiene la sensación de que su ambiente de vida es una cárcel y trata de evadirse en la droga. Luego de seis meses de una enfermedad intermitente acaba por ser admitido en un hospital público. Se diagnostica SIDA. Juan tiene la impresión de ser víctima de fuerzas que lo sobrepasan. Pedro con cerca de treinta años de edad, tiene una brillante posición. La vida no fue siempre de color de rosa para él. Desde su adolescencia tiene conciencia de su orientación homosexual, pero las reacciones de su entorno, con frecuencia, le han hecho creer que estaba solo y rechazado. A través de los años, Pedro a sido sexualmente activo y, recientemente, cuando su empleador descubrió que estaba infectado por el SIDA, lo despidió. A la vez asustado y rebelde, Pedro trata de vivir, sin los beneficios de un seguro por enfermedad. Lilli tiene quince meses. Su madre es usuaria de drogas y fue expuesta al virus del SIDA antes de la concepción. Su madre la abandonó. Como muy pocas personas adoptan a un niño infectado de SIDA, Lilli está cuidada en un hospital público. No conocerá otra casa porque sin duda no tardará en morir. ¿Que nos dice el Evangelio de estos rostros representativos del SIDA? Primero, Jesús nos reveló que Dios es un Dios de compasión y no de venganza. Toda persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios, tiene un valor inestimable. Toda vida humana es sagrada y su dignidad debe ser respetada y protegida. La enseñanza de Jesús sobre la sexualidad humana y las normas morales, enseñadas por la iglesia, no son imposiciones arbitrarias sino, al contrario, son aperturas hacia la profundidad de la persona humana. Segundo, la Iglesia reconoce que la enfermedad y el sufrimiento no se limitan a un solo grupo o clase social. Al contrario, el misterio de la condición humana es tal que, de un modo u otro, tenemos todos que enfrentar el dolor, la decadencia y, en fin, el misterio de la misma muerte. Por lo tanto, visto a través de la fe, este misterio no se cierra sobre sí mismo. Por la participación de la vida en Cristo, el sufrimiento y el dolor humano tienen un sentido y un fin redentor. Tienen el poder de abrir al ser humano a una vida nueva. Para todos son, a la vez, una oportunidad y un desafío porque nos invitan a responder al sufrimiento como lo hizo Jesús: con amor y solicitud. Tercero, mientras predicaba un evangelio de compasión y de conversión, Jesús proclamó también a los que tenían mayor necesidad una buena nueva de perdón. En la parábola del hijo pródigo, el padre no espera que el hijo llegue hasta él, y corre al encuentro del hijo, con generosidad, perdón y compasión. Este espíritu de perdón Jesús lo trasmitió a sus discípulos. Por lo tanto, para los cristianos, los casos de las personas afectadas por el SIDA no deben convertirce en ocasión de estereotipos, de prejuicios, de odios o recriminaciones, de rechazo y de aislamiento, de injusticia o condena. Nos dan ocasión para acompañar a los que sufren, de ser compasivos para con aquellos que, de otra manera, podríamos tener miedo: darles fortaleza y valentía a los que viven en la perspectiva de la muerte, como también a sus seres queridos. En esta perspectiva evangélica, dirigimos esta declaración a nuestros hermanos y hermanas de la comunión católica romana así como también a todos las personas de buena voluntad de nuestra sociedad. Hablamos como pastores deseosos de ser fieles al evangelio. Hablamos también como representantes de una tradición religiosa, en el seno de una sociedad pluralista, en un momento en que todas las personas de buena voluntad estamos enfrentando un desafío nuevo y preciso del SIDA. Estas reflexiones tienen tres puntos. Primero, presentamos un cierto número de hechos sobre el SIDA y hacemos el comentario. Luego tratamos problemas asociados a la prevención de la enfermedad. En fin estudiamos los cuidados necesarios para las personas afectadas de SIDA. En diversos pasajes de esta declaración, indicamos las responsabilidades y las obligaciones de todos los miembros de la iglesia y de la sociedad. En un apéndice, abordamos ciertos problemas ligados al SIDA. Todo lo que decimos en esta declaración no pretende ser la última palabra sobre esta enfermedad: se trata más bien de nuestra contribución al diálogo en proceso. LOS HECHOS SOBRE EL SIDA Y UN COMENTARIOEl fenómeno del SIDA es complejo. No pretendemos pasar revista a todos sus aspectos. El Director General de la Salud de los EE, UU. Y otros expertos han procedido a un examen minucioso de las causas del SIDA, de la manera cómo se transmite y de los diferentes peligros y riesgo de contraer la enfermedad. Nos contentaremos aquí en destacar algunos de estos casos. Actualmente el SIDA es una enfermedad incurable. No se limita a los EE.UU. y azota el mundo entero. Los 2/3 de las personas afectadas por esta enfermedad hoy en los EE.UU son homosexuales o bisexuales. Algunos calculan que el numero de personas heterosexuales con SIDA crecerá considerablemente en los próximos cinco años. Actualmente una de cada cuatro personas afectadas de SIDA son drogadictos que han usado agujas intravenosas contaminadas u otros accesorios usados por los drogadictos. Infectados por el virus del SIDA, 423 hemofílicos y personas con perturbaciones en la coagulación sanguínea así como 2955 mujeres, han tenido el diagnóstico de haber contraído el SIDA. - El SIDA es una enfermedad que no perdona ninguna raza ni etnia. - en los EE.UU. el SIDA no es solamente una “enfermedad de adultos”.Según las estadísticas, al 12 de octubre de 1987, había 595 niños que habían contraído la enfermedad. - Luego de profundas investigaciones, actualmente no hay pruebas de que el SIDA pueda ser contraído por contacto ordinario casual. - El SIDA puede ser contraído a través de ciertas formas de contacto sexual íntimo o con contacto con sangre contaminada. También puede ser transmitido por la madre a su hijo durante el embarazo como también por una inseminación artificial y un transplante de órganos. En otros términos, el SIDA es una enfermedad humana cuya difusión según los mejores conocimientos científicos de que disponemos, se limita a modos identificables de comunicación y de contacto. Por que reconocemos que las acciones y las actitudes razonables deben fundarse en realidades y no sobre lo imaginario, mencionamos estos hechos como trasfondo de cierto numero de importantes observaciones sobre el fenómeno del SIDA y se aplica también a las personas afectadas de enfermedades oportunistas relacionadas con el VIH-SIDA. 1. Es ciertamente comprensible que una enfermedad tan nueva y mortal como el SIDA provoque miedo e inquietud, pero animamos a todos los miembros de nuestra sociedad a relacionarse con las personas afectadas con compasión y comprensión como lo harían con aquellos que sufren cualquier enfermedad fatal. 2. Estamos alarmados por el aumento de actitudes negativas, así como por los actos de violencia contra los homosexuales, las lesbianas. Las personas afectadas de SIDA no deben ser objeto de violencia, de discriminación ni de injusticia. Todos los hijos e hijas de Dios, todos los miembros de nuestra sociedad, tienen el derecho de ser reconocidos en su total dignidad humana. 3. Como no existe hoy justificación médica, positiva o cierta, para colocar en cuarentena sin discriminación, a las personas afectadas por el virus de SIDA, nos oponemos a la entrada en vigor de una legislación de cuarentena o de otras leyes que no se basen en predicamentos médicos o no tengan el aval de los expertos de la salud pública o de las profesiones médicas. Nuestra herencia médica, en lo que tienen de mejor, da pruebas de una prudencia y de una reserva extrema en la limitación de los derechos humanos y cívicos, debe servir juiciosamente y no reaccionar con actitudes histéricas o de evidente prejuicio. El problema de seguridad de la salud es aquí extremadamente agudo. Protestamos contra el hecho de que algunas personas no tengan el derecho al seguro de enfermedad. Al mismo tiempo, reconocemos los problemas causados a las compañías de seguro, como a las personas que pagan seguros debido al costo del tratamiento. Todo esto coloca el dedo en la debilidad de nuestro sistema de salud. Este problema debe ser abordado de una forma tal que provea un cuidado médico adecuado y accesible para todos. 4. Nos oponemos a la utilización del test de detección de los anticuerpos del VIH por motivos, únicamente, discriminatorios. Sin embargo, si se conceden garantías que impidan tal discriminación y preserven un grado necesario de confidencialidad, tales test pueden gozar de un papel importante para situar los cuidados al paciente sobre hechos y no sobre el miedo o los estereotipos. La detección del virus del SIDA. a través de un adecuado asesoramiento previo y posterior debiera ser accesible a toda persona que lo solicite. Las personas sometidas al test y que han obtenido resultados negativo pueden ser tranquilizadas y recibir una educación sobre las clases de riesgo que lleva a contraer el virus. Las personas que han obtenido resultado positivo pueden recibir rápidamente, asesoramiento y contención. Pueden existir serias razones de salud pública para recomendar el recurso a la detección del virus del SIDA en ciertas ocasiones, sea porque ciertas personas corren el riesgo grande de quedar infectadas, sea por que las precauciones deben ser tomadas por otros (por ejemplo, futuros esposos, personal del hospital), en caso de que los resultados del test fueran positivos. Sin embargo, compartimos la opinión de los responsables de la salud pública que se preguntan sobre los fundamentos y la eficacia de medidas extremas tales como la detección obligatoria general. 5. Estamos muy preocupados por la actitud de ciertos profesionales o de instituciones que trabajan en este campo, que rehusan dar cuidados médicos o dentales a las personas expuestas al virus de SIDA o presuntivamente ser sujetos “de riesgo”. Pedimos a todos los profesionales de la salud no olvidar su obligación moral general, observando las reglas y procedimientos medícales recibidos, de brindar sus cuidados a todas las personas, incluyendo a aquellas expuestas al virus del SIDA. Por otra parte, si los empresarios de pompas fúnebres pueden estimar necesario tomar precauciones apropiada, no tienen el derecho de rehusar aceptar y preparar para la sepultura, los cuerpos de las personas fallecidas con SIDA. Tampoco tienen derecho de aumentar indebidamente las tarifas para la sepultura de las personas contagiadas con la enfermedad. 6. En la medida de lo posible, las personas contagiadas con SIDA, deben ser animadas a llevar en su medio de vida y de trabajo una existencia productiva. Tienen también el derecho a un alojamiento decente y los propietarios no tienen fundamento para rehusarlo por la sola razón de que tienen esa enfermedad. 7. Sostenemos los esfuerzos comunes de los organismos oficiales, las organizaciones sanitarias, de los organismos con fines humanitarios que busquen proveer fondos y cuidados adecuados a las personas con SIDA animamos también el programa de casas de acogida destinadas a procurar a los enfermos, cuidados y tratamientos dignos y eficaces. Invitamos a desarrollar proyectos que tengan en vista el cuidado de los recién nacidos y los niños con SIDA, especialmente los que están en las puertas de la muerte sin la presencia de sus padres. 8. A causa de la naturaleza esencialmente epidémica del SIDA, reconocemos la necesidad de coordinar los esfuerzos de los organismos públicos y privados para descubrir los medios que permitan tratar y sanar esta enfermedad y destinar los fondos suficientes para la búsqueda fundamental, la investigación aplicada y la educación general. 9. Hacemos un llamado al gobierno federal para que consagre fondos suplementarios para el cuidado de las personas infectadas con el virus de VIH que no tienen el beneficio del seguro médico como también de una ayuda financiera para los que se han empobrecido a causa de una enfermedad ligada al SIDA. Pedimos también al gobierno federal tomar la iniciativa de reunir fondos para las necesidades de la investigación y los esfuerzos en el área educativa y asegurar la protección de las personas expuestas al virus del SIDA contra la discriminación en el seguro, en el empleo, la salud, la educación y la vivienda. El gobierno federal deberá también subvencionar la detección voluntaria y asegurar su carácter confidencial. 10. Los programas y los servicios existentes deben ser ampliados de manera de poder asistir a las familias de las personas con SIDA mientras éstas están en vida y también dar una ayuda a las familias en su duelo. Además hay que imaginar nuevos sistemas de programas, de servicios y de ayudas para responder a las necesidades que no están cubiertas o que son insuficientes. Para cumplir esto, las parroquias, los profesionales de la salud y los organismos católicos de salud son alentados a colaborar con otros en los cuidados y los servicios pastorales a favor de las familias y de las personas con SIDA, para responder al conjunto único de los problemas psicológicos, sociales, espirituales, que pueden presentarse durante la enfermedad. 11. Los hospitales en general, a causa de su responsabilidad en el cuidado de los enfermos; los hospitales católicos a causa de su misión y de su filosofía particulares, tienen una vocación y una función como ninguna para ocuparse de las personas afectadas con SIDA. Los hospitales tienen la obligación y la responsabilidad de velar para que los enfermos SIDA y sus familias sean cuidados con espíritu de compasión. El personal del hospital y el personal de la iglesia deben ir más allá de sus instituciones para facilitar los contactos, defender, educar, servir de intermediarios, velando para que las necesidades no cubiertas o mal cubiertas sean tomadas en cuenta en sus comunidades, en colaboración y en unión con otros para desarrollar proyectos, servicios y juntar fondos. 12. En cuanto sociedad estimamos necesario que los medios de comunicación social, adapten programas educativos para contribuir a reducir el miedo, los prejuicios y la discriminación frente a los personas viviendo con VIH-SIDA, o con las enfermedades oportunistas relacionadas con él, de los sujetos seropositivos y de aquellos que son considerados como formando parte de grupos de alto riesgo. LA PREVENCION DEL SIDA Los profesionales de la salud tienen la costumbre de distinguir entre la prevención de la enfermedad y su tratamiento, cuando el tratamiento sea una respuesta, luego que la enfermedad ha sido contraída. La prevención trata de eliminar las condiciones y circunstancias que dan origen a la enfermedad. Porque las perspectivas del tratamiento del SIDA, han sido tan poco animosas que el acento y la esperanza se han dirigido principalmente a su prevención; sobre este punto precisamente, la controversia ha sido más viva. Se trata de problemas muy delicados. En una breve declaración como ésta no podemos explicar las enseñanzas de la iglesia a todos los comportamientos humanos posibles. Damos más bien algunos principios generales y líneas de conducta correctas de acuerdo con la sabiduría y la enseñanza moral tradicional de la iglesia. Hablamos a un país entero cuyo pluralismo reconocemos y respetamos. Estas observaciones están suscitadas por nuestra profunda preocupación por aquellos que, por ellos mismos, se colocan en peligro o que podrían ser puestos en peligro de contraer el SIDA: los adictos a la droga intravenosa y sus parejas. Los niños nacidos o por nacer, personas involucradas en contactos sexuales que implican peligro físico o moralmente equivocadas. En otras palabras, el criterio primero de nuestra observación es la salud moral y física de las personas, no su condena, a pesar que podemos estar en desacuerdo con sus acciones. Consecuente con las perspectivas y los valores que encontramos en la Biblia, nuestra tradición religiosa y una filosofía de la persona humana, coherente con una y otra, creemos que la mejor fuente de prevención, tanto para los individuos como para la sociedad, proviene de una compresión auténtica y plenamente integrada a la personalidad y a la sexualidad humanas y de los esfuerzos para abordar y eliminar las causas del abuso de drogas por vía venosa. Estamos convencidos que las únicas medidas capaces de impedir eficazmente hoy esta enfermedad son las que están destinadas a educar y modificar el comportamiento. Consideramos a la persona como una realidad con muchas dimensiones: ser verdaderamente persona significa estar abierto al mundo espiritual, al mundo del sentido y a la verdad. Sin embargo, la participación de un individuo en esta dimensión espiritual de la vida puede ser inhibida por realidades sociales tales como la pobreza y la opresión, la soledad y la alineación, y muchos otros factores tanto filosóficos como sociales. En consecuencia, si queremos impedir eficazmente la difusión del SIDA, debemos combatir los factores humanos y sociales que reducen o limitan la calidad de la vida humana. Cuando la gente piensa que su vida está desprovistas de sentido o que se encuentra en una situación de pobreza aplastante y conducente a la desesperación, pueden volcarse a la droga o las relaciones sexuales sin compromiso en un esfuerzo irresponsable por escapar a estas duras condiciones de vida. La Iglesia y la sociedad deben enfrentar estas realidades. Tenemos ante todo la responsabilidad de ayudar a las personas a tomar conciencia de que cualquiera sean las circunstancias, el don de la vida, que Dios nos ha dado, es precioso y que la vida es algo más que los momentos de depresión posibles, más que las dimensiones superficiales. Debemos también estar atentos a los problemas económicos, como lo hemos dicho ya en nuestra carta pastoral “Justicia económica para todos”. Esta carta mostraba de manera detallada los efectos de la pobreza en la vida de las personas. Insistía sobre nuestra obligación de respetar el verdadero sentido de la vida buscando eliminar todo lo que envilece la calidad de la misma; debemos ofrecer a cada uno , en nuestra sociedad, una comprensión plenamente integrada de la sexualidad humana. Toda persona creada a imagen y semejanza de Dios, posee a la vez, la capacidad y el deseo de esa vida de intimidad interpersonal que refleja la intimidad del amor trino de Dios. Este reflejo del amor divino en el amor humano da un sentido y un propósito a la sexualidad humana. Esta está esencialmente ligada a un compromiso permanente en el amor y abierta a una nueva vida. La sexualidad se realiza más plenamente cuando se expresa en el amor, la fidelidad y el compromiso, cualidades del mismo amor divino. Por eso, llamamos a todas las personas a vivir según el sentido auténtico del amor y de la sexualidad. La sexualidad humana, tal como la comprendemos como don de Dios, no puede expresarse genitalmente sino en una relación monógama, heterosexual, de fidelidad permanente en el matrimonio. A la luz de esta manera de considerar la personalidad humana, estamos convencidos de que de vivir como sociedad, de acuerdo con una auténtica sexualidad -sobre la cual se basa nuestra enseñanza moral- no tomaremos en cuenta una fuente importante del desarrollo del SIDA, toda otra solución sólo será a corto plazo y finalmente ineficaz contribuyendo a banalizar la sexualidad ya tan preponderante en nuestra sociedad. Por esta razón nos oponemos a este método de prevención del SIDA con frecuencia calificado popularmente como “sexo seguro”. Esta vía compromete la sexualidad -transformándolo “sin riesgo” en lo promiscuo - y de hecho es totalmente falaz. En su informe sobre el SIDA, la Academia Nacional de Ciencias señala que “muchos han pretendido que es más exacto hablar de “sexo con menor riesgo” porque lo desconocido es todavía tal que sería irresponsable certificar que una actividad particular sea absolutamente sin riesgo. ¿Cuál será entonces nuestra opinión? Como pastores de diócesis a través de EE.UU. nos comprometemos nosotros con nuestros recursos –dentro del encuadre de nuestras reservas morales y de un juicio prudente - a que se dispense una educación que limite el desarrollo del SIDA y a ofrecer nuestro apoyo a las personas afectadas por esta enfermedad. Apoyamos también los programas legislativos y educativos que entregan una información exacta del SIDA. Esto es la vez legítimo y necesario. Una información biológica pertinente y básica acerca de la naturaleza de la enfermedad, es esencial para la comprensión de las consecuencias biológicas y patológicas de la propia elección personal, tanto para uno, como para los otros. No obstante, como lo hemos señalado anteriormente, tenemos también la responsabilidad como líderes religiosos, aportar un análisis que señale las dimensiones morales de la política pública. Desde nuestro punto de vista, toda la discusión sobre el SIDA debe situarse en el interior de un contexto más amplio que afirme la dignidad y el destino de la persona, la moralidad de los actos humanos y considera las consecuencias de las elecciones individuales para toda la sociedad. Ya que el SIDA se transmite por la absorción de drogas por vía intravenosa, apoyamos y animamos los programas de tratamiento de la droga por medio de subsidios públicos acrecentados, la eliminación de la importación de drogas ilícitas y todo el esfuerzo que trata de suprimir las causas de la toxicomanía en los grupos humanos especial mente entre los pobres. Ya que el SIDA se transmite también por las prácticas sexuales, la legislación y las directivas oficiales deben animar a las instituciones privadas y públicas a ir más allá de una simple educación biológica. Esta educación y estas directivas deberán sin embargo respetar el derecho inalienable de los padres a ser los primeros educadores de sus hijos en lo que concierne al sentido y al fin de la sexualidad humana. Abogamos para que se entregue algo más que una simple información biológica en la educación sexual; reconocemos que esto levanta importantes problemas a causa de las presiones constitucionales existentes o de interpretaciones a propósito de la separación de la iglesia y del estado. Queremos unirnos a otras personas de buena voluntad en un diálogo sobre la manera cómo una concepción más completa de la sexualidad podría ser comunicada en nuestras escuelas públicas y en otras partes. Creemos que existen ciertos valores de base, presentes en nuestra sociedad, que sobrepasan las fronteras religiosas o sectoriales y pueden constituir una base común para estos esfuerzos sociales. Viviendo en una sociedad pluralista, sabemos que algunos no comparten nuestra concepción de la sexualidad humana. Admitimos que programas educativos que se dirigen a una amplia audiencia reflejarán el hecho de que algunos no obrarán como podrían y deberían; que se abstendrán del tipo de abuso sexual o de droga susceptible de vehicular el SIDA. En tales instituciones, los esfuerzos educativos, si están fundados sobre miras morales más amplias que las evocadas aquí, podrían incluir una información adecuada sobre los elementos profilácticos y otras prácticas propuestas por especialistas médicos como medios potenciales de prevención del SIDA. Al hacer esto, no pretendemos incitar a la utilización de los preservativos, solamente damos una información que se inscribe en una situación de hecho. Esta presentación de los hechos debe precisar que la abstinencia fuera del matrimonio y la fidelidad al interior del matrimonio, lo mismo que la abstención del abuso de la droga por vía intravenosa, son los medios moralmente correctos y médicamente seguros para prevenir el desarrollo del SIDA. Las prácticas llamadas “sexo sin riesgo” son, en el mejor de los casos, apenas eficaces. No tienen en cuenta ni los valores reales en juego ni el bien fundamental de la persona. En lo que concierne a los programas educativos en favor de los que ya han sido expuestos a la enfermedad. La situación es un poco diferente. Para estos, sin ir al encuentro de los valores señalados anteriormente, tenemos, en cuanto sociedad, que hacer frente a situaciones difíciles y complejas de política general pública. La enseñanza clásica de los teólogos podría ayudarnos en nuestra búsqueda para equilibrar la necesidad de una plena y auténtica concepción de la sexualidad en nuestra sociedad y las cuestiones de bien común que están asociadas al desarrollo de la enfermedad. Hemos señalado antes que al nivel de programas oficiales, debemos precisar claramente a la vez, el sentido de la sexualidad verdaderamente auténtica y comunicar una información seria sobre la salud. En la relación médico - paciente, o en toda otra relación similar, hay que hacerse también la pregunta ¿cómo servir mejor al bien común en cada caso individual? En lo que entendíamos anteriormente cuando decíamos que deben darse respuestas concretas en contextos específicos. Históricamente, esta relación ha sido un lugar muy apropiado para dar tales consejos porque la profesión médica concierne a la vez el bienestar del paciente y a la salud pública. Sucede lo mismo hoy. En resumen, estimamos que el mejor medio en la prevención del SIDA debe consistir en comunicar una concepción de la persona que está fundada sobre valores. Una perspectiva tal ofrece un contexto adaptado a una reflexión sobre la legislación o una política educacional. A la luz de esta posición, queremos comprometer, en cuanto participantes de la vida pública de esta nación, los mejores esfuerzos de la Conferencia Católica de los EE.UU., para trabajar en tales programas. Queremos asegurar a nuestros legisladores y a los funcionarios del estado que deseamos, colaborar con ellos para desarrollar una política general informada y esclarecida en la prevención del SIDA. Encarecemos a nuestras escuelas primarias y secundarias, a nuestros colegios y universidades, como también a los programas de educación religiosa, que desarrollen guías curriculares y material educativo para formar a sus estudiantes a la prevención del SIDA. Las guías y el material educativo deberán señalar la importancia de la castidad y el poder del amor de Dios que nos hace capaces de vivir una vida casta. Naturalmente el material y las guías deberán ser ejecutados en colaboración y en consulta con los padres en la medida que sea posible. También pedimos a cada diócesis que procuren a los sacerdotes, diáconos, religiosos, responsables laicos, una educación completa sobre las cuestiones médicas, psicosociales y pastorales, relativas al SIDA o las infecciones oportunistas relacionadas con el VIH-SIDA, para que puedan comunicar esta información de la manera mejor adaptada a sus respectivas comunidades. Esta información deberá incluir una lista de recursos y organismos de apoyo accesible a las personas afectadas de SIDA y enfermedades emparentadas, a las personas seropositivas, a sus familias y amigos. Quisiéramos también decir una palabra sobre la responsabilidad de los que piensan que pueden haber estado en situación de riesgo de haber estado en contacto con el virus del SIDA. Hemos expuesto anteriormente el sentido y el fin de la sexualidad. Si alguien ha escogido no vivir de acuerdo con este sentido y uso indebido de drogas, él o ella tienen la seria responsabilidad de no causar daño a terceras personas. Cualquier persona considerada como habiendo corrido el riesgo de haber estado expuesto al virus del SIDA tiene pues la grave responsabilidad moral de no exponer a terceras personas a un eventual contagio. Esto significa que cuando una de esas personas piensa contraer matrimonio, tener una relación sexual, proyecte dar sangre o hacer donación de un órgano o esperma, tiene la responsabilidad moral de someterse aun test de detección del SIDA y deberá actuar de modo de no causar daño a otro. ATENCION A LAS PÈRSONAS AFECTADAS DE SIDA En la parte donde se habló de los hechos del SIDA, tratamos de varios ambientes de preocupación referentes al cuidado de personas enfermas, de sus familias y de sus parientes. Vamos a desarrollar aquí estos temas. Quisiéramos dar como ejemplo a aquellos que tanto han hecho para dar cuidado y aliento a las personas afectadas de SIDA y a sus seres queridos. Lo que ya se ha hecho puede ayudarnos mucho. Las personas afectadas de SIDA, sus familias y amigos, necesitan solidaridad, aliento y ayuda. Como todos los que se enfrentan a una muerte inminente, pueden sentir rabia y alienación frente a Dios y a la iglesia, cuando miran la imposibilidad de escapar a la muerte. Entonces es importante que alguien esté a su lado en sus penas y les ayude, de acuerdo con su tradición religiosa, a descubrir el sentido de lo que parece no tener ningún sentido. Este ofrecimiento efectivo de acompañamiento humano es en extremo importante porque impide a las personas que tenderían a rebajar el respeto por la vida alentando la eutanasia o el suicidio, a determinar ellas mismas la manera de “cuidar” de las personas del SIDA. Acompañamos a todos porque todos enfrentamos una muerte eventual. Vamos con espíritu solidario a aquellos que se acercan a la muerte más rápida y prematuramente a causa del SIDA. Nos comprometemos a vencer el miedo y los prejuicios y a sostener a los hospitales, a los centros de atención y a las otras instituciones comunitarias que dispensan la ayuda necesaria, tanto en el plano físico como en el psicológico y espiritual, a las personas afectadas por el SIDA. Nos comprometemos a trabajar con los grupos públicos y privados o pertenecientes a otros grupos religiosos para alcanzar los objetivos que hemos señalado. Alentando los esfuerzos interconfecionales que tratan de asegurar un ministerio para con las personas afectadas de SIDA, de sus familias y amigos. Ayudaremos a buscar albergues temporales para las familias y amigos que van de visita a los enfermos afectados de SIDA y que no de encuentre en la posibilidad de hacerlo ellos mismos, como procurarles apoyo y consejos cuando vuelvan a sus casas. Es muy importante que las personas afectadas de SIDA continúen siendo empleadas tanto tiempo como les sea posible. La Iglesia Católica de los EE.UU. acepta la responsabilidad de dar buen ejemplo en esta materia. Pedimos a cada diócesis que desarrollo, si todavía no lo ha hecho, un programa general de empleo para todos sus empleados afectados por una enfermedad mortal, incluido el SIDA. Llamamos a cada diócesis a nombrar, cuando sea necesario, a una persona encargada de coordinar el ministerio junto a las personas afectadas de SIDA, y de sus seres queridos. Alentamos también la realización de programas de formación para los que llevan asistencia a los enfermos de SIDA o de ARC como, por ejemplo, a los ministros de la eucaristía en los hospitales, a los visitadores de enfermos, a los confesores, pedimos también que se formen personas para aconsejar antes y después de los test de detección del virus del SIDA. Con el fin de coordinar y de dinamizar los esfuerzos diocesanos y de colaborar con otros organismos nacionales, hemos ampliado las responsabilidades de las entidades agrupadas en el seno de la conferencia episcopal para que nos ayuden a responder al desafío del SIDA y a elaborar las recomendaciones para ser sometidas al examen del comité administrativo de la Conferencia Nacional de los obispos Católicos. En resumen, esperamos que la Iglesia, en colaboración con los otros organismos y programas, dé ejemplo en cuanto al modo cómo pueden ser socorridos los que están afectados por el SIDA, sus familiares y sus amigos y en cuanto a la naturaleza de esta ayuda. A través de esta colaboración contribuiremos a proporcionar el género de cuidados y de servicios apropiados a las personas afectadas de SIDA en el cuadro que mejor responde a sus necesidades. Además alentamos la utilización de las instalaciones eclesiales como lugares donde dispensar estos variados cuidados y a sus diferentes niveles. CONCLUSION Comenzamos estas reflexiones presentando cuatro situaciones distintas de personas afectadas por el SIDA. Vemos en ellas el llamado ansioso del señor resucitado a convertirnos en un pueblo atento, compasivo, activo, frente a los que están afectados por el SIDA o con las infecciones oportunistas relacionadas, atentos a las condiciones de vida que son las suyas y las de sus seres queridos. Hemos percibido más profundamente el llamado que el papa Juan Pablo II nos ha lanzado; “amar como Dios ama” “sin distinción, sin limites” porque ama a los que entre ustedes están enfermos, a los que sufren el SIDA o de las enfermedades relacionadas con el SIDA. Hemos oído la invitación del Señor mismo, dirigida a todos los miembros de la familia humana para que exprese su sexualidad de una manera verdaderamente humana. Hemos tomado conciencia del desafío de trabajar en la prevención del SIDA en una sociedad compleja y pluralista. Hemos reconocido nuestras propias responsabilidades eclesiales en el dominio de la prevención y de los cuidados y en el de una colaboración con los demás. Los testimonios de María, Juan, Pedro y Lilly no son simples ejemplos, nos hacen tocar con nuestras manos a hermanos y hermanas muy reales, de carne y de sangre. Nuestras respuestas a sus necesidades y a las necesidades de otras personas afectadas de SIDA, serán juzgadas efectivas, si a la vez descubrimos a Dios en ellos y si ellos mismos, a través de su encuentro con nosotros puedan decirnos: “en mi sufrimiento, miedo y alienación sentí a un Dios de fortaleza, de esperanza y de solidaridad”. ¡Que por la gracia de Dios esto pueda realizarse pronto! Traducción y adaptación realizada para ser utilizada en el Primer Encuentro Ecuménico para una Pastoral del SIDA, organizada por la Pastoral Ecuménica con las Personas que Viven con VIH-SIDA, el 1º de agosto de 1989, en la Casa de Nazaret de la Ciudad de Buenos Aires. |