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NUESTRA FE EN ACCIÓN
PARA
HERMANOS Y HERMANAS CON VIH
Orientación
de
para
responder a los desafíos del VIH y sida
Yo
he venido para dar vida y para que la tengan en plenitud... (Juan 10,10)
http://ceps-caritasmexico.org/Fotos/Fotos%20index/Documentos/2008/VIHConf/docvih.pdf
INTRODUCCIÓN
1. El
compromiso de
2.
3. Lo hacemos
en el espíritu de
I. VER
En un
mundo desigual y globalizado
4. La epidemia
del VIH se ha convertido en una emergencia social de dimensiones globales.
Ésta, como las emergencias provocadas por desastres naturales pone en evidencia
la deshumanizadora pobreza en la que viven muchos hermanos y hermanas en
nuestro país. Si bien las condiciones de pobreza no son causa inmediata de la
propagación del VIH sí colocan a quienes la viven en condiciones de alta
vulnerabilidad.
5. La epidemia
del VIH es una de las más agudas crisis de salud, seguridad y desarrollo humano
que haya enfrentado el planeta; mata a millones de adultos, personas en la
plenitud de su vida. Desestabiliza y empobrece a las familias, debilita las
fuerzas laborales, convierte en huérfanos a millones de niños y niñas y amenaza
la estructura social y económica de las comunidades, y la estabilidad política
de las naciones.
6. El VIH ha
roto con las concepciones tradicionales de enfermedad, pues va más allá de lo
puramente médico. El VIH no es simplemente un virus que ataca al sistema
inmunológico de las personas, la epidemia del VIH es un problema social complejo,
con implicaciones no sólo para quienes viven con el virus, sino también para
sus familias y para las comunidades en donde radican, tanto en el medio rural e
indígena como en el urbano. Nos encontramos ante el serio desafío de encontrar
respuestas eficaces, locales y mundiales, en materia de prevención de nuevas
infecciones y de atención a las personas que viven con VIH, a sus familias y a
sus comunidades.
7. El VIH se
presenta en un contexto de globalización en el cual el avance de la ciencia y
la tecnología nos haría pensar que estamos cerca del ideal que todos los hombres
y mujeres tengan acceso a las bondades de estos adelantos; pero no es así, nos
encontramos entre nuevos escenarios de exclusión, estigma, violencia y discriminación.
En una sociedad en la que se pone en el centro el mercado, el consumo, el
capital, la competencia y el lucro, por encima del ser humano, se atenta contra
los derechos y la dignidad de los seres humanos y se crea una sociedad injusta
e desigual.
8. Los
actuales adelantos en las terapias para el control del VIH, como los antirretrovirales,
permiten ofrecer a las personas con VIH una expectativa de vida importante.
Estos avances científicos permiten que el diagnóstico de VIH no sea igual a una
sentencia de muerte. Desgraciadamente estas posibilidades de vida, debido a sus
altos costos, no están al alcance de todos y todas. Muchos hombres y mujeres
siguen sin acceso a terapias oportunas y de vanguardia debido a que son pobres.
Así pues, su muerte no sólo es consecuencia de la infección por el VIH sino de
la pobreza y de la injusticia social.
9. En México
se han logrado avances importantes en el acceso a los antirretrovirales, pero
aún no se ha logrado garantizar el abasto permanente en todas las instituciones
de salud públicas, ni las vías ágiles para acceder a estas terapias. El acceso
universal es todavía un desafío sobre todo en lo que se refiere a programas de
información que los sectores más vulnerables necesitarían para acceder, con
mayor libertad y sin prejuicios, al tratamiento.
Vulnerabilidad
social, en la raíz del problema
10. En un país
como el nuestro, en el que más de la mitad de hombres y mujeres viven en
condiciones de pobreza, encontramos sectores de la población que por su
situación son más vulnerables. Entre ellos contamos a las y los migrantes. Su vulnerabilidad
no surge de la migración misma, sino de las condiciones estructurales de
pobreza y marginación en que viven y que es lo que los obliga a migrar. Al
dejar su lugar de origen no van provistos del capital cultural y educativo que
necesitan para sobrevivir con dignidad. El sólo hecho de salir de su comunidad
potencia la vulnerabilidad ya existente.
11. Para los
hermanos y hermanas privados de su libertad la infección por VIH resulta una
doble prisión, pues además de la pena impuesta por su proceso, deben soportar
los efectos biológicos y sociales que implica vivir con VIH en su situación
carcelaria; sufren discriminación y aislamiento por parte de otros internos, de
las autoridades carcelarias y, en muchos casos, de sus propios familiares,
además de que también se ven privados del acceso a servicios de salud.
12. La
presencia del VIH en las poblaciones rurales e indígenas es una realidad que crece
de manera silenciosa y muy relacionada con la pobreza de estas comunidades y la
creciente migración. No cuentan por lo general, con la información suficiente,
ni con servicios básicos de salud adaptados a su cultura, lo que impide
diagnósticos tempranos y acceso a los programas de tratamiento para las
personas con VIH.
El
estigma y la discriminación
13. El miedo y
la ignorancia siguen provocando la exclusión de muchas personas con VIH de
grupos sociales y de oportunidades de desarrollo. El estigma y la discriminación
son realidades aún presentes en nuestra sociedad y en nuestras comunidades de
fe, que obligan a vivir en la clandestinidad y el silencio a las y los afectados
por este problema. Así hacemos del VIH la “lepra del nuevo milenio”.
14. Existen
diversas violaciones a los derechos humanos de las personas con VIH, la principal
es la discriminación, que es la fuente de otras muchas violaciones. El estigma
que produce vivir con VIH ocasiona el rechazo social y limita el pleno gozo de
los derechos humanos. La vulnerabilidad de las personas con VIH es mayor por
los estigmas que se han hecho sobre el virus y la forma de contraerlo.
15. En México
hace falta garantizar el derecho a la salud. Aún no hay una atención médica de
calidad y en algunos hospitales se niega la atención a personas con VIH. El
derecho al trabajo no se respeta y muestra de ello es tanto la resistencia, en
algunos espacios, a que la prueba de VIH no sea obligatoria para ser contratado,
como el que un trabajador o trabajadora sean despedidos por su condición frente
el VIH.
16. La
pandemia del VIH ha puesto al descubierto entre nosotros muchas realidades con
hondas raíces culturales que lesionan la dignidad humana y que tienen que ver
con modelos de comportamiento como la violencia contra las mujeres y los niños,
la cultura machista y la discriminación por razones de diversa orientación sexual.
Estas conductas al confrontarse con los valores del Evangelio plantean serios
interrogantes a nuestra condición de creyentes. Esto nos pide revisar y corregir
actitudes de falta de respeto, de intolerancia y de incomprensión que ponen de
manifiesto nuestra resistencia a reconocer en otras personas, independientemente
de su condición social, cultural, moral o religiosa, a sujetos con dignidad
propia con quienes estamos llamados a establecer relaciones de respeto y de
igualdad
[3]
.
17. El VIH ha
puesto también al descubierto factores de tipo estructural como el alto costo
de los medicamentos y tratamientos para el VIH y sida, la migración forzada por
pobreza extrema en la familia y en las comunidades locales, el asistencialismo,
que ayuda y al mismo tiempo daña, ya que crea condiciones de dependencia y
también factores de tipo social como la victimización de las personas con VIH.
Las
mujeres, los jóvenes y la familia
18. En el
mundo, y México no es la excepción, el VIH muestra cada vez más un rostro de
mujer. La desigualdad, el menor acceso a la educación y el contexto social machista
en el que viven muchas mujeres en nuestro país las ha colocado en situación de
mayor vulnerabilidad a la infección por VIH. El desconocimiento de esta
realidad limita la eficacia de cualquier programa de educación y prevención. Esto,
sin duda alguna es otro desafío para los esfuerzos de las autoridades y de la sociedad,
en orden al tratamiento y prevención del VIH.
19. Los
jóvenes se encuentran entre los más vulnerables de nuestra sociedad; viven en
un constante cambio cultural, en una sociedad que no les asegura condiciones de
vida digna, en medio de un mundo que camina a grandes pasos a la multiculturalidad
con su gran diversidad de modos de relación, de escalas de valores y también,
muchas veces, con serias dificultades para encontrar el sentido de su vida. Los
programas de educación y prevención requieren que miremos a las y los jóvenes,
como sujetos, lo que implica no hacernos sordos a lo que viven, a lo que
sienten, a lo que piensan, para buscar estrategias efectivas que contemplen
integralmente la realidad que viven y ofrecerles alternativas de educación y de
inserción social que disminuya su vulnerabilidad ante el VIH.
20. En un
mundo en constante cambio, la integridad de la familia, comunidad de vida y
amor y célula básica de la sociedad, es incesantemente vulnerada y resquebrajada
por el impacto de la pobreza, el abuso de las drogas y el alcohol, la violencia
y ahora, en casos cada vez más frecuentes, por la realidad del VIH en su seno.
Los niños y niñas que nacen con VIH son la expresión más dramática de esta
realidad. Las familias con VIH viven la experiencia del desencanto, la sospecha,
el estigma y la desintegración. A los retos que tienen que enfrentar para
acoger y acompañar a quien de sus miembros se ve afectado, se suman los retos
por superar la desconfianza y mantener la unidad familiar.
II. VER
“Sed
compasivos, como vuestro Padre es compasivo...” (Lucas 6,36)
En la
escuela de Jesús
21. En medio
de esta realidad del VIH en México, a la que nos hemos acercado como discípulos,
fijamos nuestra mirada al Señor. Queremos aprender de Él que también conoció y
enfrentó situaciones deshumanizadoras de pobreza, de marginación, de exclusión,
de dolor, de enfermedad y de muerte. Para ello, necesitamos un encuentro
personal y comunitario con Jesucristo para revitalizar en nuestra historia la
novedad del Evangelio
[4]
.
A Él lo encontraremos en
22. Si queremos
aprender del Señor, como sus discípulos, tenemos que buscarlo en
23. Jesús es
el Buen Samaritano
[7]
. Él ve en las heridas y
gemidos del ser humano apaleado y moribundo, que yacía al borde del camino, las
urgencias de su propio ministerio
[8]
. Por eso esta parábola nos interpela en
nuestras actitudes ante los hermanos y hermanas con VIH, sus familias y sus
comunidades. Como discípulos, hemos de aprender del Maestro la pedagogía de la
solidaridad que nos impulsa a imitar a Jesús, haciéndonos «prójimos» de quienes
sufren por causa del VIH y el sida
[9]
.
24. En este
sentido, a la luz de
25. Ante la
realidad del VIH en México los cristianos y cristianas, como discípulos del Jesús,
estamos llamados a ser los nuevos samaritanos, superando la tentación de “pasar
de largo” y de quedarnos en bellas teorías o posturas. Tenemos que aprender a
superar las distancias que nos separan de los demás, poniéndonos por encima de
nuestros miedos y prejuicios, para poder servirles. Debemos reconocer que antes
que la norma está la persona humana. Hay que celebrar en el culto la vida
defendida y promovida cotidianamente
[10]
.
26. En
27. Una
sociedad como la nuestra, en que la discriminación y el estigma excluyen y segregan
a muchos hermanos y hermanas con VIH, espera de quienes en
28. Así nos lo
ha recordado recientemente el Papa Benedicto XVI: “El encuentro con Cristo
en
29. También
nos encontramos con el Señor en los pobres. El encuentro con Jesucristo en los
pobres no es una opción eventual y secundaria, sino esencial a nuestra fe cristiana. Entre los rostros de los nuevos pobres, nos encontramos a las personas que
viven con VIH y sida y que sufren de soledad y son excluidos de la convivencia
familiar y social.
[12]
En relación a ellos no podemos olvidar
que “la tarea esencial de la evangelización incluye la opción
preferencial por los pobres, la promoción humana integral y la auténtica
liberación cristiana.”
[13]
Los seguidores de Jesús estamos invitados
a comprometernos con los pobres y enfermos, con las personas con VIH, porque “la
vida cristiana no se expresa solamente en las virtudes personales, sino
también en las virtudes sociales y políticas”
[14]
.
Enviados
a anunciar el evangelio del amor de Dios y de la dignidad humana
30. Con su
testimonio, el Señor enseña a los discípulos lo que después les confiará como
misión: anunciar el Evangelio del amor de Dios y de la dignidad humana, poniéndose
al servicio de la vida. En efecto “Jesús, el Buen Pastor, quiere comunicarnos
su vida y ponerse al servicio de la vida. Lo vemos cuando se acerca al ciego
del camino (cf. Marcos 10, 4652), cuando dignifica a la samaritana (cf.
Juan 4, 726), cuando sana a los enfermos (cf. Mateo 11, 26), cuando
alimenta al pueblo hambriento (cf. Marcos 6, 3044), cuando libera
a los endemoniados (cf. Mc 5, 120). En su Reino de vida, Jesús
incluye a todos: come y bebe con los pecadores (cf. Marcos 2, 16), sin
importarle que lo traten de comilón y borracho (cf. Mt 11, 19); toca leprosos
(cf. Lucas 5, 13), deja que una mujer prostituta unja sus pies (cf. Lc
7, 3650) y, de noche, recibe a Nicodemo para invitarlo a nacer de
nuevo (cf. Juan 3, 115). Igualmente, invita a sus discípulos a la
reconciliación (cf. Mateo 5, 24), al amor a los enemigos (cf. Mateo 5,
44), a optar por los más pobres (cf. Lucas 14, 1524)”
[15]
31. Este
testimonio de Jesús nos hace entender que el amor insuperable de Dios por cada
ser humano, cualquiera sea su condición, le confiere a éste una dignidad infinita
[16]
;
dignidad “que recibimos también como tarea que debemos proteger, cultivar
y promover”
[17]
; por ello, la
evangelización implica: proclamar la verdad sobre el ser humano y la dignidad
de toda persona humana
[18]
y una decidida disposición de ponerse al
servicio de la vida. Esto se vuelve para nosotros en un imperativo ya que
vivimos en medio de una sociedad que llega a proponer estilos de ser y de vivir
contrarios a la naturaleza y dignidad del ser humano
[19]
.
32. Esta
dignidad, que hemos recibido de Dios, fundamenta nuestra misión. Es don y compromiso.
Nuestra tarea es anunciar “que en el Dios vivo revelado en Jesús se halla el
sentido pleno, la fecundidad y la dignidad de la vida humana”
[20]
.
No podemos permanecer impasibles antes las situaciones que impiden que nuestros
hermanos y hermanas con VIH lleven una vida que responda a esa dignidad
[21]
.
Nos sentimos interpelados por sus rostros sufrientes en quienes reconocemos el rostro
de Cristo que nos llama a servirlo en sus personas
[22]
.
“Nuestra fidelidad al Evangelio nos exige proclamar, en todos los
areópagos – públicos y privados del mundo de hoy – la verdad sobre el
ser humano y la dignidad de toda persona humana”
[23]
33. El
discipulado y la misión desde la perspectiva del Reino implica asumir las tareas
prioritarias que contribuyan a la dignificación de todo ser humano. La misericordia
nos urge a colaborar en la búsqueda de estructuras más justas
[24]
y a la creación de ambientes más sanos
para la convivencia fraterna. La misericordia y la justicia social van de la
mano y los discípulos de Jesús deben comprometerse con ellas por medio de todos
los recursos que tengan a su alcance
[25]
.
Iglesia
samaritana
34. El
sufrimiento, la injusticia y la cruz que viven las personas con VIH, iluminados
por Cristo nos interpelan a vivir como Iglesia samaritana (cf. Lucas 10,
25‐37), recordando que “la evangelización
ha ido unida siempre a la promoción humana y a la auténtica liberación
cristiana.”
[26]
Hacernos prójimos de
quienes sufren nos llevará a generar una sociedad sin excluidos. Hacer nuestra
la opción preferencial por los pobres nos hará aprender de la ardiente e infatigable
caridad samaritana de Cristo cómo acercarles de manera concreta el amor de Dios
[27]
.
35. Para que
nuestra Iglesia en México sea signo visible de esperanza y de caridad hay que
ir, como buenos samaritanos al encuentro de las necesidades de los pobres y de
los que sufren y crear “las estructuras justas que son una condición
sin la cual no es posible un orden justo en la sociedad… ”.
[28]
No olvidemos que sin esta preocupación
especial por los pobres y marginados,
III. UN
LLAMADO AL COMPROMISO Y A
36. La
realidad del VIH y sida en nuestra patria, llama a nuestra conciencia, toca nuestras
seguridades y nos pide mirar con una mirada compasiva este nuevo rostro de
pobreza que urge nuestra caridad y nuestro compromiso con la justicia social.
La vocación de
37. Para
enfrentar una emergencia social, como la del VIH, tenemos que superar la dispersión
de nuestras fuerzas, asumir de manera consciente y efectiva el llamado a la
conversión que la situación en que viven tantas personas con VIH hace a nuestra
conciencia. Como discípulos y misioneros de Cristo tenemos el compromiso de
llevar el evangelio de la vida y de la dignidad humana no sólo a quienes viven en
su persona esta realidad, sino también a sus familias, a sus comunidades y a la
sociedad en general.
Respuesta
evangelizadora integral
38. Como emergencia social asumimos el
desafío de proponer desde la pastoral social una respuesta al VIH. Sin embargo,
invitamos a todos los animadores de la pastoral social a tener siempre presente
que una acción evangelizadora integral no puede prescindir de ninguna de las
tareas fundamentales
[30]
por que “la naturaleza íntima de
39. La
realidad del VIH nos exige una permanente iluminación con la luz de
40. Sin duda
alguna, los hermanos y hermanas con VIH que comparten nuestra fe y sus
familias, al encontrarse con el Señor en
Criterios
ante la emergencia social
41. Debemos
asumir con creatividad el servicio de la caridad como respuesta al
VIH
[34]
. En
primer lugar, hemos de tener presente que también nos encontramos con el Señor
en los pobres, afligidos y enfermos (cf. Mateo 25,37‐40) que reclaman nuestro compromiso y nos
dan testimonio de fe, paciencia en el sufrimiento y constante lucha para seguir
viviendo ¡Cuántas veces los pobres y los que sufren realmente nos evangelizan!
[35]
En el reconocimiento de esta presencia
del Señor en las personas con VIH, en nuestra cercanía con ellos y ellas, en la
defensa de sus derechos, se juega la fidelidad de nuestra Iglesia a Jesucristo
[36]
.
42. Todos y
todas podemos hacer algo ante la realidad del VIH. Nuestra caridad y solidaridad
con las personas con VIH debe incluir la asistencia, la promoción, la liberación
y la aceptación fraterna
[37]
.
Para implementar las acciones propias de cada una de estas tareas, es
conveniente preguntarnos qué podemos hacer.
a) ¿Se trata
de una emergencia? Entonces la respuesta es la asistencia, teniendo cuidado de
ayudar, sin hacer daño
[38]
.
b) ¿Es una
situación de rehabilitación personal, familiar o comunitaria? La respuesta es
la promoción humana, que mediante la educación y la organización favorece el
paso de condiciones de vida menos humanas a condiciones de vida más humanas
[39]
.
c) ¿Es una
situación en la que las condiciones sociales y las estructuras no permiten la
vida digna? La respuesta es el compromiso por una acción social transformadora
que incida en la instauración de un orden social más justo
[40]
.
d) ¿Es una
situación en la que es necesario reparar los daños que el estigma, la discriminación
y la exclusión dejan en las personas, en las familias y en las comunidades?
Entonces hay que fomentar en la comunidad actitudes y emprender acciones que
favorezcan la aceptación fraterna que haga posible la reconstrucción del tejido
social
[41]
.
43. Sin
embargo, la nueva imaginación de la caridad ante la realidad del VIH en nuestra
patria, nos pide estrategias de prevención
[42]
que ayuden a reducir la vulnerabilidad
social y estructural y a evitar que una emergencia social como el
VIH cobre
vidas inocentes y afecte comunidades y grupos vulnerables.
44. Las
acciones preventivas deben ver al ser humano en toda su compleja realidad, en
su contexto social y familiar. En este sentido la discusión de las medidas eficaces
de prevención no puede situarse solamente en la eficacia de una sola estrategia
o de un medicamento, sino en el ser humano integral capaz de establecer y
mantener relaciones interpersonales basadas en el respeto a sí mismo y a otras
personas tanto en su cuerpo como en sus sentimientos y derechos. El respeto a
la institución natural del matrimonio, es un camino que disminuye en gran
medida la propagación del VIH.
45. Cualquiera
de las fases de la emergencia social del VIH en la que nos encontremos:
atención, rehabilitación, reconstrucción, o prevención, nos pide permanentemente:
solidaridad, organización, capacitación y reflexión de fe
[43]
.
Con la
fuerza de la caridad y comprometidos con la justicia
46. El
compromiso de
Benedicto XVI:
“El amor —caritas— siempre será necesario, incluso en la sociedad más justa.
No hay orden estatal, por justo que sea, que haga superfluo el servicio del amor.
Quien intenta desentenderse del amor se dispone a desentenderse del hombre en
cuanto hombre. Siempre habrá sufrimiento que necesite consuelo y ayuda. Siempre
habrá soledad. Siempre se darán también situaciones de necesidad material en las
que es indispensable una ayuda que muestre un amor concreto al prójimo.”
[46]
48. Sin
embargo, la justicia debe ser un imperativo indeclinable al responder al impacto
destructivo del VIH. En efecto “la situación de extrema pobreza experimentada
por una gran parte de la humanidad, es un factor importante en la rápida
propagación del sida. Ciertamente, la promoción de justicia social es un factor
decisivo para combatir esta enfermedad, de manera que las consideraciones económicas
ya no sean el único criterio en una globalización descontrolada
[47]
.
49. La
inequitativa distribución de la riqueza, hace que los países ricos no estén interesados
en la situación de los países pobres. Las grandes trasnacionales han mostrado
poca sensibilidad ante la muerte de muchas personas debido a su imposibilidad
de adquirir los tratamientos del VIH. Los tratamientos e han destinado
prioritariamente a las grandes ciudades. Al respecto, resuenan las palabras del
Santo Padre Benedicto XVI: “La meta de un orden social justo es garantizar
a cada persona, de acuerdo con el principio de subsidiariedad, una parte de
los bienes comunes”.
[48]
50. Los
discípulos y discípulas de Jesús somos convocados a formar una Iglesia que sea
“abogada de la justicia y defensora de los pobres”
[49]
ante las situaciones culturales,
sociales, políticas y económicas que “claman al cielo” porque no permiten una
vida digna e integral para las personas con VIH.
[50]
Esta tarea cada quien la asume en
51. Los laicos
tienen la tarea de configurar rectamente la vida social respetando la legítima
autonomía de las realidades temporales
[52]
52 y cooperando con otros ciudadanos, según
sus respectivas competencias, bajo su propia responsabilidad.
[53]
Es necesario tener en cuenta que la pandemia del VIH urge la solidaridad
y el diálogo. Las diferencias no deben separarnos en nuestra respuesta al
tratamiento y prevención del VIH. Desde las convicciones y posibilidades de
cada persona, grupo o institución, debemos encontrar posiciones de diálogo que
nos permitan unir esfuerzos y dirigir todos nuestros recursos a la búsqueda de
la vida y la justicia.
Conjuntando
esfuerzos eclesiales y sociales
52. Nuestra
respuesta al VIH debe ser una respuesta evangelizadora, integral y orgánica. No
debemos dispersar los esfuerzos. Para ello es importante articular
los esfuerzos
de la pastoral social con los de la pastoral familiar y juvenil y con la pastoral
educativa, de manera que todos asumamos el compromiso de fomentar una pastoral
con personas con VIH: que promueva el acompañamiento comprensivo y
misericordioso, así como la defensa de los derechos de las personas afectadas;
que implemente la información, que fomente la educación y la prevención, con
criterios éticos, principalmente entre las nuevas generaciones, para que
despierte la conciencia de todos a contener esta pandemia
[54]
54
53. Por
nuestra parte los Obispos de
Compromisos
y acciones
54. En el
contexto de esta campaña proponemos a las y los fieles católicos en general, de
manera particular a las y los apóstoles de la pastoral social a asumir algunos compromisos
que pueden hacer concretas actitudes nuevas, desde la caridad y la justicia,
para colaborar con los esfuerzos de los hombres y mujeres de buena voluntad, en
la respuesta al VIH, su tratamiento y prevención. Proponemos:
a)
Comprometernos a acompañar humana y cristianamente a nuestros hermanos que
sufren a causa del VIH.
b)
Comprometernos a evitar el señalamiento y la culpabilización de las de las personas
que hoy viven con VIH o han muerto a causa del sida.
c) Nos
comprometemos a apoyar e impulsar las organizaciones basadas en la fe comprometidas
en la respuesta al VIH y los centros de atención a enfermos de sida que el
Espíritu Santo ha suscitado en el seno de algunas de nuestras Iglesias Particulares.
d)
Comprometernos a mantenernos informados y actualizados, para hablar con información
científica sobre el VIH y el sida.
e)
Comprometernos a luchar en contra de la promoción y sostenimiento de mentiras,
distorsiones y mitos en torno a la epidemia, la enfermedad, sus formas de
contagio y su prevención.
f)
Comprometernos a no cerrar las puertas de nuestros centros de oración, comunidades
de fe, albergues, escuelas, centros comunitarios, iglesias, hospitales, etc., a personas afectadas por el VIH,
g) Comprometernos
a no discriminar, maltratar ni abusar de las condiciones de vulnerabilidad
emocional y social en que se encuentran las personas afectadas por el sida.
h)
Comprometernos a respetar la condición moral de las personas, respetando sus opciones,
acompañándoles con caridad en los momentos críticos de sufrimiento y muerte.
i)
Comprometernos a denunciar públicamente a las empresas, grupos, comunidades e
individuos que actúen con dolo, mala fe, abuso de autoridad, y en contra de los
derechos de las personas afectadas por el VIH.
j)
Comprometernos a establecer un diálogo abierto, permanente y respetuoso con autoridades
científicas, políticas, educativas, culturales, de salud, y religiosas, para
unir esfuerzos en la prevención del VIH y en la búsqueda de elevar la calidad de
vida de las personas que viven con VIH.
k)
Comprometernos a participar activamente con otros actores sociales (de salud y de
educación principalmente) y desde la fe, en los programas y campañas de prevención
del VIH, especialmente en aquellos dirigidos a comunidades en condiciones de
vulnerabilidad social, como los indígenas, las mujeres, los recluidos, los
jóvenes, los excluidos del sistema educativo y del sistema de salud, los
campesinos, los migrantes y sus familias, los niños y jóvenes en condiciones de
calle.
l)
Comprometernos a integrar en los contenidos de la evangelización y catequesis una
educación sexual integral, que forme a los niños, adolescentes y jóvenes católicos
en una comprensión del cuerpo y de la sexualidad conforme a su fe. Recordemos
que: “es esencial que la formación de la juventud sea integral, continua,
y pedagógicamente adecuada, para que la cultura religiosa y la formación
del sentido moral vayan a la par con el conocimiento científico y con el incesante
progreso de la técnica”.
[55]
CONCLUSIÓN
55. Que el
Señor Jesús nos acompañe en este camino de búsquedas, de encuentros, de solidaridades.
Que sepamos ser prójimos con nuestros hermanos y hermanas con VIH y sida.
Solamente la unidad, el diálogo y la esperanza nos permitirán generar las más
efectivas y humanas acciones frente a este flagelo de nuestros tiempos. Que
Jesús, el buen Samaritano, nos inspire y nos acompañe en esta tarea que El mismo
nos confía.
México, D.F.,
2 de agosto de 2008
Los Obispos
de
+ Gustavo Rodríguez Vega Obispo Auxiliar de Monterrey
Presidente de
+ Domingo Díaz Martínez Arzobispo de Tulancingo
Responsable de la dimensión Pastoral Penitenciaria
+ Luis Artemio Flores Calzada Obispo de Valle de Chalco
Responsable de la dimensión Pastoral Social‐Caritas
+ Felipe Arizmendi Esquivel Obispo de San Cristóbal de las Casas
Responsable de la dimensión Pastoral Indígena
+ Miguel Angel Alba Díaz Obispo de
Responsable de la dimensión Justicia, Paz y Reconciliación
+ Rafael Romo Muñoz Arzobispo de Tijuana
Responsable de la dimensión Pastoral de
+ Abelardo Alvarado Alcántara Obispo Auxiliar de México
Responsable de la dimensión Fe y Política
+ Rafael Martínez Sainz Obispo Auxiliar de Guadalajara
Responsable de la dimensión Pastoral de
+ Carlos Garfias Merlos Obispo de Cd. Netzahualcóyotl
Responsable
de la dimensión Pastoral del Trabajo
Pbro. Armando Flores Navarro
Secretario Ejecutivo de
COMISIÓN EPISCOPAL PARA
Tintoreto
#104 Col. Cd. de los Deportes
Del.
Benito Juárez México D.F. C.P. 03710
Tel.
(55) 55631604 ‐ (55) 55636543 Fax. (55) 55633968
direccion@ceps‐caritasmexico.org
www.ceps‐caritasmexico.org
[1]
Cf. Juan Pablo II, Carta
apostólica Novo millenio ineunte, No. 50
[2]
V Conferencia del Episcopado
Latinoamericano, Aparecida, Documento conclusivo, No. 10
[3]
Cf. Comisión Episcopal para
[4]
Cf. V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Aparecida,
Documento conclusivo, No.11
[5]
Cf. Ibíd., Nos. 247, 251, 257.
[6]
Cf. Comisión Episcopal para
[7]
Cf. Misal Romano, Prefacio común VIII
[8]
Cf. Comisión Episcopal para
[9]
Ibíd., No. 197
[10]
1Cf. Ibíd., No. 198
[11]
Benedicto XVI, Discurso Inaugural a
[12]
Cf. Ibíd., No. 65
[13]
Cf. Ibíd., No. 146
[14]
Benedicto XVI, Discurso Inaugural a
[15]
Cf. V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Aparecida,
Documento conclusivo, No. 353
[16]
Cf. Ibíd., No. 383
[17]
Ibíd., No. 104
[18]
Cf. Ibíd., Nos. 390 y 399
[19]
Cf. Ibíd., No. 387
[20]
Ibíd., No. 389
[21]
Cf. Ibíd., No. 391
[22]
Cf. Ibíd., No. 65, 393 y 402
[23]
Ibíd., No. 390
[24]
Cf. Ibíd., No. 384
[25]
Cf. Ibíd., No. 385
[26]
Cf. Ibíd., No. 26
[27]
Cf. Ibíd., No. 510
[28]
Cf. Ibíd., No. 556
[29]
Cf. Pablo VI, Exhortación apostólica Evangelii
nuntiandi, No. 14
[30]
30 Cf. Comisión Episcopal para
[31]
Benedicto
XVI, Carta encíclica Deus Caritas est, No. 25
[32]
32 V Conferencia General del
Episcopado Latino-americano, Aparecida, Documento conclusivo, No. 247
[33]
Ibíd.,
No. 250
[34]
Cf. Juan Pablo II, Carta apostólica Novo millenio ineunte No. 50
[35]
V Conferencia General del Episcopado
Latinoamericano, Aparecida, Documento conclusivo, No. 257
[36]
Cf. Juan Pablo II, Carta apostólica Novo millenio
ineunte No. 49
[37]
Cf. Juan Pablo
II, Exhortación apostólica Ecclesia in America, No. 58
[38]
Cf Comisión Episcopal para
[39]
Cf. Ibíd., Nos. 433-438
[40]
Cf. Ibíd., Nos 439-443
[41]
Cf. Ibíd., No. 444
[42]
Cf. Ibíd., Nos 454-455
[43]
Cf. Ibíd., Nos. 456-463
[44]
Benedicto XVI, Carta encíclica Deus Caritas est, No. 22
[45]
V Conferencia General del
Episcopado Latinoamericano, Aparecida, Documento conclusivo, No. 394
[46]
Benedicto
XVI, Carta encíclica Deus Caritas est, No. 28b
[47]
Pontificio Consejo de Pastoral de
[48]
Cf. Benedicto XVI,
Carta encíclica Deus Caritas est, No. 25
[49]
Benedicto XVI, Discurso Inaugural a
[50]
V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Aparecida, Documento conclusivo, No. 395
[51]
Cf. Benedicto XVI, Carta encíclica Deus Caritas est, No. 28ª
[52]
Cf.
Concilio Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et spes, No. 36
[53]
Cf Benedicto XVI, Carta encíclica Deus Caritas est,
No. 29
[54]
Cf. V Conferencia General del Episcopado
Latinoamericano, Aparecida, Documento conclusivo, No. 421
[55]
Juan XXIII, Carta
Encíclica Pacem in Terris No. 153
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