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Declaración de Buenos Aires.
Al cumplirse diez años del documento de la Federación Luterana Mundial titulado “El Trabajo Pastoral con Relación al SIDA” , por el cual damos gracias a Dios por habernos iluminado en nuestra comprensión del Evangelio, y porque sentimos cada vez más la necesidad de ponerlo en práctica en nuestro contexto, es que nos hemos reunido en la Casa de Nazaret en la Ciudad de Buenos Aires, entre los días 13 a 15 de abril de 1998 para dialogar, intercambiar experiencias y soñar juntos un mundo más solidario y justo. Somos llamados a comprometernos con esta acción pastoral que nace a partir del reconocimiento de que se ha confundido, muchas veces, un diagnóstico médico con un juicio moral que afecta la dignidad de muchos hermanos y hermanas. Nos mueve el sufrimiento en que viven las personas exiliadas de la red solidaria, tanto familiar como social, y somos llamados a ser facilitadores de la reconstrucción de esas redes. Tomamos en serio la significación profunda de la palabra “epidemia” (epi=sobre, demos=pueblo) que nos revela que es una crisis instalada en medio de toda la sociedad y de todas las iglesias. Queremos construir juntos una acción pastoral que no sea paternalista, asistencial, moralista, oportunista ni que sea dominada por expertos. Buscamos crear una pastoral participativa y abierta al diálogo con las diversas categorías de personas, involucrando a los destinatarios en la planificación, desarrollo y evaluación de esa acción. Buscamos una pastoral que promueva el desarrollo del potencial de recursos de cada persona. Queremos una pastoral que promueva una lectura no fundamentalista ni fragmentada de las Escrituras sino que descubra la línea liberadora de la historia de la salvación. Esta pastoral quiere ser ,en medio de esta epidemia, un signo de la hospitalidad que tiene que vivir la iglesia para que todos y todas se sientan acogidos/as en el amor del Dios que nos ama como un padre y una madre. Queremos edificar una pastoral centrada en las personas y sus historias y no en el virus , esquemas médicos y rótulos . Esta pastoral es reflejo del mandato evangélico . El discipulado nos conduce allí donde nadie quiere ir y junto a quien nadie quiere estar . Esta opción nos lleva a una identificación con todos aquellos y aquellas que son exiliados/as de la fiesta de la vida y de la comunión a la cual todos estamos invitados (Mt. 28 :19-20 y Mc.16 :15-16) . Esta es una pastoral que busca imitar al padre del hijo pródigo que sale sin condicionamiento al encuentro de aquel y aquella cuya dignidad se encuentra herida y lo reconstituye a su condición de ser humano libre , y también invita al otro hermano a participar de la fiesta del reencuentro (Lc.15 :11-31). Cristo continua hoy llamando a la conversión a través de los excluidos : el samaritano, nos muestra la solidaridad (Lc.10 :25-37); la viuda, la generosidad (Lc.21:1-4); la mujer cananea, la constancia de la fe frente a los prejuicios de pertenencia (Mt.15:21-28) ; y las personas en situación de prostitución , y los publicanos nos muestran el camino del reino (Lc.18 :14). Esta pastoral desea contribuir en la reintegración al espacio que les es propio a aquellos y aquellas que fueron exiliados a causa de nuestros juicios, y que les pertenece por derecho evangélico : “Vengan a mí” (Mt.11:28) . Sabemos que el precio de esta identificación con los/las estigmatizados de nuestra sociedad y de nuestras iglesias es siempre muy caro , y en fidelidad al evangelio no lo podemos evitar . Este precio debe ser pagado por todos los fieles y no solamente por los involucrados directos ; porque deseamos que esta pastoral sea provisoria en la espera de que toda la comunidad cristiana la pueda asumir en un futuro próximo . POLITICAS GUBERNAMENTALES Nosotros observamos que hay una falta de educación, información, orientación y concientización frente al VIH-SIDA y temas relacionados, en toda la población . Nosotros observamos que en las políticas gubernamentales no se escuchan las voces de la población que vive con el VIH-SIDA , y no se brinda la atención adecuada respecto a la dignidad de la persona . Existe, en cambio , una precariedad de los servicios de salud , en especial en las zonas marginales y rurales. Nosotros exigimos a nuestros representantes en el gobierno , que se desarrollen programas conjuntos de prevención del VIH-SIDA con la participación de las organizaciones de la sociedad civil que están trabajando en el tema y la población que vive con el VIH-SIDA, para que esta participación permita la toma de decisiones consensuadas. Nosotros exigimos que la atención no sea discriminatoria , sino que respete las necesidades individuales ofreciendo todos los recursos necesarios y actualizados , que incluya exámenes, medicamentos y hospitalización .
Nosotros exigimos que se aumente el presupuesto estatal en educación y salud , para enfrentar el VIH-SIDA, reduciéndose el gasto de armamento , porque queremos recursos para la vida y no para la muerte . Nosotros exigimos que se desarrolle una descentralización de los recursos necesarios y actualizados para enfrentar el avance del SIDA a todo nivel , en especial en aquellas zonas más pobres. Nosotros como Iglesia nos comprometemos a velar, como voz profética, para que los gobiernos que han firmado cumplan con el acuerdo de la “Cumbre de París” del 1° de diciembre de 1994. (Anexo N° 1) y que los gobiernos de los países de América Latina y el Caribe, que no lo han firmado, se adhieran al mismo. DERECHOS HUMANOS. Nosotros observamos que nuestras leyes son generales y aunque dan por sentado los derechos universales , es necesario revisar su especificidad en torno al VIH-SIDA que nos preocupa . Nosotros observamos que los organismos de derechos humanos, en la práctica, no han asumido el problema del SIDA como un problema propio y que les concierne en su concepto más amplio. Nosotros observamos que nuestras iglesias siguen viviendo en el silencio y la no participación en la problemática del SIDA . Nosotros observamos que los análisis de sangre son un medio de discriminación en desmedro de todos aquellos/as que tienen el derecho a la confidencialidad, al respeto de su dignidad , al trabajo, a la salud , a la vivienda y todos los otros derechos humanos y civiles. Nosotros exigimos leyes específicas que protejan los derechos de las personas viviendo con VIH-SIDA y en los países donde ya existe esa legislación, que se difunda y aplique. Nosotros exigimos que los organismos de derechos humanos y las iglesias asuman el rol que les corresponde con esta crisis planteada por la epidemia del SIDA. Nosotros exigimos que todos los exámenes clínicos destinados a determinar la presencia del VIH, sea voluntario, gratuito y confidencial , y que no se utilice como requisito para optar a un trabajo o en otras situaciones que puedan crear discriminación o exclusión. Nosotros como iglesia nos comprometemos a integrar a las personas que viven con el VIH-SIDA en nuestras comunidades, defendiendo sus derechos y salvaguardando la confidencialidad de su condición . Nosotros esperamos que nuestras Iglesias experimenten una conversión frente a la problemática del SIDA como un desafío permanente del Evangelio. Pobreza Nosotros observamos que desde el inicio de la epidemia del VIH-SIDA en el mundo los casos se concentran en continentes y paises pobres y un grave desequilibrio en la disponibilidad de recursos. El modelo neoliberal ha profundizado la desigualdad social aumentando las grandes diferencias entre ricos y pobres , exponiendo a las grandes mayorías a una mayor vulnerabilidad social frente a la transmisión del VIH-SIDA . Nosotros constatamos que se necesitan enfoques más globales para enfrentar el VIH- SIDA, y que se considere esta situación de exclusión :“La lucha contra el SIDA es la lucha contra la pobreza , el analfabetismo, la prostitución, la drogadicción y todas las formas de desigualdad social” (F.L.M. 1988). Nosotros exigimos que se bajen los costos de los medicamentos y tratamientos relacionados con el VIH-SIDA , y que la política gubernamental tenga como uno de sus objetivos evitar el lucrar con el dolor en el cual incurren, muchas veces, los grandes laboratorios. Nosotros pedimos que se desarrolle y se fomente la medicina alternativa y tratamientos que han probado su efectividad para que sean accesibles a la población mayoritariamente pobre, e incentivar su investigación . Nosotros como iglesia nos comprometemos a responder al llamado del Evangelio , de ser una comunidad inclusiva en la práctica , y a denunciar el sistema de exclusión imperante que afecta a las personas que viven con el VIH-SIDA. Levantamos nuestra voz ante tales situaciones ya que al callarnos nos hacemos cómplices de esas injusticias. Como Iglesia debemos hacer valer nuestra opción por los más pobres . DROGADEPENDENCIA. Nosotros observamos el creciente aumento de casos de VIH-SIDA por el compartir jeringas , situación que está estrechamente ligada a las condiciones de vida de las personas, y observamos con preocupación como la sociedad responde a esta problemática con enfoques policiales y represivos . Nosotros exigimos frente a este problema social respuestas sociales que incluyan programas específicos de prevención y educación y que comprendan nuevas respuestas terapéuticas . Nosotros como iglesia nos comprometemos a salir al encuentro de e integrar a las personas que viven con el VIH-SIDA a causa de las adicciones en nuestras comunidades y apoyar los procesos de rehabilitación y/o disminución del daño. INMIGRANTES/MIGRANTES Nosotros observamos un contínuo movimiento de la población por diversas situaciones desde las áreas rurales hacia las grandes ciudades o entre países. La población de migrantes es más vulnerable a la adquisición del VIH-SIDA por la ruptura de sus redes de solidaridad social. Nosotros exigimos el acceso a la atención de salud y trato digno e igualitario de los/las migrantes que están viviendo con VIH-SIDA. Condenamos el uso con fines discriminatorios de cualquier análisis médico que impida el libre desplazamiento, residencia y/o documentación de las personas que viven con el VIH-SIDA. Nosotros, como iglesia nos comprometemos a estrechar lazos de solidaridad y fraternidad entre nuestros pueblos , evitando actitudes de racismo y discriminación, así como dando la bienvenida y acogida a los migrantes y sus familias. CARCELES Nosotros observamos con profunda preocupación la situación de las personas privadas de libertad que sufren graves atropellos en sus derechos humanos y su dignidad. El VIH-SIDA agrava esta situación. Nosotros exigimos que se realicen programas que estimulen la prevención VIH-SIDA y aseguren la asistencia médica adecuada a las personas afectadas. Nosotros como iglesia nos comprometemos a promover la humanización del sistema penitenciario y hacerlo un verdadero espacio de rehabilitación e integración a la sociedad civil y considerarlo seriamente como un ministerio reconocido la Pastoral Penitenciaria. EDUCACION Nosotros observamos aún hoy una falta alarmante de adecuada información y la ausencia de programas educativos efectivos sobre VIH-SIDA, que comprendan a la población en general y a los grupos específicos. Nosotros exigimos un modelo educativo en prevención del VIH-SIDA, que supere enfoques individualistas y que se pase a enfoques que den mayor poder a las comunidades, con carácter participativo. Exigimos materiales educativos en prevención de VIH-SIDA de fácil acceso y comprensión, eficaces entre las poblaciones más vulnerables. Exigimos estrategias participativas de capacitación entre pares de las poblaciones más vulnerables, incluyendo los sectores más pobres, rurales y población indígena. Nosotros como iglesia nos comprometemos a implementar programas educativos en prevención del VIH-SIDA entregando información clara y precisa, incluyendo todas las formas de prevención, trabajando estrechamente con organismos no gubernamentales, grupos de personas afectadas directamente y gobiernos. MEDIOS DE COMUNICACION. Nosotros observamos con preocupación el enfoque con que muchos de los medios de comunicación tratan el problema de VIH-SIDA y a las personas que viven con el VIH-SIDA, de carácter, muchas veces, sensacionalista y morboso. Nosotros exigimos que los medios de comunicación entreguen información clara y precisa sobre la epidemia, así como de los recursos existentes, utilizando un lenguaje no discriminatorio y respetando el derecho a la privacidad de las personas y familias afectadas. Nosotros como iglesia nos comprometemos a levantar nuestra voz y hacernos visible en los medios de comunicación para que la población conozca nuestra opinión, que refleja un enfoque inclusivo y liberador frente al VIH-SIDA, contribuyendo a construir una sociedad más justa y solidaria. MUJER. Nosotros observamos que la mujer en América Latina y el Caribe, no tiene voz ni poder para negociar medidas de prevención en sus relaciones sexuales que la protejan del VIH-SIDA. También observamos que sigue siendo contenedora de la familia y muchas veces el único sostén económico. Vemos una mayor feminización de la pobreza, del sufrimiento y desvalorización de su persona. Es la más vulnerable al contagio del VIH-SIDA por su falta de adecuada educación y por su situación de extrema marginación económica y social. Nosotros como iglesia, cuando buscamos la verdad de Dios a través de métodos teológicos, es imprescindible que utilicemos la lectura de género, dando el lugar que le corresponde a la mujer y rescatando su dignidad. La lectura de la vida desde el ser mujer ayuda a comprender y salir al encuentro de otras diversas identidades y facilitar la prevención del VIH-SIDA. Dentro del sistema imperante de globalización, destacamos el aporte muy especial e importante de su presencia en todas las estructuras sociales y eclesiásticas. Nosotros como iglesia proponemos la participación independiente y autónoma de toda mujer en la educación y formación continuada para que ella sea defensora de la vida, de la integridad de la creación, de la justicia y partícipe plena en la sociedad y la iglesia.(ver Anexo 1 “Cumbre de París”). MINORIAS SEXUALES. Nosotros exigimos que toda minoría sexual sea tratada con justicia, reconociendo sus derechos y obligaciones como todo ciudadano y ciudadana, no marginar por orientación sexual, identidad o estilos de vida. La dignidad de todo ser humano habla más fuerte que los rótulos que socialmente se imponen sobre los grupos minoritarios. Nosotros como iglesia nos comprometemos a que nuestros miembros sean educados de manera tal que estén preparados para acoger respetuosamente la diversidad de identidades y culturas. Nosotros, como iglesia nos comprometemos a salir al encuentro del clamor de sus necesidades y abrirnos como espacios incondicionales en los cuales estas minorías encuentran ámbitos de diálogo, de comunicación y de apoyo en la defensa y promoción de sus derechos, además del acompañamiento y apoyo integral. NIÑOS Y NIÑAS. Nosotros observamos violencia, abuso sexual y explotación laboral de que son objetos los niños y las niñas de América Latina y el Caribe, y que los coloca en alto riesgo de contagio del VIH-SIDA, que agrava esa situación de desamparo. También observamos el deterioro de la familia causado por problemas económicos que pone de manifiesto esta epidemia y a los cuales están sometidos los niños y niñas, y que generan la impotencia de contenerlos adecuadamente en el encuadre familiar. Nosotros como iglesia nos comprometemos a brindar espacios que protejan sus derechos e identidad, y a ser una voz firme de denuncia de todas estas realidades negativas. Nosotros como iglesia nos comprometemos a estudiar con seriedad los nuevos modelos de familia que emergen de esta situación social, económica y cultural y aportar una presencia eficaz en la búsqueda de nuevas respuestas. Nosotros como iglesia nos comprometemos a promover la inserción de los niños y niñas con VIH-SIDA y/o huérfanos de padres y/o madres fallecidos por causa del VIH-SIDA en los espacios ya existentes de solidaridad. EXPLOTACION SEXUAL. Nosotros como iglesia nos comprometemos a promover una comprensión profunda y amplia de las causas que llevan a la situación de prostitución, y que este problema social encuentre respuestas sociales y no exclusivamente moralizantes y/o policiales. Nosotros como iglesia nos comprometemos a brindar un espacio a todas las personas en situación de explotación sexual, en el cual puedan redescubrir su dignidad, derechos y deberes. Es necesario acompañar con una eficaz presencia educativa comprendiendo los códigos culturales de estas minorías, apoyando toda acción que aumente la auto-estima y promoviendo su protagonismo en el crecimiento personal y comunitario como el mejor camino de prevención del VIH-SIDA. REDES. Para poder realizar esta pastoral, somos conscientes de la necesidad de trabajar unidos/as en redes, como expresión de nuestra pertenencia a un mismo cuerpo, un mismo bautismo, una sola fe. Por eso, es que llamamos a la Conferencia de Obispos y Presidentes de las Iglesias Luteranas en América Latina y el Caribe, miembros de la Federación Luterana Mundial, que asuman este documento y motiven al Consejo Latino Americano de Iglesias (CLAI), Conferencia Episcopal Latino Americana (CELAM) y a la misma Federación a que nos ayuden a cumplir esta tarea. Buenos Aires, 15 de abril de 1998. ANEXO 1. DECLARACION CUMBRE DE PARIS SOBRE EL SIDA 1° de diciembre de 1994. Nosotros, los Jefes de Gobierno o representantes de los 42 Estados reunidos en París el 1° de diciembre de 1994 : I. Conscientes de que la pandemia de SIDA constituye, por su magnitud, una amenaza para toda la humanidad, de que su propagación afecta a todas la sociedad, de que dicha pandemia obstaculiza el desarrollo social y económico, en particular el de los países más afectados, y aumenta las disparidades tanto internas como entre los países mismos, de que la pobreza y la discriminación son factores que contribuyen a su propagación, de que el VIH-SIDA causa daños irreversibles a las familias y a las comunidades, de que la pandemia concierne a todas las personas sin distinción, pero que avanza más rápidamente entre las mujeres, los niños y los jóvenes, de que no sólo causa sufrimiento físico y moral, sino que a menudo se utiliza para justificar graves violaciones de los derechos humanos ; Conscientes asimismo de los obstáculos de todo tipo - culturales, jurídicos, económicos y políticos - que están entorpeciendo la labor de información, de prevención y de asistencia médica y social, de que las estrategias de prevención y de asistencia son indisociables y deben, por tanto formar parte integrante de un enfoque eficaz y global para combatir la pandemia, de que están surgiendo nuevas formas de solidaridad, locales, nacionales e internacionales, impulsadas, en particular, por las personas que viven con el VIH-SIDA y por distintos movimientos asociativos ; II. Afirmamos solemnemente nuestro deber, en calidad de responsables políticos, de conceder prioridad a la lucha contra el VIH-SIDA, nuestro deber de actuar con compasión y solidaridad hacia las personas infectadas o que corren el riesgo de infección, dentro de nuestras sociedades y en la comunidad internacional, nuestra determinación de velar por que todas las personas que viven con el VIH-SIDA puedan ejercer plenamente y en pie de total igualdad sus derechos y libertades fundamentales, sin distinción alguna y en toda circunstancia, nuestra determinación de luchar contra la pobreza, la exclusión y la discriminación, nuestra determinación de movilizar a toda la sociedad - los sectores públicos y privados, las asociaciones y las personas que viven con el VIH-SIDA -, en un espíritu de indispensable colaboración, nuestro aprecio y apoyo a las actividades y a la labor que realizan las organizaciones multilaterales, intergubernamentales y no gubernamentales y los distintos movimientos asociativos, cuya importante función en la lucha contra la pandemia queremos destacar, nuestra convicción de que sólo una acción mundial más vigorosa, a largo plazo y mejor coordinada, como la que va a emprender el programa conjunto y copatrocinado de las Naciones Unidas sobre el VIH-SIDA, nos permitirá contener la pandemia ; III. Nos comprometemos en nuestras políticas nacionales a : proteger y promover, mediante el entorno jurídico y social, los derechos de las personas, en particular de las que viven con el VIH-SIDA o están más expuestas a la infección, integrar plenamente a las organizaciones no gubernamentales, a los movimientos asociativos y a las personas que viven con el VIH-SIDA, en la acción emprendida por los poderes públicos, asegurar que las personas que viven con el VIH-SIDA gocen de igual protección ante la ley en lo que respecta al acceso a la atención sanitaria, al empleo, a la educación, a la libertad de circulación, a la vivienda y a la protección social, adoptar, para la prevención del VIH-SIDA, un conjunto de disposiciones prioritarias, que comprendan · la promoción y el acceso a diversos medios y métodos de prevención culturalmente aceptables, incluidos los preservativos y el tratamiento de las enfermedades de transmisión sexual, · la promoción entre los jóvenes, en particular en el medio escolar y extraescolar, de una educación apropiada para la prevención, que favorezca la igualdad entre los sexos e incluya la educación sexual. · el mejoramiento de la situación, la educación y las condiciones de vida de la mujer, · la realización, en colaboración con los interesados, de actividades específicas para reducir los riesgos entre las poblaciones más vulnerables, por ejemplo, los grupos de alto riesgo de transmisión sexual y las poblaciones migrantes, · la seguridad de las transfusiones y de los productos sanguíneos, fortalecer la atención primaria de salud como base de la prevención y de la asistencia médica e integrar en ella la lucha contra el VIH-SIDA para asegurar un acceso equitativo a esa atención, facilitar los recursos necesarios para combatir mejor la pandemia, en particular asegurando un apoyo suficiente a las personas con VIH-SIDA para asegurar un acceso equitativo a esa atención, facilitar los recursos necesarios para combatir mejor la pandemia, en particular asegurando un apoyo suficiente a las personas con VIH-SIDA, a las organizaciones no gubernamentales y a los movimientos asociativos que trabajan con las poblaciones vulnerables ; IV. Estamos resueltos a acentuar la labor de cooperación internacional mediante las iniciativas y medidas que se indican a continuación. Lo haremos mediante nuestro compromiso y nuestro apoyo al desarrollo del programa conjunto y copatrocinado de las Naciones Unidas sobre el VIH-SIDA, como marco apropiado para reforzar los vínculos de asociación entre todos, las orientaciones generales y el liderazgo mundial en la lucha contra el VIH-SIDA. Cada iniciativa debería definirse y desarrollarse más adelante, en el contexto del mencionado programa y de otras instancias apropiadas : 1. Apoyar una mayor participación de las personas que viven con el VIH-SIDA mediante una iniciativa tendiente a fortalecer la capacidad y la coordinación de las redes formadas por esas personas y por los movimientos asociativos. Permitiendo su plena y total participación en nuestra respuesta común a la pandemia, en todos los niveles - nacional, regional y mundial -, esta iniciativa tratará en particular de estimular la creación de un entorno político, jurídico y social propicio para la lucha contra el SIDA. 2. Promover la cooperación internacional en las investigaciones sobre el VIH-SIDA, apoyando el establecimiento de lazos de colaboración nacional e internacional entre los sectores público y privado, a fin de acelerar el desarrollo de técnicas de prevención y tratamiento, inclusive las vacunas y los microbicidas, y de prever las medidas necesarias para asegurar el acceso de los países en desarrollo a esos productos. Esa cooperación debería incluir también el desarrollo de investigaciones sociales y comportamentales. 3. Fortalecer la colaboración internacional respecto de la seguridad de las transfusiones, con miras a coordinar la información técnica, elaborar normas sobre prácticas adecuadas para todos los productos sanguíneos e impulsar el establecimiento de acuerdos de desarrollo para aplicar medidas que garanticen la seguridad de las transfusiones en todos los países. 4. Estimular una iniciativa de asistencia y solidaridad, a fin de reforzar la capacidad de los países, especialmente de los más necesitados, para asegurar el acceso a un conjunto de medidas de asistencia médica y social, a los medicamentos esenciales y a los métodos de prevención existentes. 5. Movilizar a las organizaciones locales, nacionales e internacionales que en el marco de sus actividades se ocupan de los niños y los jóvenes, incluidos los huérfanos, expuestos al riesgo de infección o afectados por el VIH-SIDA, a fin de estimular la creación de lazos de asociación mundiales que permitan reducir el impacto de la pandemia en los niños y jóvenes de todo el mundo. 6. Apoyar iniciativas para reducir la vulnerabilidad de la mujer al VIH-SIDA, alentando los esfuerzos nacionales e internacionales encaminados a dar mayor poder a la mujer : mejorando su condición jurídica y social y eliminando los obstáculos sociales, económicos y culturales ; favoreciendo su participación en todos los procesos de adopción y aplicación de las medidas que les conciernen ; estableciendo la coordinación necesaria y reforzando las redes que promueven los derechos de la mujer. 7. Fortalecer los mecanismos nacionales e internacionales que se ocupan de los derechos humanos y de la ética en materia de VIH-SIDA, incluido el recurso a un consejo consultivo y a las redes nacionales y regionales para ofrecer asesoramiento , recomendaciones y orientaciones útiles, a fin de asegurar que los principios de no discriminación y de respeto de la ética y de los derechos humanos sean parte integrante de todas las actividades de lucha contra la pandemia. Instamos a todos los países y a la comunidad internacional a que proporcionen los recursos necesarios para las medidas e iniciativas aquí expuestas. Hacemos un llamamiento a todos los países, al futuro programa conjunto y copatrocinado de las Naciones Unidas sobre el VIH-SIDA y a las seis organizaciones y programas que lo integran para que adopten todas las medidas posibles a fin de llevar a efecto la presente Declaración en coordinación con los programas de ayuda multilateral y bilateral y las organizaciones intergubernamentales y no gubernamentales. París, 1° de diciembre de 1994.
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