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Consejo Mundial de Iglesias 26 - 29 de Junio de 1986, Ginebra Preámbulo El Consejo Mundial de Iglesias, en medio de la tempestad que significa la crisis del SIDA, le solicitó a 18 personas provenientes de tres continentes que se reuniesen y que sugiriesen maneras en las que las iglesias en todo el mundo pudiesen responder con una sola voz. Durante cuatro días hablamos y nos esforzamos, aprendiendo a amar y a respetarnos los/as unos/as a los/as otros/as, y a confiar en el Espíritu Santo para nuestro trabajo en común. Sentimos la responsabilidad de pronunciar palabras de consuelo y de esperanza, de señalar los temas éticos y de desafiar a las iglesias a que asuman un accionar común. Sentimos la necesidad de confesar que · las iglesias como instituciones han sido lentas en hablar y en actuar; · muchos/as cristianos/as fueron rápidos en juzgar y en condenar a mucha gente que ha contraído la enfermedad; · a través de su silencio, muchas iglesias comparten la responsabilidad del temor que se ha esparcido por el mundo m s rápidamente que el virus mismo. También sentimos la necesidad de afirmar y de sostener a toda la comunidad médica y científica en sus esfuerzos por combatir la enfermedad. Fuimos guiados a afirmar que Dios conduce en amor y misericordia. Estamos agradecidos por ende, por haber sido liberados de una simplista moralización acerca de las personas que son afectadas por el virus. Información Médica General La velocidad con que se extiende el SIDA y su alto índice de letalidad son aterradores. El SIDA es una infección viral aparecida recientemente, cuyo virus se ha identificado sólo hace cinco años. Según informes de la Organización Mundial de la Salud, el SIDA est presente en todos los continentes y pueden contraerlo los hombres, las mujeres y los niños, sea cual sea su condición socioeconómica, su educación, su cultura o su religión. El número de personas que tienen la enfermedad aumenta en progresión geométrica, duplicándose cada 10-14 meses. En este momento, hay en el mundo unas 30.000 personas enfermas de SIDA (24.000 en los EE.UU, 2.500 en Europa y 1.000 casos registrados en Africa). Probablemente estas cifras sean inferiores a la realidad, ya que muchos países todavía no han podido dar una información completa. Se desconoce el número de personas infectadas por el virus, que no presentan sintamos clínicos de la enfermedad (es decir, los "portadores") pero es probable que sea del orden de varios millones. Al parecer, un gran número de personas contraen la infección cada año. La tasa de infección puede variar mucho de un lugar del mundo a otro. En Africa, la enfermedad afecta principalmente a la población heterosexual; en Europa, América del Norte y Oceanía, afecta esencialmente a las personas de orientación homosexual (varones) y a los/as drogadictos/as que se inyectan por vía intravenosa. La tasa de letalidad es muy alta, alcanzando el 75% un año después de diagnosticado y el 100% tres años después. No se ha encontrado ningún tratamiento eficaz y la esperanza de descubrir una vacuna es muy incierta. Hasta ahora sólo las medidas preventivas pueden ayudar a frenar la epidemia. Fundamentos Teológicos En los misterios de la vida y la muerte encontramos a Dios; este encuentro nos llama a una mayor confianza, esperanza y reverencia antes que a la parálisis e inmovilismo. A aquellos a quienes no podemos curar, podemos apoyar y sostener en solidaridad: "Tuve hambre... tuve sed... fui forastero... estuve desnudo... enfermo... en la cárcel, y me dieron de comer... me cubrieron... me recogieron... me visitaron." (Mateo 25). La crisis del SIDA nos desafía profundamente a que seamos Iglesia en obras y en verdad: a que seamos Iglesia como comunidad de sanación. El SIDA es desgarrador y desafía a las iglesias a desgarrar sus propios corazones, y a que se arrepientan de la inactividad y de rígidos moralismo. Desafía nuestros miedos y nuestras exclusiones y prueba si los/las cristianos/as son fieles a las enseñanzas de Cristo. La comunidad de sanación necesitar ella misma ser curada por el perdón de Cristo. La Buena Noticia de Cristo es que no hay extraños o marginados. En la muerte/resurrección de Jesús, todas las murallas de separación y división han sido derribadas. En Jesucristo, somos incondicionalmente uno. Para el/la cristiano/a, la exclusión no es una opción. De ahí que instamos a las iglesias a que asuman: 1 - El Cuidado pastoral El pueblo de Dios puede llegar a ser la familia que abraza y sostiene a quienes están enfermos de SIDA, o de una dolencia relacionada con el SIDA, y que cuida del hermano, de la hermana o del niño sin ninguna clase de barreras, exclusiones, hostilidad o rechazo. La Consulta escuchó testimonios elocuentes con respecto a esta posibilidad, tanto de la tradicional familia africana como de comunidades de servicio en Norteamérica y Europa. Necesitamos aprender a ser familia, donde todos se sientan bienvenidos al hogar para ser alimentados y sostenidos hasta la muerte. La muerte es un misterio. Necesitamos reconocer nuestra impotencia y no negarla. Esto tiene particular significación cuando compartimos la experiencia del ministerio con personas enfermas de SIDA y cuando estas personas, a su vez, nos ofrecen también su ministerio, a medida que crecemos con ellas en nuestra cristiana comprensión de la muerte a la luz de la muerte y resurrección de Cristo. 2 - Educación Para la Prevención Para asegurar una buena calidad de información sobre la enfermedad, invitamos a las iglesias a participar activamente junto con los profesionales de la salud, los gobiernos locales, allí donde sea posible, y con los organismos comunitarios locales en programas de educación para la prevención. Invitamos a las iglesias a que hagan uso de los servicios de la Organización Mundial de la Salud y sus redes de recursos a nivel local. La prevención del SIDA es posible. La sociedad debe concentrar suficientes recursos en su prevención. Esto involucrar medidas que ser n adoptadas razonablemente por todos: los portadores, los enfermos, los grupos actualmente en alto riesgo y la población en general, ya que entre esta última hay muchos portadores no detectados. La prevención también requiere urgentemente que todos adoptemos formas responsables de comportamiento, incluyendo mejoras en las condiciones físicas y socioeconómicas en muchas partes del mundo. Las medidas preventivas y las nuevas formas de comportamiento deben estar dirigidas también a eliminar los diferentes factores que favorecen la transmisión del virus; es necesario, por lo tanto, que los diferentes niveles de transmisión sean descriptos dentro del contexto regional. 3 - Ministerio Social Dadas las muy variadas estimaciones que existen sobre algunas de las cuestiones relacionadas con esta enfermedad, las iglesias miembros y los consejos ecuménicos deber n situar rigurosamente su respuesta en sus propios contextos. Sin embargo, afirmamos ciertos valores comúnmente aceptados, en particular: 1 - el libre intercambio de información médica y educativa sobre la enfermedad dentro de los países y entre ellos; 2 - La libertad de seguir haciendo investigaciones sobre la enfermedad; 3 - la libre circulación de información sobre la enfermedad entre los pacientes, sus familias y seres queridos; 4 - el derecho a un cuidado médico y pastoral sin tener en cuenta la condición socioeconómica de la persona, su raza, sexo, orientación sexual o relaciones sexuales; 5 - el carácter confidencial de los expedientes médicos de las personas enfermas de SIDA, con afecciones relacionadas con el SIDA, o con anticuerpos positivos. Dado que el SIDA es una epidemia mundial, la acción concreta de las iglesias y cada cristiano/a no debe dirigirse sólo a los/as enfermos/as m s próximos de nuestro entorno sino también, mediante una colaboración real a escala mundial, a los/as desconocidos/as que se encuentran en el punto m s alejado del planeta. La Consulta también instó al Comité Ejecutivo del CMI que: 1 - comenzara un estudio sobre "la Sexualidad Humana" a la luz de los valores cristianos y de los avances científicos. Este estudio ya fue solicitado por la VI Asamblea del CMI reafirmada por la Comisión Asesora de la oficina de Educación Familiar. Este estudio deber tomar en consideración las necesidades de la educación cristiana y la necesidad de clarificar los valores inherentes a la sexualidad humana como elemento de realización humana. 2 - solicitar al CMC a que coordine futuros estudios sobre "la Salud y la Integridad" prestando especial atención a los temas teológicos, educativos y pastorales ante el sufrimiento y la muerte, a la vez que ubica a estos temas dentro del contexto general del Estudio sobre la Sexualidad. Este estudio deber incluir temas tales como el pecado, la culpa, el amor y juicio de Dios. Deber existir un enlace con la Oficina de Educación Familiar, Fe y Constitución, el Programa sobre Educación Teológica, e Iglesia y Sociedad. Lista de Participantes Dr. Courtenay Bartholomew, médico; Port of Spain, Trinidad, WI Rev. Eilert Frerich; Toronto, Canadá Sr. Kevin Gordon, teólogo, psicoterapeuta; Nueva York, USA Sra. Ria Hartman, pastora; La Haya, Holanda Sr. Bruce Hilton; Albany USA Dr. B. Kapita, médico; Kinshasa, Zaire Rev. Ch. Kessler, capellán de hospital; Boston, USA Sra.Caroline Levine; Hatings-on-Hudson,USA Sr. James McManus, teólogo; Glasgow, Escocia Prf.Allen J.Moore, teólogo; Claremont, USA Sra.Mary Thomas, Family Life Institute; Madras, India Dr. Barry P. Thompson, Hull Inglaterra Sr. Tom Tull; San Francisco, USA |
Pastoral Ecuménica y Solidaria con las Personas que Viven con VIH-SIDA.