| volver a la página anterior | |||||||||
|
“Acompañar y prevenir con dignidad” Comisión Permanente del Episcopado Argentino. Actualidad Pastoral XXIV. 1991. Nº190 Pag.222UNA GRAVE INQUIETUD PASTORAL. 1. Crece en el mundo la preocupación por la amenaza del SIDA. Aún aquí, en la Argentina. Como lo han hecho el Papa y obispos de varias naciones, también nosotros consideramos oportuno publicar este mensaje pastoral, que ha sido pensado desde el Evangelio de Cristo, donde se refleja todo el amor y la misericordia de Dios. 2. Cada día hay más información sobre esta enfermedad tan extendida. Gracias a Dios los descubrimientos científicos progresan constantemente. Pero nos aflige el dolor, la angustia y la sensación de impotencia, de tantas personas y familias. También la marginación social que muchos padecen. Queremos estar cerca de todos ellos y decir una palabra que los reconforte. 3. Por un lado, algunos esperan un descubrimiento prodigioso que supere esta enfermedad. Otros pretenden más bien señalar las culpas o transgresiones que la causan. Pero cualquiera de estas reacciones resultan incompleta, superficial, a veces injusta. ¡Que misterioso es el camino del hombre, y que limitados nos sentimos para entender lo que sucede! Pero la fe cristiana nos invita, por encima de todo a confiar en Jesucristo, que, compadecido de toda miseria humana y tan cercano a nuestros dolores (ver Mateo 8,16-17), ofrece consuelo al sufriente y al pecador (ver Marcos 1: 40-45 y 2:15-17) ASISTENCIA SOLIDARIA Y ACCION PASTORAL4. La acelerada difusión del SIDA trae consigo un doble desafío, que interpela a todos: asistir al afectado y prevenir la infección. También la Iglesia quiere asumir este desafío como propio. Nuestra primera palabra, por lo tanto, es para los mismos enfermos y portadores. No se sientan solos. La comunidad cristiana quiere acompañarlos en este difícil camino. Nuestra esperanza está puesta en el llamado del Señor “Vengan a mi todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré” (Mateo 11:28). Tampoco se encierren; acepten la ayuda ofrecida. Personal médico, voluntarios y agentes pastorales quieren acompañarlos. La oración de la Iglesia los tiene presente. 5. Comprendemos asimismo el sufrimiento de tantas familias que tienen algún miembro enfermo o portador, que a veces es apenas un niño. Les ofrecemos nuestra comprensión y apoyo, para que mantengan el afectuoso acompañamiento, que como nadie más pueden brindar. Merecen nuestro aliento los médicos, personal sanitario, investigadores y voluntarios que realizan un servicio responsable y abnegado. También los sacerdotes, religiosas y religiosos, como los agentes pastorales, que se esfuerzan por ofrece consuelo y acompañamiento desde la experiencia cristiana de fe. Ellos son la expresión viviente de la parábola del buen samaritano (ver Lucas 11:29-37). Invitamos a toda la comunidad, a multiplicar las formas de asistencia. 6. Quienes buscan dar sentido al dolor propio y ajeno, o intentan sufrir dignamente, manifiestan por eso mismo el inmenso valor de la vida humana. Y la expresión más profunda de la dignidad de quien padece, la encontramos en las palabras del Señor, que ha querido identificarse con los enfermos: “Estuve enfermo y me visitaron” (Mateo 25:36). Precisamente una de las acciones que destacar en una evangelización renovada, ha de ser la opción preferencial por los pobres, débiles y sufrientes (Líneas Para Nueva Evangelización 55). PREVENCION DIGNA DE LA PERSONA HUMANA7. Prevenir el SIDA es la otra parte del gran desafío planteado. Todos estamos amenazados, especialmente los adolescentes y jóvenes; por eso peligra el futuro de la patria y del mundo. En la tarea de prevenir son muchos los interesados. Desde nuestro oficio pastoral, queremos afirmar que la prevención debe ser no sólo realmente eficaz, sino también digna de la persona humana. Para ello es muy importante dar una información correcta y educar para la madurez que la vida exige. 8. El apremio por evitar la epidemia no justifica cualquier campaña de prevención. Está en juego el hombre, con su dignidad singular, y su futuro. La gente merece ser informada sobre la verdad completa acerca de la vida, del amor generoso y responsable, del sentido auténtico de la sexualidad. Por la educación, las personas han de ser cada vez más libres, capaces de elegir una existencia digna, superando miedos, presiones, comportamientos dañinos para sí y para la sociedad. Esto no es fácil. El Papa ha hablado al respecto de una “inmunodeficiencia en el plano de los valores existenciales”; de una verdadera “patología del espíritu” (15.11.89). Es decir, que aún cuando se reconoce la crisis de los valores fundamentales, es difícil superarla. Pero, insistimos, con las mismas palabras del Santo Padre: “Una prevención que naciese, con inspiración egoísta, de consideraciones incompatibles con los valores prioritarios de la vida y el amor, acabaría por ser, además de ilícita, contradictoria, rodeando sólo el problema sin resolverlo en su raíz”. 9. La ciencia y la experiencia orientan e impulsan la prevención. Pero, en definitiva, la principal forma de evitar el SIDA ha de ser la información y educación que prepara para vivir, con libertad y madurez, un amor fiel y responsable dentro del matrimonio; que capacitan en consecuencia para abstenerse de todo uso de la sexualidad que desdiga de esta vocación. El camino puede parecer demasiado exigente, pero así es la senda del Evangelio, que garantiza la vida en plenitud (ver Mateo 7: 13-14). Cristo nos asegura el cuidado providente de Dios (ver Mateo 6: 25-33) y nos ofrece la verdadera libertad (ver Juan 8: 31-33). Nuestra palabra de postores no puede ser diferente. AMPLIA CORRESPONSABILIDAD. 10. Queremos terminar con un llamado a la participación de todos en esta dolorosa situación. Las familias retomen entusiasmo para ser la primera escuela donde los hijos aprenden, por el diálogo y el testimonio, a ser personas responsables en la vida. Los educadores, en estrecha unión con las familias, sean guía y ejemplo para encaminar a los jóvenes hacia una auténtica cultura del amor, la solidaridad y el trabajo honesto. Los gobernantes desempeñen su importante función en el campo sanitario y social, ya sea por sí, ya promoviendo la iniciativa privada, a fin de prevenir, sanar y rehabilitar. De los responsables del poder económico, se espera apoyo que necesitan la investigación y la atención sanitaria. De los medios de comunicación, un gran respeto por la vida y los valores auténticos, sobre los cuales se apoya la sociedad. A los científicos e investigadores expresamos nuestra confianza y estímulo. A los médicos, personal de salud y voluntarios, reiteramos el reconocimiento dado, deseando que alivien siempre más a los enfermos. Los sacerdotes y consagrados dedicados al dolor y la angustia que gira en torno a esta epidemia, tienen por ello nuestra especial estima; siéntanse alentados a reflejar el amor de Cristo y de la Iglesia por los que sufren, y ocupan el último lugar. |